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Banco de España alerta sobre menor margen fiscal en América Latina ante encarecimiento energético por conflicto en Irán

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El conflicto en Irán ha desencadenado un impacto significativo en las economías de América Latina, provocando un aumento en los precios de la energía y alimentos, así como una depreciación generalizada de las monedas en países clave como México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. Este entorno ha elevado las expectativas de inflación y ha generado un endurecimiento de las condiciones financieras globales.

De acuerdo con el Banco de España, las principales economías de la región enfrentan niveles de deuda elevados, con probabilidades inferiores al 30% en Brasil y al 20% en México para estabilizar sus pasivos. Esta situación reduce considerablemente el margen fiscal disponible para absorber el impacto del aumento en los costos energéticos.

El precio del petróleo, que ha subido cerca de un 60% desde finales de febrero, se ha convertido en un factor determinante. Mientras países exportadores como Brasil y Colombia experimentan mejoras en ingresos fiscales y términos de intercambio, economías importadoras como Chile y Perú enfrentan mayores presiones inflacionarias y deterioro en sus balanzas comerciales.

En el frente fiscal, se estima que México podría obtener ingresos adicionales equivalentes al 1.4% del PIB, seguido por Chile con 1.1%, Perú con 0.5%, Colombia con 0.4% y Brasil con 0.2%. Sin embargo, estos beneficios se ven parcialmente compensados por el aumento en los costos de financiamiento y la volatilidad externa.

El contexto también ha frenado el dinamismo financiero observado en 2025, cuando la región alcanzó emisiones récord superiores a 56,000 millones de dólares. La incertidumbre geopolítica ha cambiado las expectativas del mercado, incluso anticipando posibles subidas de tasas en países como Chile y Perú.

En este escenario, los gobiernos latinoamericanos enfrentan el reto de equilibrar subsidios, estabilidad fiscal y control inflacionario, en un entorno donde la volatilidad energética global redefine las perspectivas económicas de la región.

Jesús Sáenz asume la presidencia de la ANIQ en un momento decisivo para la industria química

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La Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) anunció la llegada de Jesús Sáenz a la presidencia del organismo, marcando el inicio de una nueva etapa tras la gestión de José Carlos Pons. El relevo ocurre en un contexto relevante para el sector, donde la evolución del comercio global, los cambios regulatorios y la presión competitiva están redefiniendo el rumbo de la industria.

Sáenz cuenta con una sólida formación financiera y actualmente encabeza Quimobásicos, empresa desde la cual ha impulsado estrategias enfocadas en la eficiencia operativa y la continuidad en el suministro de insumos clave. Su perfil combina experiencia técnica y visión estratégica, cualidades que serán determinantes en su nuevo rol.

A lo largo de más de tres décadas de trayectoria profesional, ha ocupado posiciones de alta dirección en empresas multinacionales con presencia en Europa, África y América Latina. Durante su paso por Cemex, desempeñó funciones relevantes tanto en la gestión de operaciones internacionales como en áreas vinculadas a la planeación corporativa y el desarrollo de negocios.

La designación de Sáenz se produce en una coyuntura en la que la industria química busca fortalecer su posicionamiento, adaptarse a nuevas dinámicas globales y consolidar su papel como sector estratégico para el desarrollo económico. Su liderazgo será clave para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que se presentan en el entorno actual.

Ignacio Sánchez Galán ajusta previsiones de Iberdrola tras resultados mixtos en el primer trimestre de 2026

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Iberdrola reportó un beneficio neto de 1,711.3 millones de euros en el primer trimestre de 2026, lo que representa una caída del 14.6% frente a los 2,004.3 millones registrados en el mismo periodo del año anterior. No obstante, al considerar ajustes extraordinarios, el beneficio neto ajustado creció un 11.4% hasta los 1,865 millones de euros, superando las expectativas operativas.

El resultado bruto de explotación (Ebitda) se situó en 4,067.1 millones de euros, con una disminución del 9.7%, aunque en términos ajustados aumentó un 2.4%. El negocio de redes fue el principal impulsor, con un crecimiento del 8.6% hasta los 2,047.5 millones de euros, apoyado por una expansión del 8% en la base de activos regulados, que ya alcanza cerca de 53,000 millones de euros.

Por su parte, el área de generación renovable y clientes registró una caída del 3.2% hasta los 2,022.3 millones de euros, afectada por mayores costos en Iberia, a pesar del fuerte crecimiento en producción en Reino Unido (+41%) y Europa continental (+26%).

Los ingresos totales del grupo ascendieron a 12,017.6 millones de euros, con una disminución del 4.5%. En paralelo, la compañía mantiene un sólido ritmo inversor, con 2,698.5 millones de euros en el trimestre y más de 14,500 millones en los últimos doce meses, destinando más del 50% a Reino Unido y Estados Unidos.

En términos de capacidad, Iberdrola incorporó 3,300 MW en el último año, principalmente en energía eólica terrestre y marina. Además, cuenta con el 100% de su producción asegurada para 2026, más del 80% para 2027 y el 75% para 2028, lo que limita su exposición a la volatilidad del mercado energético.

La deuda neta ajustada se sitúa en 50,300 millones de euros, mientras que la liquidez alcanza los 21,400 millones, manteniendo una sólida posición financiera con calificación BBB+.

De cara al futuro, la compañía prevé un crecimiento superior al 8% en su beneficio neto ajustado para 2026, impulsado por la electrificación, el desarrollo de redes y la integración de inteligencia artificial, con más de 300 proyectos en marcha.

Estos resultados reflejan una estrategia centrada en activos regulados y mercados estables, reforzando la resiliencia del grupo en un entorno energético global marcado por la incertidumbre geopolítica.

Donald Trump analiza con Chevron medidas ante posible bloqueo prolongado a Irán y presión en mercados energéticos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con altos ejecutivos del sector energético, incluyendo al CEO de Chevron, Mike Wirth, para evaluar posibles acciones frente a un escenario en el que el bloqueo a los puertos iraníes pueda extenderse durante varios meses.

El encuentro se produce en un contexto de creciente volatilidad en los mercados energéticos internacionales, impulsada por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, así como por los riesgos en rutas estratégicas de suministro.

Durante la reunión se discutieron aspectos clave como la producción petrolera estadounidense, la evolución de los futuros del crudo, el transporte marítimo y el suministro de gas natural, todos ellos factores determinantes para la estabilidad de los precios energéticos.

Además, participaron altos funcionarios de la administración, entre ellos el vicepresidente JD Vance, el secretario del Tesoro Scott Bessent, la jefa de gabinete Susie Wiles y el asesor Jared Kushner, lo que refleja la relevancia del tema en la estrategia económica y política del gobierno.

Como parte de las medidas adoptadas, la administración ha extendido por 90 días una exención a la Ley Jones, permitiendo que buques de bandera extranjera transporten productos petroleros y fertilizantes entre puertos estadounidenses, con el objetivo de aliviar presiones logísticas y de costos.

Asimismo, se ha invocado la Ley de Producción de Defensa para impulsar la producción energética nacional mediante acciones coordinadas entre el Departamento de Energía y el Pentágono, buscando reducir el impacto de los precios en los consumidores.

El gobierno también considera nuevas medidas regulatorias, como la flexibilización de normas ambientales en refinerías, en un intento por incrementar la capacidad de procesamiento y contener el alza de los combustibles.

En este contexto, la administración mantiene un diálogo constante con la industria energética para anticipar escenarios y mitigar riesgos en un mercado altamente sensible a factores geopolíticos, especialmente ante la posibilidad de un bloqueo prolongado a Irán.

SLB lanza AlphaSight para mejorar la perforación con visibilidad en tiempo real y mayor precisión en yacimientos

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La empresa global de tecnología energética SLB presentó AlphaSight, una solución avanzada de mapeo de yacimientos que busca mejorar la visibilidad del subsuelo y optimizar el desempeño en operaciones de perforación.

AlphaSight permite a los operadores acceder a información en tiempo real a mayores profundidades, facilitando una mejor comprensión de las estructuras del reservorio sin afectar la velocidad de perforación. Esto contribuye a una colocación más precisa de los pozos y a un mayor contacto con el yacimiento, incrementando la eficiencia operativa.

Según Cecilia Prieto, presidenta de Well Construction, esta tecnología marca un cambio relevante en la geonavegación, al ofrecer capacidades avanzadas de resolución, profundidad y análisis anticipado que permiten tomar decisiones más informadas durante la perforación.

La solución ha sido probada en campo en regiones como Medio Oriente, Mar del Norte, América del Norte y Asia, donde ha demostrado mejoras en la productividad de los activos y en los resultados de perforación en distintos entornos geológicos.

Entre sus principales características destaca la incorporación de sensores de resistividad azimutal de alta profundidad, posicionados cerca de la barrena, así como capacidades de cómputo en fondo de pozo que permiten una visualización más precisa del reservorio.

Además, AlphaSight integra un sistema de mapeo tridimensional con múltiples profundidades y capacidades de anticipación durante la perforación horizontal, lo que permite a los operadores navegar con mayor precisión sin comprometer la tasa de penetración.

Esta innovación también impulsa la transición hacia operaciones digitales y autónomas en la industria energética, al mejorar la velocidad y precisión en la toma de decisiones, optimizar el desarrollo de pozos y reducir riesgos operativos en proyectos complejos.

Janitza abre oficinas en México y proyecta duplicar su operación en menos de dos años

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La especialista alemana en monitoreo y calidad de energía abrió oficialmente este martes sus oficinas en el país, ubicadas en Santa Fe. Con más de cuatro décadas de experiencia y presencia consolidada en Estados Unidos, Reino Unido y Australia, Janitza llega para atender la creciente demanda de transparencia eléctrica de centros de datos, automotrices, farmacéuticas y hospitales, en un contexto marcado por la transición energética y los retos de la red nacional.

Por Kathya Santoyo

La firma alemana Janitza, especialista en monitoreo y calidad de energía con más de 40 años en el mercado, abrió oficialmente sus oficinas en México y suma así un nuevo punto a su mapa global, después de Alemania, Estados Unidos, Reino Unido y Australia.

La llegada de Janitza al país responde a la convergencia de tres fenómenos: la transición energética, la creciente demanda de calidad de energía en industrias sensibles y la posición de México como puente industrial entre Norteamérica y América Latina. Centros de datos, automotriz, aeroespacial, farmacéutica y hospitales concentran hoy una parte importante de las inversiones que requieren métricas precisas sobre el comportamiento de su red eléctrica para evitar pérdidas operativas y sostener su productividad.

Alejandro Cantú, CEO de Janitza México, encabezó el evento de apertura y resumió la lectura del momento. “Existen retos importantes en el tema energético, donde es sumamente importante contar con visibilidad y métricas que ayuden a las empresas a ser más eficientes, más rentables y tener transparencia sobre lo que sucede en su infraestructura”, señaló frente a clientes y socios reunidos en las nuevas instalaciones.

Cantú recordó que Janitza es una de las pocas compañías globales dedicadas exclusivamente a la calidad y medición de energía, y que esa especialización es lo que diferencia su propuesta frente a fabricantes con catálogos más amplios.

Por su lado, Michael Kadziela, Chief Sales Officer y Chief Compliance Officer de Janitza a nivel global, planteó la apertura mexicana como un compromiso de largo plazo y no como un movimiento comercial coyuntural. “Hoy no estamos abriendo solo una oficina; estamos abriendo puertas a nuevos mercados, a nuevas alianzas, a nuevas industrias. No queremos solo participar en este mercado: queremos darle forma junto con nuestros clientes y socios”, expresó. La conversación para abrir operaciones en el país, recordó, comenzó hace dos años y avanzó al ritmo de la confianza construida con el equipo mexicano.

La propuesta que Janitza trae al país combina hardware de medición de clase A con una plataforma de software propia que ofrece visibilidad de extremo a extremo, desde subestaciones de alta tensión hasta distribución de baja tensión. Esa integración, en palabras de Kadziela, permite “hacer la energía visible, controlable y reducible” en un entorno donde la electricidad se ha vuelto más cara, más compleja y más crítica para la operación industrial.

La compañía atiende ya en territorio nacional a tres de los principales operadores de centros de datos y proveedores de servicios cloud, además de fabricantes automotrices Tier 1, Tier 2 y Tier 3, hospitales y plantas farmacéuticas.

En entrevista exclusiva con Global Energy, Cantú y Kadziela ahondaron en la estrategia de crecimiento, la lectura del mercado mexicano y los retos regulatorios derivados del T-MEC y de la nueva normativa eléctrica nacional. “No vendemos productos. Vendemos soluciones, eficiencia y productividad. Eso nos coloca en un lugar muy distinto al del resto de los proveedores del mercado”, apuntó Cantú durante la charla.

La hoja de ruta para los próximos 12 a 24 meses contempla duplicar la plantilla local, escalar el inventario y reforzar las áreas de ingeniería y servicio posventa, replicando el modelo que la compañía ya implementó con éxito en otras geografías. A tres años, los directivos prevén posicionar a Janitza como la tecnología de referencia para monitoreo de energía en infraestructura crítica nacional, con un crecimiento proyectado a doble dígito sostenido.

Emiratos Árabes Unidos anuncia su salida de la OPEP en medio de caída del 27.5% en la producción del bloque y tensiones en Ormuz

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Emiratos Árabes Unidos confirmó su retirada de la OPEP y de la alianza OPEP+ a partir del 1 de mayo de 2026, en un contexto caracterizado por una creciente volatilidad geopolítica en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, una de las rutas más relevantes para el comercio mundial de petróleo.

La decisión se da en un momento crítico para el mercado energético internacional, luego de que la producción de la OPEP se redujera en marzo en casi 8 millones de barriles diarios, lo que equivale a una caída del 27.5% respecto al mes anterior. Esta contracción ha sido atribuida principalmente al conflicto en Irán y a las limitaciones en el tránsito de crudo a través del estrecho de Ormuz, afectando especialmente a países del Golfo.

El ministro de Energía e Infraestructura, Suhail bin Mohamed Al Mazrouei, explicó que la salida refleja una evolución estratégica orientada a los fundamentos del mercado a largo plazo, destacando la necesidad de contar con un sistema energético más flexible, resiliente y capaz de responder a la volatilidad actual.

Aunque deja formalmente la organización, Emiratos Árabes Unidos reiteró su compromiso con la estabilidad del mercado global, asegurando que continuará aumentando su producción de forma gradual y manteniendo la cooperación con otros actores energéticos internacionales.

Cabe destacar que el país formaba parte de la OPEP desde 1967, desempeñando un papel relevante en el equilibrio del mercado petrolero mundial. Su salida podría modificar la dinámica de coordinación entre productores en un entorno donde la demanda energética global mantiene una tendencia de crecimiento sostenido.

Este anuncio también ocurre en medio de un contexto de presión internacional sobre el mercado petrolero, incluyendo críticas hacia la OPEP por su influencia en los precios del crudo, así como por los efectos de la geopolítica en la estabilidad del suministro.

En este escenario, la decisión de Emiratos Árabes Unidos abre una nueva etapa en la configuración del mercado energético global, marcada por la búsqueda de mayor autonomía, flexibilidad y adaptación a un entorno cada vez más complejo.

Cuando el precio ya no lo fija el mercadoEl riesgo de normalizar acuerdos “voluntarios” en combustibles

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Por Marcial Díaz Ibarra

Socio Director, QUA Energy Consultores

En México ya no estamos discutiendo precios.
Estamos discutiendo quién los fija.

El más reciente anuncio del gobierno —un acuerdo con bancos y emisores de vales como
Edenred y Sodexo para reducir comisiones— se presenta como una medida para ayudar a
bajar el precio del diésel. Pero el fondo del asunto es otro: estamos frente a un modelo
donde el precio ya no es resultado del mercado, sino de una negociación política
ampliada
.

Gasolineros, reguladores, bancos, emisores… todos sentados en la misma mesa para
“alinear” precios.
Eso tiene nombre, aunque se le quiera llamar “acuerdo voluntario”.

La ficción de lo voluntario

Cuando una estación sabe que:
● Será monitoreada diariamente.
● Puede ser exhibida públicamente.
● Puede recibir visitas y presión directa.
● Puede terminar con una lona señalando “precio caro”.

La palabra “voluntario” pierde cualquier sentido.

Esto no es coordinación de mercado.
Es administración de precios por presión indirecta.
Y funciona… hasta que deja de funcionar.

El problema no son las comisiones.

Reducir comisiones de vales es un ajuste marginal en un sistema estructuralmente más
complejo.

El precio del combustible en México está determinado por:
● Referencias internacionales
● Logística y transporte
● Costos operativos
● Y, sobre todo, carga fiscal (IEPS)

Nada de eso cambia con un acuerdo financiero.

Entonces surge la pregunta incómoda:
¿Se está atacando el problema real o solo conteniendo el síntoma?

El riesgo: distorsionar sin resolver

Los datos oficiales ya lo muestran: una parte relevante del mercado no logra sostener el
precio objetivo.

Eso no es resistencia.
Es aritmética.

Cuando el precio “político” se separa del precio “económico”, el sistema se empieza a ajustar por otros lados:
● Menor inversión
● Salida de operadores
● Ajustes en calidad o servicio
● Incentivos a prácticas irregulares

El mercado no desaparece.
Se deforma.

El precedente es el verdadero tema.

Hoy es gasolina y diésel.
Mañana puede ser cualquier otro sector.

El mecanismo ya está probado:

  1. Se define un “precio socialmente aceptable”.
  2. Se convoca a los actores a un acuerdo “voluntario”.
  3. Se monitorea públicamente.
  4. Se ejerce presión reputacional.
  5. Se ajusta el mercado… o se le obliga a ajustarse.

Es un modelo replicable. Y ese es el riesgo.

El fondo: control sin asumir el costo

Porque hay algo más de fondo.

Un control de precios abierto tiene costos políticos y fiscales.
Un control “indirecto”, como el actual, busca evitarlos.

Pero no los elimina.
Solo los traslada:
● Al empresario, vía margen
● Al consumidor, vía calidad o disponibilidad
● Al sistema, vía distorsión

Conclusión

México está entrando a una zona gris:
No es un mercado libre.
Pero tampoco es un control formal de precios.

Es algo más complejo… y más riesgoso:
Un sistema donde los precios se negocian, se vigilan y se inducen.

La pregunta no es si funciona hoy.
La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse sin romper el equilibrio del mercado.

Porque en energía hay una regla básica:
Cuando fuerzas el sistema… el ajuste siempre llega.

Y casi nunca llega donde esperabas.

Batteryfly impulsa economía circular con inversión de 6 millones de euros en planta de reciclaje en Zaragoza

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España continúa fortaleciendo su estrategia de transición energética con nuevos proyectos industriales enfocados en la sostenibilidad. En este contexto, Batteryfly invertirá 6 millones de euros en la construcción de una planta de reciclaje y segunda vida de baterías de vehículos eléctricos en el Parque Tecnológico del Reciclado de Zaragoza.

El proyecto cuenta con el respaldo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), que ha otorgado una subvención de 1,8 millones de euros. Además, la iniciativa ha sido reconocida como una de las cinco mejor valoradas a nivel nacional dentro del programa Renocicla, destacando por su innovación, viabilidad y contribución ambiental.

La instalación ocupará una superficie de 12,000 metros cuadrados y tendrá una capacidad inicial de reciclaje superior a las 1,000 toneladas anuales de residuos provenientes de baterías de vehículos eléctricos y equipos asociados a energías renovables. A medio plazo, se prevé una expansión que podría elevar la capacidad hasta 75,000 toneladas.

El complejo incluirá áreas de almacenamiento, diagnóstico, desmontaje, reparación y reutilización de baterías, así como la fabricación de sistemas de almacenamiento energético. También integrará una planta piloto para la obtención de “black mass”, material clave que contiene metales críticos como litio, cobalto, níquel y manganeso.

Asimismo, contará con laboratorios, centros de investigación y desarrollo (I+D) y espacios de ingeniería, lo que permitirá impulsar la innovación tecnológica en el sector del reciclaje energético.

Las ayudas han sido canalizadas a través del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), bajo criterios de evaluación técnica, sostenibilidad e impacto económico, garantizando el cumplimiento de estándares ambientales.

Este proyecto refuerza la posición de España en la gestión sostenible de residuos energéticos, contribuyendo a reducir la dependencia de materias primas críticas y avanzando hacia un modelo energético más eficiente y circular.

El derrame del Golfo de México y los controles volumétricos: una reflexión necesaria para el sector energético.

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Roberto Villeda, Director General de Calpro

El 16 de abril de 2026, el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, reconoció públicamente que el derrame observado como una gran mancha en el Golfo de México el pasado 6 de febrero se originó por una fuga en un oleoducto de 36 pulgadas en la zona de plataformas del activo de producción de Abkatún-Pol-Chuk, en la Sonda de Campeche. La noticia sacudió al país, pero lo más revelador no fue el accidente en sí: fue lo que vino después.

El propio director de Pemex admitió ante los medios: «Algo falló en la cadena de información. Si no, nos hubiéramos inmediatamente dado cuenta de la magnitud, y hubiéramos actuado en consecuencia y este se detectó como un incidente menor, así fue declarado, pero algo falló en los protocolos […]»

Esa frase resume todo el problema. Y, desde la perspectiva de los controles volumétricos, tiene una lectura muy clara: si hubiera existido un sistema robusto de medición y trazabilidad en tiempo real sobre ese ducto, el incidente habría sido imposible de clasificar incorrectamente como “menor”.

Lo que los datos habrían dicho desde el primer momento

Un control volumétrico no es únicamente una herramienta fiscal o anticorrupción. Es, antes que nada, un sistema de balance: absolutamente todo lo que entra a un ducto debe coincidir con lo que sale. Cuando hay una desviación —por pequeña que sea— el sistema la registra, la alerta y la escala.

Las imágenes satelitales mostraron que entre el 6 y el 10 de febrero comenzaron los primeros reportes de manchas pequeñas en una zona cercana a la plataforma Abkatún, y que el vertido se extendió durante días antes de que las autoridades actuaran con la urgencia que el caso demandaba. Sin embargo, internamente, la fuga fue catalogada como un “incidente menor.”

¿Cómo es posible que un oleoducto activo de 36 pulgadas pierda volumen de forma sostenida durante días sin que el sistema interno lo detecte para poder actuar con la urgencia que merecía? La respuesta no está en la negligencia humana solamente, sino en la ausencia de controles automatizados que hagan que la información fluya sin depender de que alguien decida reportarla.

El pasado 20 de abril, durante su conferencia “mañanera”, la presidenta Claudia Sheinbaum lo confirmó al señalar que «el director de Pemex pidió todas las bitácoras y encontró que una serie de trabajadores de Pemex reportaron la salida de petróleo del ducto y que hicieron la reparación, pero que no se hicieron todos los protocolos.» Es decir: alguien sabía, alguien actuó en campo, pero la información no se escaló. Eso es, precisamente, lo que un sistema de control volumétrico bien implementado elimina: la discrecionalidad humana en el reporte de pérdidas.

La opacidad no es un accidente: es un síntoma

Una investigación de Mongabay Latam y Data Crítica de febrero de 2025, reveló que de los 79 meses –seis años y medio– analizados en este estudio, especialistas identificaron manchas de petróleo no naturales en el mar en 74 meses, aunque la autoridad solo tiene registrados derrames en 30 meses; es decir, en 44 de ellos —el 60%— no existen derrames reportados oficialmente. No se trata de un evento aislado. Es un patrón estructural.

Tras más de dos meses de opacidad y confusión, las autoridades finalmente reconocieron su responsabilidad, en un caso que pone en evidencia las fallas de seguridad y comunicación dentro de la petrolera estatal. Lo que inicialmente se intentó minimizar como “gotitas” terminó siendo una de las mayores crisis ambientales costeras de México en años recientes.

De acuerdo con organizaciones ambientalistas, el derrame dejó al menos 630 kilómetros de línea de costa afectada, involucrando a los estados de Veracruz, Tabasco y Tamaulipas.

¿Qué cambia con los controles volumétricos?

La normatividad mexicana ya contempla la obligatoriedad de los controles volumétricos para los permisionarios del sector de hidrocarburos. El Código Fiscal de la Federación, la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos y las disposiciones del SAT (Resolución de la Miscelánea Fiscal) establecen que las empresas con actividades de extracción, transporte y almacenamiento deben contar con sistemas certificados de medición que reporten en tiempo real.

El problema es que su implementación efectiva sigue siendo una asignatura pendiente a lo largo de toda la cadena. De acuerdo con el Plan Estratégico 2025-2035  de Pemex, apenas el 15% de los controles volumétricos habían sido implementados –a la fecha de la publicación del Plan–. Es decir, 85% de los puntos de la red –extracción, transporte, almacenamiento, distribución– operan hoy sin medición certificada.

Un control volumétrico implementado correctamente en el oleoducto de Abkatún habría generado, desde los primeros minutos de la fuga, una alerta de desbalance de flujo. No como una anotación en una bitácora que alguien puede o no escalar, sino como un dato objetivo, automatizado y trazable, que habría obligado a actuar. El volumen derramado, el momento exacto del inicio de la fuga y la magnitud real del incidente habrían sido conocidos —con certeza— desde el día uno. No meses después.

El costo de no medir

Hasta hoy, no se tiene un estimado del volumen total derramado. Ese solo dato resume la vulnerabilidad del sistema actual: México no sabe cuánto petróleo perdió en uno de los derrames más mediáticos de su historia reciente.

Y la razón es simple: si no existe medición certificada del punto A al punto B —es decir, cuánto volumen entró al oleoducto y cuánto debió salir— es imposible determinar con precisión cuánto se escapó. Solo quedan estimaciones satelitales, cálculos indirectos y versiones contradictorias entre dependencias. El balance volumétrico es la única herramienta que convierte esa incertidumbre en un dato duro.

Pero este no es un problema exclusivo de los derrames. El huachicol tiene exactamente la misma raíz.

Cuando se habla de las pérdidas por robo de combustible en México —uno de los problemas más costosos para Pemex y para el erario—, las cifras que se manejan públicamente son, en el mejor de los casos, aproximaciones. ¿Por qué? Porque sin un control volumétrico preciso a lo largo de la cadena —extracción, transporte, almacenamiento, distribución— es estructuralmente imposible saber cuánto existía antes del robo. No hay punto de referencia confiable contra el cual comparar lo que falta.

El huachicol prospera, en parte, precisamente en esa zona gris: en la brecha entre lo que se dice que había, lo que se reporta que hay y lo que se cree que desapareció (desaparecieron, en este caso). 

En ese sentido, es necesario decir que la falta de controles volumétricos en cualquier punto de la cadena de valor genera una distorsión de información de los volúmenes facturados entre contribuyentes. El Estado ya no puede ser ese contribuyente que, al omitir el cumplimiento de sus obligaciones, genera la distorsión referida, por lo que la autoridad fiscalizadora ya no puede exigir este cumplimiento solo del sector privado. Lo anterior, cuando –como en este caso– cada vez hay más datos del impacto multimillonario que suponen los controles volumétricos para el Estado mexicano.

Un sistema de medición continua, certificada y en tiempo real no solo detecta fugas accidentales, sino que también hace que las pérdidas no contabilizadas sean imposibles de ocultar. Cada litro que entra tiene que coincidir con cada litro que sale, y cualquier diferencia queda registrada, fechada y es auditable.

Dicho de otra forma: el control volumétrico no distingue entre una fuga por corrosión y una toma clandestina. Para el sistema, ambas son pérdidas que deben explicarse. 

Fuentes: La Jornada, El Financiero, Proceso, Mongabay Latam, Verificado.mx, El Universal — Abril 2026