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Diferencias dentro del gobierno de EE. UU. marcan incertidumbre sobre el precio de la gasolina

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El panorama energético en Estados Unidos enfrenta un momento de alta volatilidad, acentuado por posturas divergentes dentro del propio gobierno. El presidente Donald Trump contradijo recientemente a su secretario de Energía, Chris Wright, al rechazar la estimación de que los precios de la gasolina podrían tardar hasta 2027 en regresar a niveles previos al conflicto en Medio Oriente.

De acuerdo con Wright, el impacto del conflicto —particularmente el cierre del Estrecho de Ormuz— ha generado una disrupción significativa en el flujo global de petróleo. Esta ruta marítima concentra cerca del 20 % del transporte mundial de crudo, lo que la convierte en un punto crítico para la estabilidad energética internacional.

Los efectos ya son visibles en el mercado estadounidense. Antes del inicio de las tensiones, el precio promedio del galón de gasolina regular se ubicaba alrededor de 2.90 dólares; sin embargo, tras el estallido del conflicto el 28 de febrero, los precios superaron los 4 dólares, lo que implica un incremento de más del 35 % en cuestión de semanas.

Este encarecimiento ha tenido consecuencias directas en la economía. La inflación interanual en Estados Unidos alcanzó el 3.3 % en marzo, su nivel más alto desde mayo de 2024, impulsada en gran medida por el aumento en los costos energéticos. En comparación, en febrero la inflación se situaba en 2.4 %, lo que evidencia una aceleración significativa en un corto periodo.

A pesar de este panorama, Trump ha mantenido una visión más optimista, asegurando que los precios podrían disminuir rápidamente una vez que finalicen las tensiones geopolíticas. Esta postura contrasta no solo con la de su secretario de Energía, sino también con la incertidumbre que prevalece en los mercados globales.

Por otro lado, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha planteado un escenario intermedio, estimando que los precios podrían estabilizarse cerca de los 3 dólares por galón hacia el verano próximo, lo que sugiere una recuperación gradual más que inmediata.

El entorno internacional continúa siendo un factor determinante. Las restricciones en el tránsito marítimo, el bloqueo naval en la región y la falta de avances concretos en las negociaciones diplomáticas con Irán mantienen elevados los niveles de incertidumbre. Además, la posible interrupción prolongada de las cadenas de suministro energéticas podría seguir presionando los precios en el mediano plazo.

En este contexto, el mercado energético global permanece altamente sensible a cualquier cambio político o militar en la región. La evolución de estos factores definirá no solo el comportamiento de los precios de los combustibles, sino también el impacto en la inflación, el crecimiento económico y la estabilidad financiera a nivel internacional.

Crisis en el suministro de diésel en México por fallas logísticas y alza global

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El suministro de combustibles en México atraviesa un momento crítico, marcado por limitaciones operativas, incremento en costos internacionales y una creciente presión sobre la infraestructura logística. La empresa estatal Pemex ha comenzado a registrar dificultades para garantizar el abastecimiento continuo de diésel y gasolinas en diversas regiones del país.

Uno de los focos principales se ubica en la terminal de Mazatlán, donde la disponibilidad de diésel se encuentra limitada, obligando a redirigir la demanda hacia otras instalaciones. Este tipo de medidas, si bien permiten mantener el flujo de suministro, incrementan significativamente los costos de transporte para distribuidores y empresas del sector.

La problemática se extiende a otras terminales estratégicas, como León en Guanajuato, El Castillo en Jalisco y Reynosa en Tamaulipas, puntos clave para la distribución regional. Incluso en estados como Querétaro comienzan a observarse indicios de escasez, lo que podría tener implicaciones directas en sectores industriales y de transporte.

Los datos operativos reflejan un deterioro relevante. Durante marzo se contabilizaron al menos 25 interrupciones en terminales, mientras que en abril la cifra ya asciende a 34, lo que representa un aumento aproximado del 36 % en la frecuencia de fallas. Este escenario ha obligado a implementar soluciones logísticas emergentes, como la redistribución de combustibles entre distintas regiones para cubrir déficits puntuales.

En cuanto a la capacidad de almacenamiento, la regulación establece un mínimo de cinco días de inventario; sin embargo, reportes del sector indican que en varias zonas este nivel no se cumple. En Reynosa, por ejemplo, los inventarios han llegado a cero, mientras que en el Valle de México apenas alcanzan tres días, lo que incrementa la vulnerabilidad ante interrupciones en el suministro.

Entre las causas principales se encuentra el incremento en los precios internacionales de combustibles. De acuerdo con reportes especializados, la gasolina importada ha registrado un aumento de 58.6 %, mientras que el diésel ha subido 32 % entre finales de febrero y mediados de abril. A esto se suma el incremento en los costos logísticos, con tarifas de transporte marítimo que pasaron de 225 mil a 415 mil dólares, es decir, un aumento superior al 80 % debido a la limitada disponibilidad de embarcaciones.

Asimismo, la producción nacional enfrenta limitaciones. La caída en la extracción de crudo y fallas operativas en refinerías reducen la capacidad de procesamiento interno, obligando a incrementar las importaciones en un contexto de precios elevados. Este escenario se complica aún más por la existencia de controles en los precios al consumidor, lo que restringe la capacidad de ajuste del mercado.

Por otro lado, empresas privadas como Valero y Repsol han optado por reducir sus volúmenes de importación como respuesta al encarecimiento del petróleo, influenciado por tensiones geopolíticas y restricciones en rutas clave como el Estrecho de Ormuz.

En conjunto, estos factores configuran un entorno de alta presión para el sector energético mexicano, donde la combinación de variables internas y externas podría traducirse en riesgos para la estabilidad del suministro, incrementos de costos y efectos en la actividad económica nacional.

Wall Street enfrenta volatilidad mientras el petróleo repunta por tensiones en Medio Oriente

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Los mercados financieros en Estados Unidos atraviesan una jornada de cautela, influenciados por el incremento en los precios del petróleo y la persistente incertidumbre geopolítica en Medio Oriente. La falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán continúa generando presión sobre los inversionistas.

Los principales índices bursátiles operan en terreno negativo. El Dow Jones Industrial Average muestra un retroceso cercano al 0.15 %, situándose en torno a los 49,371 puntos. Por su parte, el S&P 500 cae aproximadamente 0.38 %, mientras que el Nasdaq Composite lidera las pérdidas con una disminución de 0.59 %, afectado principalmente por la debilidad en empresas tecnológicas.

El contexto internacional sigue siendo determinante. Aunque se mantiene un cese al fuego en la región, no se han registrado avances significativos hacia una solución definitiva del conflicto. Además, recientes acciones como la incautación de un buque relacionado con Irán han incrementado la tensión, elevando la percepción de riesgo en los mercados globales.

De acuerdo con reportes recientes, existe la posibilidad de reanudar conversaciones diplomáticas en Pakistán; sin embargo, factores como el bloqueo a rutas estratégicas en el Estrecho de Ormuz continúan siendo un obstáculo relevante. Esta vía marítima es clave para el comercio energético global, lo que amplifica el impacto de cualquier interrupción.

En términos sectoriales, el comportamiento del mercado ha sido mixto. Siete de los once sectores que integran el S&P 500 registran avances; no obstante, las caídas en servicios de comunicación (-1.33 %) y consumo discrecional (-1.27 %) han pesado significativamente en el desempeño general. En contraste, el sector energético destaca con un crecimiento de alrededor del 1.04 %, impulsado por el alza en los precios del crudo.

El incremento en el petróleo responde principalmente a preocupaciones sobre posibles interrupciones en el suministro global, lo que genera un efecto directo en los costos energéticos. Este fenómeno suele tener implicaciones amplias, desde presiones inflacionarias hasta ajustes en las expectativas de política monetaria.

En este escenario, los inversionistas continúan evaluando riesgos y oportunidades en un entorno altamente dinámico, donde la evolución del conflicto en Medio Oriente será clave para definir la dirección de los mercados en el corto y mediano plazo.

Estados Unidos redefine su postura frente a Irán en un contexto de alta tensión global

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El escenario internacional vuelve a centrarse en Medio Oriente tras recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró que su decisión respecto a posibles acciones contra Irán no fue influenciada por Israel. Esta afirmación surge en respuesta a versiones que señalaban una supuesta intervención del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la estrategia estadounidense.

De acuerdo con el mandatario, su postura responde a una línea política sostenida a lo largo del tiempo, reforzada por acontecimientos recientes como los ataques del 7 de octubre, los cuales incrementaron la percepción de riesgo en la región. En este contexto, reiteró que uno de los objetivos centrales de su administración es evitar que Irán desarrolle armamento nuclear, un tema que representa uno de los principales focos de preocupación para la seguridad internacional.

Las declaraciones también incluyen proyecciones sobre el futuro de Irán, donde se plantea la posibilidad de cambios estructurales en su liderazgo. Según Trump, un eventual ajuste político interno podría abrir la puerta a un escenario de crecimiento económico y mayor estabilidad, lo que tendría implicaciones directas en los mercados energéticos y en la dinámica geopolítica global.

Este posicionamiento se da en paralelo a los esfuerzos de Estados Unidos por reactivar conversaciones diplomáticas en Pakistán, en un intento por retomar canales de negociación. Sin embargo, la postura de Irán ha mostrado resistencia, lo que añade incertidumbre al proceso.

Expertos en relaciones internacionales destacan que este tipo de declaraciones pueden influir en múltiples variables: desde el comportamiento de los mercados energéticos hasta la estabilidad en Medio Oriente. Además, señalan que la política exterior estadounidense en esta región históricamente ha tenido impactos directos en el comercio global, particularmente en sectores como petróleo y gas.

En un entorno donde los riesgos geopolíticos han aumentado considerablemente en los últimos años, la evolución de este conflicto será clave para definir el rumbo de las relaciones internacionales. La combinación de factores políticos, estratégicos y económicos mantiene a Irán como uno de los principales puntos de atención en la agenda global.

¿Magna o Premium? La decisión que parece de bolsillo… pero es de ingeniería

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Por: M. en C. Andrés Gutiérrez Torres
CEO de Ciefsa

En México, cargar gasolina es una decisión cotidiana que normalmente se toma frente a la bomba y, muchas veces, con base en el precio del momento. Sin embargo, la reciente conversación pública sobre usar gasolina Magna cuando no alcanza para Premium abre una pregunta más profunda: ¿realmente es una decisión de ahorro o puede salir más cara a largo plazo?
La respuesta no está en la percepción, sino en la ingeniería.

El precio no lo es todo
A simple vista, la diferencia entre gasolina Magna y Premium parece sencilla: una es más barata que la otra. Pero detrás de esa diferencia está el octanaje, un factor técnico que determina cómo se comporta el combustible dentro del motor.

Magna: 87 octanos
Premium: 91 octanos o más

El octanaje define qué tan resistente es la gasolina a encenderse antes de tiempo. Y ahí está el punto clave: no todos los motores funcionan igual.

El cambio silencioso en los autos que manejamos
Durante años, la gasolina Premium se asoció con autos deportivos o de lujo. Hoy, esa idea ya no refleja la realidad.

La industria automotriz ha evolucionado hacia motores más pequeños, eficientes y potentes gracias al llamado downsizing: motores de menor tamaño que, mediante turbocompresores e inyección directa, logran mayor desempeño con menos consumo.

¿El detalle?
Estos motores necesitan gasolina de mayor octanaje para funcionar correctamente.

Esto significa que muchos autos que hoy circulan en México —incluidos modelos accesibles— requieren Premium, aunque no lo parezcan.

Ejemplos de vehículos que pueden requerir gasolina Premium incluyen:
Económicos modernos: Suzuki Swift, VW Polo, Chevrolet Cruze, Toyota Raize
Segmento medio: VW Golf, SEAT León, Ford Focus, Nissan Sentra

Esto implica que muchas familias mexicanas hoy conducen vehículos que sí dependen de gasolina de alto octanaje, aunque no sean considerados de lujo.

Cuando el ahorro se convierte en riesgo

Usar gasolina Magna en un motor diseñado para Premium no es simplemente “bajar de categoría”. Es alterar las condiciones para las que fue diseñado el motor.

El resultado es un fenómeno conocido como “cascabeleo” o knocking: la gasolina explota antes de tiempo dentro del cilindro.

En términos prácticos:
• Se pierde potencia
• Aumenta el desgaste
• Se generan vibraciones y jaloneos
• Puede haber daños internos en el motor

Lo que inicia como un ahorro por tanque puede terminar en una reparación costosa.

El costo oculto: eficiencia y medio ambiente
El impacto no es sólo mecánico. También es ambiental.

Cuando el combustible no se quema correctamente, el motor genera más contaminantes:

• Monóxido de carbono (CO)
• Hidrocarburos no quemados (VOC)
• Partículas suspendidas

Además, el consumo de gasolina aumenta, lo que elimina cualquier ahorro inicial.

En ciudades como la Ciudad de México, donde la calidad del aire es un tema crítico, estas decisiones individuales terminan teniendo un impacto colectivo.

El factor que complica todo: la calidad del combustible
A este escenario se suma un problema menos visible: la adulteración de combustibles.

En el mercado mexicano, especialmente en gasolina Magna, pueden presentarse alteraciones que modifican el octanaje real del producto. Esto incrementa la incertidumbre para el consumidor.

Mezclas con naftas → disminuyen el octanaje
Presencia de alcoholes → pueden aumentarlo artificialmente

Ante este contexto, no es casualidad que:
• Arrendadoras
• Agencias automotrices
• Usuarios más informado

recomienden cada vez más el uso de gasolina Premium, incluso en casos donde no es estrictamente obligatoria.

¿Poner Premium siempre es mejor?
No necesariamente.

Si un motor está diseñado para funcionar con gasolina Magna:
• No habrá más potencia
• No habrá mejor rendimiento significativo

En ese caso, usar Premium es simplemente pagar más sin obtener beneficios reales.

Una decisión informada, no impulsiva

El verdadero dilema no es Magna contra Premium, sino conocer qué necesita tu motor

En un entorno donde:
Los autos son más sofisticados
Las condiciones del combustible pueden variar
El costo de mantenimiento es cada vez mayor

la elección del combustible deja de ser una decisión menor.

Porque al final, lo que parece un ahorro inmediato puede convertirse en un costo diferido.

Y en el mundo automotriz, como en el energético, las decisiones técnicas siempre terminan reflejándose en el bolsillo.

El debate no es Magna vs Premium: es ingeniería vs percepción.

Seis países impulsan el desarrollo de shale para fortalecer su seguridad energética

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La creciente incertidumbre en los mercados energéticos internacionales ha llevado a varios países a replantear sus estrategias de suministro. En este contexto, el desarrollo de recursos no convencionales, como el gas y petróleo de esquisto, vuelve a posicionarse como una alternativa clave para garantizar la seguridad energética.

Un grupo de seis países Argelia, Emiratos Árabes Unidos, México, Australia, Turquía e Indonesia está avanzando en el aprovechamiento de estos recursos mediante una combinación de inversión, innovación tecnológica y asociaciones con compañías internacionales.

Argelia destaca por su potencial estratégico en el suministro hacia Europa, gracias a sus amplias reservas y su cercanía geográfica. El desarrollo de formaciones de shale podría permitir exportaciones vía gasoductos, aunque enfrenta retos operativos relacionados con infraestructura y servicios petroleros.

En el caso de Emiratos Árabes Unidos, la estrategia se centra en alcanzar la autosuficiencia energética hacia 2030. La empresa estatal prevé intensificar la perforación de pozos de gas no convencional, con estimaciones que superan los 300 pozos anuales.

México también busca fortalecer su producción mediante objetivos específicos en shale y petróleo tight hacia 2030, mientras que Australia impulsa el desarrollo del proyecto Beetaloo, con el fin de abastecer tanto su mercado interno como exportaciones de gas natural licuado.

Turquía e Indonesia, por su parte, están apostando por alianzas internacionales y nuevas tecnologías para acelerar la exploración en sus respectivas cuencas, superando limitaciones técnicas que en el pasado frenaron el desarrollo de estos recursos.

El interés renovado en el shale se produce tras un periodo en el que la inversión global se concentró en la cuenca del Permian en Estados Unidos. Entre 2012 y 2025, grandes compañías energéticas invirtieron alrededor de 230 mil millones de dólares en esta región, logrando importantes avances en eficiencia y reducción de costos.

Sin embargo, la desaceleración del crecimiento en Estados Unidos está impulsando a las empresas a buscar nuevas oportunidades en mercados internacionales. A diferencia de la primera ola de exploración, el enfoque actual es más selectivo y estratégico, con aproximadamente 20 proyectos en evaluación, frente a más de 100 en la década pasada.

Ejemplos como Vaca Muerta en Argentina y Jafurah en Arabia Saudita demuestran que el desarrollo de shale a gran escala fuera de Norteamérica es posible. Se estima que estos proyectos podrían alcanzar una producción conjunta superior a los 2.5 millones de barriles equivalentes diarios en los próximos años, con inversiones cercanas a los 250 mil millones de dólares.

Para lograr el éxito, los países deberán ofrecer marcos regulatorios claros, incentivos fiscales adecuados y condiciones operativas que faciliten la inversión. En este nuevo ciclo, la combinación de política energética, tecnología y capital será clave para consolidar el papel del shale en el suministro global.

Tensiones en el estrecho de Ormuz elevan la incertidumbre en el mercado energético global

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El estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el centro de la geopolítica energética tras el endurecimiento de las medidas de control por parte de Irán, lo que ha generado nuevas preocupaciones sobre la estabilidad del suministro global de petróleo y gas. La decisión marca un cambio significativo respecto a la reciente reapertura temporal acordada en el marco de una tregua regional.

Este paso marítimo es uno de los más importantes del mundo, ya que por él circula cerca del 20% del petróleo global. Su funcionamiento es clave para garantizar el flujo continuo de hidrocarburos hacia los principales mercados internacionales. Cualquier alteración en esta ruta tiene efectos inmediatos en los precios del crudo, el transporte marítimo y la seguridad energética.

Las autoridades iraníes han anunciado un control más estricto del tránsito, incluyendo restricciones operativas, supervisión militar y la posibilidad de exigir pagos asociados a servicios de seguridad y protección ambiental. Estas medidas se presentan como una respuesta a acciones de Estados Unidos, particularmente el bloqueo a puertos iraníes, que Teherán considera una violación de los acuerdos vigentes.

En paralelo, se han reportado incidentes con embarcaciones comerciales, lo que ha incrementado la percepción de riesgo en la zona. Algunos buques han recibido advertencias para no transitar por la vía, mientras que otros han informado ataques durante intentos de cruce, lo que complica aún más la situación.

Desde el lado estadounidense, el presidente Donald Trump ha adoptado una postura firme, señalando que su país no aceptará presiones mediante el cierre de esta ruta estratégica. No obstante, ha confirmado que continúan las negociaciones con Irán, aunque sin avances concretos hasta el momento.

El contexto general sigue siendo altamente volátil. El conflicto, iniciado a finales de febrero, ha provocado miles de víctimas, afectado a varios países de la región y generado disrupciones en el mercado energético global. La falta de claridad sobre futuras conversaciones y la cercanía del vencimiento del alto el fuego aumentan el riesgo de una nueva escalada.

En términos de mercado, la incertidumbre en Ormuz ha sido un factor determinante en la fluctuación de los precios del petróleo, ya que cualquier interrupción en esta vía impacta directamente en la oferta global.

Este escenario pone de manifiesto la vulnerabilidad del sistema energético internacional frente a tensiones geopolíticas, donde puntos críticos como el estrecho de Ormuz continúan siendo determinantes para el equilibrio entre oferta, demanda y precios.

Queensland alcanza récord histórico con 80% de generación renovable en una red dominada por carbón

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El estado de Queensland, en Australia, ha alcanzado un hito sin precedentes al registrar un 80% de participación de energías renovables en su sistema eléctrico, a pesar de ser la región con mayor dependencia del carbón en el país. Este logro marca un punto clave en la evolución de la matriz energética, demostrando el impacto creciente de las tecnologías limpias.

El récord se alcanzó durante un periodo de alta generación solar, que fue el principal motor del cambio. La energía solar distribuida en tejados aportó más de 4 gigavatios (GW), mientras que las plantas solares a gran escala sumaron cerca de 3 GW adicionales. La generación eólica contribuyó con aproximadamente 500 megavatios (MW), complementada por una menor participación de fuentes hidroeléctricas.

Este nuevo máximo supera el anterior récord del 77.2%, reflejando una tendencia sostenida de crecimiento en la penetración de energías limpias. No obstante, el sistema energético de Queensland sigue mostrando una fuerte dependencia del carbón, que ha cubierto cerca del 62% de la demanda eléctrica durante los últimos 12 meses.

El avance de las renovables se explica en gran medida por proyectos desarrollados en años anteriores, así como por la rápida adopción de tecnologías solares en hogares y empresas. Este fenómeno ha generado cambios significativos en la curva de demanda, con una alta producción al mediodía y una mayor necesidad de almacenamiento para equilibrar el sistema en ساعات de menor generación.

En este sentido, el almacenamiento energético juega un papel cada vez más relevante. La expansión de baterías, tanto a nivel doméstico como en instalaciones a gran escala, está permitiendo gestionar mejor la intermitencia de las energías renovables. En otros estados como Nueva Gales del Sur, se han alcanzado nuevos récords, superando el gigavatio tanto en carga (1,165 MW) como en descarga (1,040.5 MW) de sistemas de almacenamiento.

A pesar de estos avances, el panorama energético del estado presenta retos importantes. Las políticas actuales contemplan la continuidad del uso de carbón durante al menos dos décadas más, y algunos proyectos renovables enfrentan revisiones regulatorias que podrían limitar su desarrollo en el corto plazo.

Sin embargo, el crecimiento sostenido de la generación solar y el almacenamiento indica que la transición energética sigue avanzando, impulsada tanto por la inversión en infraestructura como por la participación activa de consumidores.

Este caso demuestra que incluso los sistemas más dependientes de combustibles fósiles pueden avanzar hacia modelos más sostenibles, siempre que se combinen políticas adecuadas, innovación tecnológica y adopción masiva de energías limpias.

México mantiene acuerdo con gasolineros para estabilizar el precio del diésel en 28 pesos por litro

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Ante un entorno internacional caracterizado por el aumento en los precios del petróleo y sus derivados, el Gobierno de México y las empresas del sector gasolinero han decidido dar continuidad a un acuerdo clave para contener el costo del diésel en el país. Esta medida busca proteger tanto a los consumidores como a sectores estratégicos que dependen de este combustible.

El acuerdo establece un precio máximo de 28.00 pesos por litro de diésel, resultado de un esfuerzo conjunto entre autoridades y empresarios, quienes participan de manera voluntaria en la implementación de esta estrategia. La medida se enmarca dentro de una política más amplia de estabilización de combustibles que ha mostrado resultados positivos en el último año.

En particular, la estrategia aplicada a la gasolina regular ha logrado mantener su precio por debajo de los 24 pesos por litro en la mayoría de las estaciones de servicio del país, lo que ha contribuido a reducir presiones inflacionarias y a preservar el poder adquisitivo de las familias mexicanas.

El contexto internacional ha sido determinante para la adopción de estas medidas. El incremento en los precios del crudo a nivel global ha impactado directamente en los costos de los combustibles, obligando a los gobiernos a implementar mecanismos que amortigüen estos efectos en los mercados internos.

El modelo adoptado por México destaca por su enfoque colaborativo, basado en la participación voluntaria del sector privado. Las empresas gasolineras ajustan sus precios considerando factores como costos operativos, logística y condiciones regionales, lo que permite mantener un equilibrio entre competitividad y estabilidad.

Además, este acuerdo tiene implicaciones relevantes para la economía en general. El diésel es un insumo fundamental para el transporte de mercancías y la operación de diversas industrias, por lo que su estabilización contribuye a evitar incrementos en costos logísticos que podrían trasladarse a los precios finales de bienes y servicios.

La renovación de este compromiso refleja una estrategia de política energética orientada a la coordinación interinstitucional y al manejo eficiente de variables externas, como la volatilidad del mercado petrolero.

En un escenario global incierto, la colaboración entre el Estado y el sector empresarial se posiciona como una herramienta clave para garantizar estabilidad económica y energética en el país.

México reduce estímulos fiscales a combustibles ante caída en precios internacionales del petróleo

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El Gobierno de México ha realizado ajustes a los estímulos fiscales aplicados a combustibles, en respuesta a la reciente disminución en los precios del petróleo a nivel internacional. Esta medida impacta directamente en el costo final de la gasolina y el diésel, así como en la carga fiscal que enfrentan consumidores y sectores productivos.

Para el periodo del 18 al 24 de abril, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público determinó reducir los apoyos fiscales en la gasolina Magna y el diésel, además de eliminar completamente el estímulo en la gasolina Premium. En cifras concretas, la Magna contará con un apoyo de 78.20 centavos por litro, lo que implica una disminución de 1.03 pesos respecto a la semana anterior.

En el caso de la gasolina Premium, el estímulo se reduce a cero, después de haber contado con un apoyo de 50 centavos por litro. Por su parte, el diésel tendrá un estímulo de 3.18 pesos por litro, es decir, 2.74 pesos menos que en el periodo previo.

Estos ajustes se traducen en una mayor carga del IEPS para los consumidores. Los automovilistas pagarán aproximadamente 5.92 pesos por litro en gasolina Magna, equivalente al 88% de la cuota total; 5.66 pesos en Premium, que corresponde al 100% del impuesto; y 4.18 pesos en diésel, cerca del 57% de la cuota completa.

En cuanto a los precios promedio a nivel nacional, la gasolina Magna se ubica en 23.68 pesos por litro, con una ligera reducción semanal. La gasolina Premium se mantiene estable en 28.31 pesos, mientras que el diésel registra una disminución más significativa, alcanzando los 28.51 pesos por litro.

El contexto internacional ha sido clave en esta decisión. Durante la última semana, el precio del petróleo registró una caída cercana al 2%, incluyendo una baja superior al 9% en un solo día. Este comportamiento se explica en gran medida por la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, tras tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

Cabe recordar que el encarecimiento previo de los combustibles estuvo ligado al aumento en los precios del crudo, provocado por conflictos en la región y restricciones en rutas clave de suministro. La reciente estabilización ha permitido reducir la intervención fiscal del gobierno, aunque la volatilidad del mercado energético global sigue siendo un factor determinante.

En este contexto, la política de estímulos fiscales continúa funcionando como un mecanismo de ajuste para mitigar impactos inflacionarios, adaptándose a las condiciones del mercado internacional y al comportamiento de los precios energéticos.