Así ha cambiado la geografía del petróleo entre 1995 y 2023
Juan Arellanes es profesor de Geopolítica y Desafíos Globales en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México. Posee experiencia en docencia, investigación y consultoría en temas medioambientales, urbanos y energéticos. Su área de especialidad académica es la seguridad energética y la geopolítica del petróleo.
El cierre parcial y la creciente inestabilidad en el Estrecho de Ormuz durante 2026 han vuelto evidente la necesidad de comprender con mayor precisión la estructura espacial del mercado petrolero mundial y el grado de dependencia de las distintas regiones respecto a los principales exportadores globales. Este artículo describe la evolución histórica de los volúmenes y de la participación porcentual de las exportaciones e importaciones petroleras entre 1995 y 2023, prestando especial atención a los principales países. Para ello, se utilizaron dos fuentes: las bases de datos de exportaciones físicas de petróleo de UN Energy Statistics y los datos de participación porcentual de importaciones del Atlas of Economic Complexity. Metodológicamente, el análisis combinó volúmenes físicos de exportación con estructuras relativas de destino comercial para reconstruir la geografía de los flujos petroleros internacionales. Aquí se describen los principales hallazgos.
El sistema mundial de exportación de petróleo atravesó dos grandes etapas. La primera, entre 1995 y la crisis financiera de 2008, estuvo caracterizada por una rápida expansión del comercio petrolero impulsada por la globalización industrial, el crecimiento acelerado de Asia y el aumento del transporte marítimo y de las cadenas manufactureras globales. Durante esos años crecieron significativamente tanto los volúmenes exportados como la integración energética mundial, reforzando la centralidad de grandes exportadores como Arabia Saudita, Rusia y otros productores del Golfo Pérsico. La crisis de 2008 marcó un punto de inflexión: aunque el comercio se recuperó, el ritmo de expansión se volvió más lento y comenzó a mostrar señales de volatilidad.
A partir de la década de 2010 el sistema entró en una fase más inestable. La expansión del shale oil en Estados Unidos alteró la geografía energética global, mientras que las sanciones contra Irán y Venezuela, los conflictos en Iraq y Libia, la pandemia de COVID-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania introdujeron fuertes tensiones logísticas y geopolíticas. Paralelamente, comenzó a hacerse visible un problema más profundo: aunque la producción mundial continuó creciendo parcialmente, las exportaciones netas se desaceleraron debido al aumento del consumo interno en numerosos países productores. El resultado ha sido un sistema petrolero todavía enorme, pero crecientemente expuesto a sanciones, conflictos regionales, cuellos de botella logísticos y tensiones estructurales sobre la capacidad exportadora efectiva.
En el lado exportador, Arabia Saudita mantuvo una posición dominante durante todo el periodo, con exportaciones que oscilaron generalmente entre 6 y 9 millones de barriles diarios (mbd). Rusia emergió como el otro gran polo exportador. Sus exportaciones crecieron aceleradamente durante la década de 2000 hasta alcanzar 7-8 mbd hacia mediados de la década de 2010, consolidándose como proveedor de Europa. Tras las sanciones derivadas de la guerra en Ucrania, Rusia logró mantener elevados niveles exportadores mediante una rápida reorientación de flujos hacia China e India.
A pesar de guerras y conflictos internos, las exportaciones de Irak crecieron después de 2003 gracias a la expansión productiva del sur del país. Emiratos Árabes Unidos y Kuwait mantuvieron también niveles estables, fortaleciendo la concentración geográfica de la capacidad exportadora alrededor del Golfo. Estados Unidos protagonizó una transformación radical: de ser el principal importador neto, la expansión del shale oil convirtió al país en un exportador relevante a partir de la década de 2010. Canadá experimentó una evolución similar gracias al desarrollo de sus arenas bituminosas.
En contraste, varios exportadores históricos sufrieron pérdidas importantes. Venezuela registró el colapso más severo: a finales de los noventa superaba los 2 mbd, pero el deterioro institucional, la caída de inversiones y las sanciones provocaron un desplome extremadamente pronunciado. Irán enfrentó fluctuaciones severas por restricciones financieras y comerciales, mientras que Noruega y Reino Unido perdieron peso relativo por el agotamiento progresivo de los yacimientos del Mar del Norte.
México representa uno de los casos más relevantes de declive exportador relativo. Durante finales de los noventa y comienzos de los 2000, el país figuró entre los principales exportadores globales gracias al enorme rendimiento del complejo Cantarell, alcanzando niveles cercanos a 1.8-2 mbd. Sin embargo, a partir de mediados de la década de 2000 comenzó una reducción sostenida. México perdió peso relativo en el sistema exportador mundial, convirtiéndose en un ejemplo claro de cómo el agotamiento geológico y el incremento del consumo interno pueden erosionar la capacidad exportadora de una economía petrolera madura.
La evolución de las importaciones refleja una reorganización geográfica igualmente profunda. Entre 1995 y 2023, el centro de gravedad del sistema importador se desplazó del Atlántico Norte hacia Asia. Estados Unidos se mantuvo como el principal importador mundial desde 1995. En 2004, importó 9.4 mbd. Hasta 2018 Estados Unidos importó más petróleo que China. Pero, para 2023, Asia Oriental (China, Japón, Corea del Sur y Taiwán) y Asia Meridional (India, Pakistán, Bangladesh) absorbieron casi la mitad de las importaciones globales de petróleo. China protagonizó la transformación más importante: sus importaciones crecieron desde menos de 0.3 mbd en 1995 hasta casi alcanzar los 8 mbd en 2020, convirtiéndose en el principal importador mundial. India siguió una trayectoria similar, aunque en menor escala: sus importaciones crecieron de 0.4 mbd en 1995 a 3.3 mbd en 2021.
Japón experimentó una evolución distinta: en 1995 importó 4.1 mbd, pero en 2023 sólo importó 2.9 mbd. Corea del Sur mantuvo una elevada dependencia energética, con importaciones estables entre 2 y 3 mbd, sostenidas por la intensidad energética de su estructura industrial exportadora. Singapur se consolidó como un hub estratégico de refinación, almacenamiento y redistribución, con elevados niveles de importación que reflejan su papel como nodo logístico en las rutas marítimas asiáticas. En Europa Occidental se observó una pérdida progresiva de peso relativo: Países Bajos, Alemania, Francia, Italia y otros grandes importadores mantuvieron altos niveles absolutos, pero su participación disminuyó conforme crecían las economías asiáticas, debido al menor dinamismo económico, el estancamiento demográfico y la mejora en eficiencia energética.
En términos estructurales, el periodo 1995-2023 muestra una transición desde un sistema energético dominado por el Atlántico Norte hacia otro articulado alrededor de Asia-Pacífico. La demanda petrolera mundial dejó de concentrarse en Estados Unidos, Europa y Japón para desplazarse hacia China, India y otras economías asiáticas emergentes. Este cambio alteró profundamente la geografía del comercio energético internacional. Los grandes exportadores han tendido a ser más estables que los grandes importadores.
Este desplazamiento del Occidente al Oriente incrementó la relevancia geopolítica de puntos de estrangulamiento como el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Malaca. Conforme Asia se volvió más dependiente del petróleo del Golfo Pérsico, aumentó la vulnerabilidad sistémica del comercio energético marítimo mundial. Interrupciones logísticas, conflictos regionales o tensiones geopolíticas en dichas rutas poseen hoy un impacto potencial mucho mayor sobre la estabilidad del sistema económico global que el que habrían tenido hace 20 o 30 años.
La evolución de las importaciones petroleras entre 1995 y 2023 no refleja únicamente cambios comerciales o energéticos, sino una transformación mucho más profunda en la distribución geográfica de la producción industrial, del consumo energético y del poder económico global.






