El conflicto geopolítico en Oriente Medio comenzó a generar efectos severos sobre los mercados internacionales de minería, energía y metales industriales, provocando una de las mayores tensiones logísticas de los últimos años. De acuerdo con Wood Mackenzie, cerca del 50% del azufre transportado por vía marítima en el mundo se encuentra actualmente en riesgo debido a las interrupciones provocadas por el cierre parcial del estrecho de Ormuz y las crecientes restricciones marítimas en la región.
La situación ya comenzó a afectar directamente a grandes industrias internacionales vinculadas con aluminio, acero, cobre, níquel y fertilizantes, sectores que dependen fuertemente de materias primas y productos químicos provenientes del Golfo Pérsico. Empresas navieras internacionales como Maersk y Hapag Lloyd suspendieron operaciones en diversas rutas estratégicas, mientras más de 110 millones de barriles de petróleo permanecen almacenados en buques debido a los problemas de tránsito marítimo.
Wood Mackenzie señaló que el conflicto pasó rápidamente de ser una interrupción temporal a convertirse en un problema estructural de costos globales. El aumento de precios del petróleo, el combustible marítimo y el diésel comenzó a erosionar márgenes operativos en minas, fundiciones y cadenas industriales alrededor del mundo. Analistas explicaron que pocas industrias relacionadas con minería y metales permanecen aisladas de esta presión inflacionaria.
El mercado internacional del aluminio también enfrenta una situación delicada. Según estimaciones de Wood Mackenzie, Oriente Medio podría perder hasta 3.5 millones de toneladas de producción de aluminio durante 2026 debido a daños en infraestructura energética, cierres de emergencia y ataques sobre instalaciones industriales en Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Como consecuencia, el suministro mundial podría reducirse cerca de 3% este año.
En el caso del acero, la producción regional cayó aproximadamente 33% durante marzo, mientras las acerías iraníes sufrieron desplomes cercanos al 55%. La escasez de pellets y hierro reducido directo elevó fuertemente los costos de producción globales, impulsando aumentos superiores al 10% en algunos mercados industriales. China e Indonesia aceleraron producción para intentar cubrir parte del déficit internacional.
El cobre tampoco escapó de la presión internacional. Aunque Wood Mackenzie considera que el impacto global directo todavía es moderado, existe una preocupación creciente por la dependencia de países como la República Democrática del Congo respecto al suministro de ácido sulfúrico proveniente del Golfo. Los precios spot del ácido ya alcanzan niveles de entre 1000 y 1400 dólares por tonelada, afectando particularmente a operadores pequeños y medianos.
Mientras tanto, el sector del níquel enfrenta graves cuellos de botella logísticos debido a la dependencia de Indonesia del azufre importado desde Oriente Medio. Más del 75% del azufre granular importado por Indonesia durante 2025 provino de esa región, situación que hoy genera fuertes riesgos de desabasto y mayores costos para los productores vinculados al sector HPAL.
Wood Mackenzie también advirtió que el crecimiento económico mundial podría desacelerarse si el conflicto continúa escalando. La previsión de crecimiento global pasó de 2.5% a 2.3% durante el segundo trimestre de 2026, mientras persisten riesgos inflacionarios, retrasos en recortes de tasas de interés y volatilidad financiera internacional.
Especialistas consideran que incluso si el conflicto terminara de inmediato, las consecuencias sobre las cadenas de suministro podrían extenderse durante varios meses debido al aumento estructural de costos logísticos, energéticos y marítimos. Las compañías con cadenas de suministro regionales o más diversificadas podrían resistir mejor la crisis, mientras que empresas altamente dependientes de rutas marítimas internacionales enfrentarán mayores presiones operativas y financieras.






