La calificadora global además anticipó un 2026 con petróleo barato y volátil cuyo precio mínimo podría oscilar los 55 dólares por barril
Por Diego Aguilar
El diagnóstico de Moody’s sobre Petróleos Mexicanos (Pemex), relatado por Roxana Muñoz, Vice President -Senior Credit Officer en Moody’s Ratings, reflejó un delicado equilibrio financiero, resultado de una combinación de fragilidad estructural y soporte estatal que, si bien ha ayudado a la petrolera, ésta no ha aumentado su producción petrolífera.
A finales del año pasado, la agencia elevó la calificación crediticia de Pemex a B1, que anteriormente estaba en B3, una decisión sustentada en el respaldo explícito del gobierno federal, traducido en apoyos por alrededor de 50 mil millones de dólares. “El alza en la calificación reflejó que vimos a un gobierno detrás de la compañía, con un apoyo muy importante”, explicó Muñoz.
No obstante, la mejora fue acotada. La analista señaló que la nota de Pemex permanece cuatro escalones por debajo de la calificación soberana de México, debido a los problemas operativos que siguen pesando sobre la petrolera: una tendencia descendente en la producción de crudo y el desempeño negativo del negocio de refinación, que continúa generando pérdidas y requiere nuevas inversiones.
La analista destacó que, si bien el gobierno ha reabierto la puerta a la inversión privada mediante contratos mixtos, todavía no se observan proyectos capaces de modificar de forma significativa el perfil productivo de la empresa. “Vemos que hay apertura al sector privado, lo cual es positivo, pero aún no hay proyectos que esperemos cambien la producción de Pemex”, advirtió.
Además, mencionó que incluso si estos acuerdos comienzan a firmarse en 2026, su impacto sería diferido, reflejándose hasta 2028 o 2029. A corto plazo, la estabilidad crediticia de Pemex depende del respaldo presupuestal, pues enfrenta vencimientos relevantes de deuda en 2026, situación que llevó al gobierno a incluir apoyos adicionales en el Paquete Económico 2026.
“Dado que hay mayor certidumbre de que Pemex podrá afrontar amortizaciones, vencimientos e intereses a través de aportaciones del gobierno, mantenemos una perspectiva estable”, detalló Muñoz, al precisar que esta visión cubre un horizonte de 12 a 18 meses.
Sin embargo, también dijo que la petrolera no es ajena a los riesgos del entorno global. Explicó que la volatilidad del crudo puede jugar a favor o en contra de sus ingresos, dependiendo del balance entre exportaciones y refinación, justo cuando su plataforma productiva muestra signos de agotamiento.
Para Moody’s, el panorama que enfrentan Pemex y el resto de las compañías energéticas en México refleja un año complejo, marcado por bajo crecimiento económico, tensiones geopolíticas, renegociación del T-MEC y cambios en los flujos comerciales internacionales. “Las empresas que tengan una liquidez robusta son las que van a aguantar mejor esta incertidumbre”.
Prevén volatilidad en el mercado petrolero internacional
El mercado petrolero global se encamina a un 2026 marcado por precios contenidos, alta volatilidad y presiones estructurales. Roxana Muñoz estimó que el crudo Brent se moverá en un rango de 55 a 70 dólares por barril, reflejando riesgos coyunturales y cambios en los equilibrios de oferta y demanda.
“Nosotros trabajamos con escenarios base y conservadores. Para este año estamos considerando que el precio del Brent estará entre 55 y 70 dólares”, explicó Muñoz. Esta previsión se sustenta en una oferta en expansión y una demanda que no termina de reaccionar.
Por el lado de la producción, varios países mantienen incrementos sostenidos en su bombeo, lo que introduce presión adicional sobre las cotizaciones internacionales. Sin embargo, el factor más determinante se encuentra en el consumo.
“La demanda no está repuntando. Los crecimientos económicos que esperábamos ver, principalmente en China y otras regiones, no se han materializado, y eso limita el incremento en el consumo de petróleo”, señaló Muñoz.
Este desajuste entre oferta abundante y consumo débil es, a juicio de la experta, el principal detonante de la volatilidad del mercado en 2026. Explicó que no es un fenómeno transitorio, sino un entorno prolongado de incertidumbre para productores, inversionistas y gobiernos dependientes de ingresos petroleros.
En este contexto, señaló que factores geopolíticos como Venezuela pierden peso relativo. Aunque el país cuenta con una de las mayores reservas probadas del mundo, su producción actual ronda un millón de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que generaba históricamente.
Incluso bajo un escenario de apertura a la inversión extranjera, el impacto sería limitado en el corto plazo. La recuperación de la industria venezolana requeriría fuertes inyecciones de capital y varios años para traducirse en mayores volúmenes exportables.
“No es que lleguen las empresas, inviertan hoy y mañana se triplique la producción. Estos proyectos toman tiempo, estamos hablando de al menos tres años para empezar a ver un efecto relevante en el precio”, afirmó.
Así, el mercado petrolero enfrenta un 2026 condicionado por la economía global, en especial Asia, más que por sobresaltos políticos o ajustes puntuales de producción. Para las calificadoras, este entorno obliga a revisar con cautela las perspectivas financieras de las empresas del sector, particularmente en economías emergentes con alta exposición al crudo.






