El desarrollo de los yacimientos no convencionales atraviesa en el país un momento de definición. Tamaulipas se posiciona como una de las entidades con mayor interés en avanzar en esta materia, mientras que en diversos foros se analizan los elementos necesarios para que México construya una estrategia funcional.
La discusión avanzó en la mesa «Potencial y retos técnicos de los yacimientos no convencionales», realizada en la Cámara de Diputados como parte del encuentro «Una aproximación multidisciplinaria al fracturamento hidráulico», donde especialistas plantearon un argumento central: México no tendría que comenzar desde cero.
La experiencia acumulada en otras regiones productoras ofrece referencias para reducir tiempos, evitar errores y adaptar soluciones tecnológicas a las condiciones nacionales, señalaron especialistas durante la mesa.
Desde perspectivas distintas, los participantes aportaron elementos para dimensionar el potencial del subsuelo, los requerimientos operativos y las condiciones necesarias para avanzar hacia una estrategia de largo plazo, en un escenario marcado por la declinación de los campos convencionales y la elevada dependencia mexicana de las importaciones de gas natural.
Edmundo Leyva Jaramillo, director comercial de SLB para México, Centroamérica y Venezuela, dimensionó la urgencia de esa discusión al señalar que el país opera muy por debajo de sus máximos históricos de producción.
«Si no hacemos nada, todos los meses perdemos 40 mil barriles diarios de producción. Entonces, es una declinación brutal», advirtió.
Por su parte, Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hizo una distinción entre los yacimientos convencionales y aquellos en los que los hidrocarburos permanecen atrapados en formaciones de muy baja permeabilidad.
Estos últimos requieren fracturamiento hidráulico para liberar el petróleo o el gas y presentan una producción inicial que disminuye con rapidez, por lo que su aprovechamiento depende de campañas continuas de perforación.
«Después de tres años, prácticamente un pozo produce solo 10 por ciento de su nivel inicial. Eso implica que se tiene que perforar masivamente», explicó Ferrari, en una dinámica que se traduce en una operación mucho más intensiva que la de los campos convencionales.
Condiciones para desarrollar el potencial
La discusión también planteó la necesidad de conocer con mayor precisión qué recursos podrían convertirse en producción.
Ferrari recordó que buena parte de las estimaciones disponibles corresponde todavía a recursos prospectivos, es decir, volúmenes inferidos a partir de la información geológica, pero que aún no han sido incorporados como reservas.
Por ello, consideró necesario ampliar el conocimiento geológico e hidrogeológico de las cuencas antes de emprender proyectos de gran escala, además de evaluar las condiciones bajo las cuales podrían sostenerse económicamente.
Antonio Escalera Alcocer, exdirector de Exploración de Pemex Exploración y Producción, planteó que esa información deberá generarse mediante una estrategia que recupere el equilibrio entre los proyectos de corto, mediano y largo plazo.
«Una exploración de una empresa como Petróleos Mexicanos tiene que ser balanceada en el corto, mediano y largo plazo», sostuvo.
A su juicio, retomar esas actividades permitiría precisar el potencial disponible, pues «la exploración descubre y convierte recursos prospectivos en reservas».
Fabio Barbosa Cano, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, añadió que la evaluación deberá atender las características particulares de cada formación.
Al recuperar experiencias de empresas que estudiaron bloques mexicanos y posteriormente modificaron sus planes, sostuvo que el acceso a capital y tecnología debe estar acompañado por condiciones favorables en el subsuelo.
«Si no hay condiciones geológicas, se hace la inversión y fracasa», afirmó.
Las participaciones colocaron así la caracterización de las cuencas como punto de partida para cualquier estrategia.
La experiencia de otros países puede ofrecer referencias y soluciones, pero su aplicación dependerá de la capacidad para adaptarlas a la geología y a las necesidades operativas de México.
A partir de esa base, Leyva Jaramillo de SLB planteó que los modelos de comparación con otras experiencias «tienen que normalizarse a las lecciones aprendidas y a toda la curva de aprendizaje por el que otros países han pasado y que podemos adquirir».
«Nuevos desarrollos de no convencionales, especialmente en Emiratos Árabes, han reducido la curva de aprendizaje a cuatro o cinco años, porque aprenden de Estados Unidos y Argentina, y nosotros potencialmente podríamos aprender de los tres», agregó el experto.
Tecnología para una operación eficiente
La rápida declinación de los pozos convierte el desarrollo de los yacimientos no convencionales en una operación de largo aliento.
Esto obliga a mirar los proyectos como sistemas completos y no como una suma de pozos aislados donde, además de la perforación, se requiere coordinar caminos, ductos, almacenamiento y estaciones de procesamiento, lo que eleva las necesidades financieras y vuelve indispensable planear desde el inicio la continuidad de las operaciones.
Antonio Escalera Alcocer planteó que esa planeación debe comenzar desde la exploración.
A su juicio, México necesita recuperar una estrategia equilibrada que incorpore proyectos de corto, mediano y largo plazo, con el fin de generar información suficiente sobre las cuencas antes de avanzar hacia desarrollos de mayor escala.
En la fase de ejecución, el director comercial de SLB sostuvo que la eficiencia depende de estandarizar los procesos y aprovechar tecnologías que permitan repetir las operaciones con mayor consistencia.
«Esto es un «sistema fábrica». Hay que hacer mil o mil 200 pozos de manera continua y estandarizada», explicó.
Bajo ese modelo, la digitalización y la automatización pueden reducir variaciones durante la ejecución, mientras las decisiones geológicas continúan ajustándose a las características de cada formación.
«Entre más se pueda disminuir la intervención humana, más nos ayuda a estandarizar el proceso. La automatización y la operación remota son clave para el desarrollo de los no convencionales», agregó Leyva Jaramillo, para quien la aplicación de tecnología «tiene como método principal la ganancia de eficiencia», ya que a medida que aumenta la capacidad de ejecución, «el costo por etapa disminuye agresivamente».
Luca Ferrari coincidió en que la continuidad constituye una de las condiciones centrales de este tipo de desarrollos, debido al comportamiento productivo de los pozos.
«Si uno deja de perforar, básicamente cae rápidamente la producción», advirtió.
Las intervenciones mostraron que la experiencia internacional y las herramientas tecnológicas pueden acortar el aprendizaje de México, siempre que se integren en una estrategia propia, respaldada por mayor conocimiento del subsuelo y una planeación capaz de sostener las operaciones en el tiempo.
De esta manera, el desarrollo del fracking dependerá no solo de adoptar soluciones probadas, sino de ajustarlas a las capacidades y condiciones del territorio.






