La crisis energética derivada del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha obligado a varios países a tomar medidas extraordinarias para garantizar el suministro de combustibles y contener el impacto en sus economías. La incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz, una de las rutas clave para el transporte de crudo, ha intensificado la preocupación por la seguridad energética global.
En el caso de Japón, el gobierno decidió liberar reservas equivalentes a 30 días de consumo, tras haber recurrido previamente a existencias privadas por 15 días. Según la agencia Kyodo, se prevé la venta de 8.5 millones de kilolitros de petróleo desde 11 bases de almacenamiento distribuidas en el país. Además, la primera ministra Sanae Takaichi reactivó los subsidios a la gasolina, lo que redujo el precio promedio a 177.7 yenes por litro, frente al máximo histórico de 190.8 yenes registrado la semana anterior.
Por su parte, India aseguró el suministro de crudo para los próximos 60 días, con el objetivo de mantener la estabilidad interna pese a la interrupción de envíos desde Medio Oriente. El Ministerio de Petróleo destacó que el país recibe actualmente más crudo de sus 41 proveedores internacionales que el que llegaba anteriormente a través del estrecho de Ormuz. “La disponibilidad interna de gasolina y diésel sigue siendo estructuralmente segura”, señaló el comunicado oficial.
En Francia, el gobierno autorizó de manera temporal la venta de diésel que no cumple con los estándares técnicos habituales, como medida preventiva ante la posible escasez de combustible. El ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, afirmó que la situación energética en Francia “no es tan grave como en otros países de la Unión Europea”, aunque reconoció que se trata de un escenario de dificultades sin precedentes.
Las decisiones de Japón, India y Francia reflejan la magnitud del impacto que el conflicto en Medio Oriente está generando en los mercados internacionales de energía. La liberación de reservas estratégicas, la implementación de subsidios y la flexibilización de normas técnicas son parte de las medidas excepcionales que buscan contener la volatilidad del precio del crudo y garantizar el suministro de combustibles en un contexto de alta tensión geopolítica.






