El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, dio un plazo de un año a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para que retire su apoyo a los objetivos de cero emisiones netas, advirtiendo que de no hacerlo el país podría abandonar la organización. La declaración se produjo durante la reunión bienal de la agencia, generando tensiones con los países europeos.
Mientras Washington cuestiona la viabilidad de la agenda climática, los gobiernos europeos reafirmaron su compromiso con la transición energética y el impulso de combustibles más limpios. Desde el Acuerdo de París de 2015, casi 200 países, incluido Estados Unidos, se comprometieron a reducir el consumo de petróleo, gas y carbón con la meta de alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050.
“Ha habido tal mentalidad de grupo, 10 años invertidos en una ilusión destructiva de cero emisiones netas para 2050, que Estados Unidos utilizará toda la presión que tenga para conseguir que la AIE se aleje de esta agenda”, declaró Wright. El funcionario aseguró que varios países han expresado en privado su intención de priorizar la competitividad y la reindustrialización, aunque reconoció que pocos lo harán público.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha mantenido una postura crítica frente a los esfuerzos internacionales contra el cambio climático, favoreciendo el desarrollo de combustibles fósiles y limitando el avance de las energías renovables. Esta política ha generado fricciones con Europa y con organismos multilaterales, en los que Washington ha buscado reducir su participación financiera.
Por su parte, el director de la AIE, Fatih Birol, evitó pronunciarse sobre la exigencia estadounidense de eliminar el escenario de cero emisiones netas de su informe anual World Energy Outlook, pero subrayó que los datos de la agencia son reconocidos mundialmente por su fiabilidad. La disputa refleja el choque entre las prioridades energéticas de Estados Unidos y los compromisos climáticos de Europa.






