Por Iztel Alaniz
El Museo Nacional de Energía y Tecnología (MUNET) tuvo su preapertura este mes y, a diferencia de su antecesor, el Museo Tecnológico (MUTEC), busca acercar la ciencia y los temas energéticos al público mediante experiencias inmersivas, tecnología interactiva y explicaciones sencillas para personas de todas las edades.
El Museo Tecnológico (MUTEC) de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) inició actividades en 1970 y se convirtió en el primer museo de ciencias interactivas de América Latina. Tres décadas después atravesó un proceso de modernización que lo posicionó entre los espacios más equipados del entonces Distrito Federal. Sin embargo, el recinto necesitaba una renovación que incorporara infraestructura moderna, experiencias inmersivas y una visión centrada en la sostenibilidad y el cambio climático. De esa transformación surgió el MUNET.

Al llegar al museo, los visitantes reciben la bienvenida de Lumino, un robot capaz de responder preguntas básicas sobre la energía. Después de esa introducción, el recorrido inicia en las cuatro salas ubicadas en la parte superior del edificio.
La primera sala presenta los conceptos fundamentales sobre el Sol y la forma en que produce energía. En el centro del espacio destaca una maqueta de una ciudad completamente blanca que muestra cómo los paneles solares captan la luz del Sol y la transforman en electricidad para abastecer viviendas, edificios y alumbrado público. Es decir, convierten la energía solar en electricidad, como ocurre con los paneles instalados en algunas casas o comercios.
Alrededor de la sala, varias pantallas explican de forma sencilla qué es la energía y cuál es el papel de la CFE para generar, transportar y distribuir electricidad hasta millones de hogares, hospitales, escuelas e industrias del país.

La siguiente sala muestra cómo la electricidad viaja desde las plantas generadoras hasta las ciudades mediante maquetas de torres y líneas de transmisión, similares a las que se observan en las carreteras o calles. El espacio explica que la electricidad es una energía secundaria porque no se obtiene directamente de la naturaleza. Antes debe producirse a partir de fuentes primarias, como el Sol, el agua, el viento o el gas. Un ejemplo cotidiano ocurre cuando se enciende un foco: la electricidad recorrió cientos de kilómetros antes de llegar al interruptor de una vivienda.

Otra de las energías representadas corresponde a la energía eólica. Mediante un botón instalado en una pantalla, los visitantes ponen en movimiento las palas, mejor conocidas como aspas, de un aerogenerador para comprender cómo el viento impulsa las turbinas y produce electricidad. En otras palabras, la fuerza del viento mueve las aspas, igual que sucede con un molino, y ese movimiento se transforma en energía eléctrica.
El museo también explica la diferencia entre la energía potencial y la energía cinética mediante una actividad interactiva. Los visitantes lanzan una pelota impulsada por un resorte para que recorra un laberinto. Antes de salir disparada, la energía permanece almacenada en el resorte; esa es la energía potencial. Cuando la pelota comienza a moverse, esa energía se convierte en energía cinética, que corresponde a la energía del movimiento.
En las salas de la planta baja, el recorrido aborda la bioenergía, que surge del aprovechamiento de materia orgánica o biomasa, como residuos agrícolas, forestales o desechos urbanos. Grandes contenedores transparentes muestran cómo esos materiales pueden convertirse en calor, electricidad o combustibles. Un ejemplo de este proceso consiste en transformar los restos de cultivos en biogás para producir energía.

Otra de las experiencias se desarrolla en un teatro con proyección de 360 grados, donde los asistentes conocen el funcionamiento de la energía geotérmica. Las ilustraciones muestran cómo el calor del interior de la Tierra calienta el agua subterránea hasta convertirla en vapor, el cual impulsa grandes turbinas que generan electricidad. Este principio opera en plantas geotérmicas como las que existen en Cerro Prieto, Baja California.
En el primer piso también se encuentran dos de las nuevas atracciones del MUNET: Black Box y MUNET Niños.
Black Box ofrece una experiencia inmersiva en la que los visitantes aprenden sobre los distintos tipos de energía mediante el movimiento del cuerpo frente a una pantalla. Luces LED, sonido envolvente e imágenes muestran un recorrido que inicia con el Big Bang y concluye con el suministro de energía a una ciudad.
Por su parte, MUNET Niños elimina casi por completo las explicaciones escritas y apuesta por el aprendizaje mediante el juego.

La atracción invita a escalar puentes, deslizarse por resbaladillas y pisar flores iluminadas para abastecer de energía una ciudad ubicada al fondo del espacio. Conforme los niños realizan esas actividades, las casas comienzan a encender sus luces. Si nadie participa, la ciudad permanece sin electricidad.
«En MUNET Niños reunimos todos los temas del museo en un espacio donde los pequeños aprenden con el juego. Cada actividad les muestra que sus movimientos producen energía y permiten iluminar la ciudad, lo que vuelve el aprendizaje mucho más divertido», explicó Alejandra Aldasoro, trabajadora del museo.
Con esta renovación, el MUNET busca que conceptos como la electricidad, la energía solar o la bioenergía dejen de percibirse como temas exclusivos de especialistas. A través de experiencias interactivas, el museo pretende que niños, jóvenes y adultos comprendan, de manera sencilla, cómo la energía forma parte de la vida cotidiana y cuál es su importancia para el futuro del país y el cuidado del medio ambiente.







