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El verdadero reto energético de México no es generar más electricidad. Es garantizar el crecimiento.

Por Alejandro Escandón, Director General de A3T

Mientras gran parte de la conversación energética sigue concentrándose en cómo fortalecer el sistema eléctrico, el mundo ya está compitiendo por algo igual de importante: ¿quién será capaz de garantizar la energía necesaria para sostener la siguiente etapa de crecimiento económico?

Ese será uno de los grandes diferenciadores entre las economías que lideren el desarrollo industrial y aquellas que simplemente observen cómo las oportunidades llegan a otros lugares.

Durante décadas, la energía fue entendida como un insumo para producir bienes productivos y de desarrollo. Hoy esa definición resulta insuficiente. La energía se ha convertido en infraestructura para la competitividad.

Cada decisión de inversión depende de múltiples factores: talento, estabilidad, logística, acceso a mercados, infraestructura y certidumbre jurídica. A esa lista se suma, con un peso cada vez mayor, la capacidad de garantizar un suministro energético confiable, a precios competitivos y con visión de largo plazo.

No es una realidad exclusiva de México, es una transformación que ya está ocurriendo en todo el mundo.

La expansión de los centros de datos, la inteligencia artificial, la electrificación industrial, la movilidad eléctrica y la relocalización de cadenas productivas están incrementando la demanda de electricidad a un ritmo que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar.

La pregunta ya no es si esa demanda llegará. La pregunta es si tendremos la capacidad para acompañarla. Porque existe una diferencia que pocas veces forma parte del debate público. Una inversión industrial puede decidirse en cuestión de meses. Desarrollar la infraestructura energética que esa inversión necesita puede tomar varios años, entre 3 y 5 años.

Cerrar esa brecha será uno de los mayores retos para las economías durante la próxima década. Por eso considero que la conversación energética está evolucionando.

Durante mucho tiempo discutimos quién debía generar la electricidad.

Hoy la pregunta debe a ser otra. ¿Cómo aseguramos que la energía nunca sea el factor que limite el crecimiento de México? Responder esa pregunta exige mirar más allá de un solo componente del sistema. Las reglas claras son indispensables. También lo son la planeación de largo plazo, la inversión, la innovación, el desarrollo tecnológico, la expansión de la infraestructura y la ejecución oportuna de los proyectos estratégicos.

En ese contexto, la Comisión Federal de Electricidad continuará desempeñando un papel central para la seguridad energética nacional. Al mismo tiempo, el tamaño del desafío hace indispensable aprovechar todas las capacidades técnicas, financieras y de innovación que, dentro del marco regulatorio vigente, puedan contribuir al fortalecimiento del sistema eléctrico mexicano.

Más que hablar de modelos contrapuestos, conviene hablar de un objetivo compartido. Construir un sistema eléctrico suficientemente sólido para acompañar el crecimiento del país. Ese objetivo requiere sumar capacidades, mas no dividirlas.

La conversación también está cambiando dentro de las empresas. Hace algunos años bastaba con analizar cuánto costaría la electricidad. Hoy los consejos de administración empiezan a formular preguntas distintas: ¿Existirá capacidad suficiente para una futura expansión?, ¿la infraestructura crecerá al mismo ritmo que el negocio?, ¿cómo reducir riesgos operativos asociados al suministro energético?, ¿cómo asegurar competitividad durante los próximos veinte años?

La energía dejó de ser solamente un costo operativo, ahora mas que nunca se convirtió en una decisión estratégica.

En ese contexto, esquemas como el autoconsumo y otras soluciones energéticas pueden seguir aportando valor cuando fortalecen la continuidad operativa, responden a necesidades reales y se desarrollan plenamente dentro del marco legal aplicable.

Estos esquemas representan herramientas que pueden complementar una estrategia energética moderna.

Estoy convencido de que, durante la próxima década, la competitividad de los países dependerá cada vez más de su capacidad para transformar crecimiento económico en infraestructura disponible. La energía será una parte esencial de esa ecuación.

El gran reto consistirá en asegurar que el desarrollo de la infraestructura energética avance con la misma visión, coordinación y velocidad que el crecimiento económico que todos queremos impulsar. Porque el futuro energético de México no se definirá únicamente por las leyes que apruebe. Se definirá por su capacidad para garantizar que ninguna inversión deje de llegar por falta de energía.

Que ninguna empresa detenga su crecimiento por falta de infraestructura. Y que la energía deje de verse únicamente como un tema del sector eléctrico para asumirse como una decisión sobre el futuro económico del país.

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