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Donald Trump activa estrategia global con la IEA para liberar petróleo y contener la mayor crisis energética en décadas

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La administración del presidente Donald Trump ha puesto en marcha una de las estrategias más relevantes de los últimos años para enfrentar la volatilidad en los mercados energéticos internacionales. En coordinación con la Agencia Internacional de Energía (IEA) y más de 30 países, Estados Unidos busca prestar hasta 92.5 millones de barriles de petróleo desde su Reserva Estratégica (SPR), como parte de un acuerdo global para mitigar el impacto del conflicto en Medio Oriente.

Este volumen forma parte de un compromiso mayor de 172 millones de barriles que el país norteamericano acordó movilizar, dentro de un paquete internacional que contempla la liberación de aproximadamente 400 millones de barriles para estabilizar la oferta global de crudo.

La medida surge en un momento crítico. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha generado una disrupción significativa en el suministro energético, elevando los precios del petróleo a niveles no vistos en varios años. En paralelo, los combustibles han alcanzado máximos históricos, impactando directamente a consumidores, industrias y economías nacionales.

Fatih Birol, director ejecutivo de la IEA, ha calificado esta situación como la mayor crisis energética de la historia moderna, destacando la urgencia de acciones coordinadas para evitar un desbalance aún mayor en los mercados.

El mecanismo diseñado por el Departamento de Energía de Estados Unidos consiste en otorgar préstamos de crudo a empresas energéticas, quienes deberán devolver el volumen recibido con un excedente que puede alcanzar hasta un 24%. Este modelo permite inyectar liquidez al mercado sin comprometer recursos fiscales, lo que representa una herramienta clave para estabilizar precios sin afectar directamente a los contribuyentes.

Actualmente, la Reserva Estratégica de Petróleo mantiene cerca de 398 millones de barriles almacenados en cavernas ubicadas en Texas y Luisiana, lo que equivale aproximadamente a cuatro días de consumo mundial. La liberación de estos recursos busca enviar una señal clara de respaldo al mercado energético global en un entorno de alta incertidumbre.

Además del impacto económico, esta estrategia también tiene implicaciones políticas. El aumento en los precios de los combustibles representa un riesgo para el entorno electoral en Estados Unidos, especialmente de cara a los comicios legislativos, donde el control del Congreso está en juego.

En este contexto, la decisión de movilizar reservas estratégicas no solo responde a una necesidad energética, sino también a un intento de contener presiones inflacionarias y estabilizar la economía en el corto plazo.

La evolución de esta medida dependerá en gran medida de la duración del conflicto en Medio Oriente y de la respuesta de los mercados internacionales. Sin embargo, queda claro que la coordinación global y el uso de reservas estratégicas se han convertido en herramientas fundamentales para enfrentar crisis energéticas de gran escala.

La guerra por el control de los flujos energéticos globales

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Juan Arellanes es profesor de Geopolítica y Desafíos Globales en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México. Posee experiencia en docencia, investigación y consultoría en temas medioambientales, urbanos y energéticos. Su área de especialidad académica es la seguridad energética y la geopolítica del petróleo.

El funcionamiento de la economía mundial descansa sobre un hecho fundamental que con frecuencia se pierde de vista: la producción, el transporte, la urbanización y, en última instancia, la reproducción material de la vida social, dependen de flujos continuos de energía, principalmente hidrocarburos, que circulan a través de redes logísticas altamente integradas. Estos flujos se encuentran físicamente materializados en oleoductos, buques-tanque, refinerías y corredores marítimos que conectan regiones productoras con centros de consumo. La estabilidad del sistema económico global no depende únicamente de la disponibilidad de recursos energéticos, sino de capacidad de acceder a tales recursos por medio de las infraestructuras que permiten su circulación. La interrupción de estos flujos puede generar efectos negativos desproporcionados en la economía mundial.

El sistema económico global se sostiene, en última instancia, sobre una premisa que hoy debería cuestionarse: la energía siempre estará disponible. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la continuidad del flujo de petróleo (y también del gas) no fue resultado de la paz, de la estabilidad política o económica o de la autorregulación del mercado, sino de una arquitectura de poder capaz de gestionar múltiples riesgos. Dicha arquitectura, hegemonizada por Estados Unidos, se ha basado en una presencia militar abrumadora, el control de rutas marítimas, dominio financiero y capacidad de coerción sobre nodos críticos. El Golfo Pérsico ha sido la máxima expresión de esa lógica: un espacio geopolíticamente inestable que, sin embargo, permitía, cada día, el flujo de millones de barriles de petróleo y combustibles líquidos, de decenas de miles de toneladas de fertilizantes y de cientos de millones de metros cúbicos de gas natural licuado.

Esa premisa, “la energía siempre estará disponible”, se asumió como normalidad. Pero no es una condición natural, sino una construcción política. En los últimos años hemos escuchado hablar de la transición energética a renovables, del auto eléctrico, del abandono de los combustibles fósiles, de la proximidad del máximo nivel de demanda de petróleo. Pero el petróleo sigue siendo esencial en el transporte, la agricultura, la minería, la petroquímica y la industria intensiva en energía. Sin petróleo, la civilización no podría existir tal como la conocemos. El problema no es que no haya petróleo (aunque los mayores yacimientos de petróleo convencional están en proceso de agotamiento), sino que su circulación desde el Golfo Pérsico ya no está garantizada.

La guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero no es sólo un conflicto regional centrado en el programa nuclear iraní. Es una confrontación por el control de los flujos energéticos globales. En última instancia, es una lucha por la capacidad de condicionar el acceso al recurso estratégico más importante: el petróleo. El alto al fuego anunciado el pasado 6 de abril y las posteriores negociaciones entre Irán y Estados Unidos no constituyen un intento genuino de desescalada, sino una pausa táctica dentro de una guerra más amplia. Las sanciones financieras, la presión sobre los circuitos de pagos y el despliegue de un bloqueo naval en el Océano Índico contra Irán, por parte de Estados Unidos, deben entenderse como instrumentos de coerción económica, geopolítica y militar que no sólo buscan contener a Irán, sino reconfigurar el equilibrio de poder global, particularmente en relación con China, que se ha convertido en el mayor importador de petróleo crudo.

Esta dinámica recuerda la lógica histórica del bloqueo naval, pero en una forma híbrida. En la geopolítica clásica, el control de rutas marítimas ha sido un elemento decisivo del poder estatal, en la medida en que permite condicionar el acceso a recursos, mercados y flujos estratégicos. Los puntos de estrangulamiento (chokepoints) funcionan como espacios donde vastos sistemas logísticos se comprimen en corredores estrechos y altamente vulnerables. El control de estos puntos permite ejercer un poder desproporcionado sobre la economía global. Sin embargo, ese mismo poder introduce una fragilidad sistémica: cuando el flujo se interrumpe, no sólo se afecta al adversario, sino al conjunto del sistema que depende de su continuidad. Hoy en día, la afectación es el conjunto de la economía global.

En décadas recientes, esta lógica de bloqueo físico se ha articulado con el control de infraestructuras financieras y regulatorias que han permitido a Estados Unidos ejercer una forma de “bloqueo institucional”. El resultado es un dispositivo híbrido de poder, en el que la capacidad de interrumpir flujos materiales se combina con la posibilidad de excluir actores de los circuitos económicos globales, amplificando así el alcance y las consecuencias de la coerción. En eso han consistidos los “bloqueos” a Irán, Venezuela y Corea del Norte. Estados Unidos esperaba que el bloqueo institucional funcionara contra Rusia, pero no fue así.

Lo que está emergiendo en el Golfo Pérsico es una situación más compleja: una dinámica de “bloqueo mutuo” en la que ambos actores instrumentalizan la interdependencia del sistema energético global como arma. Irán, mediante la disrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, con la amenaza y el hundimiento de buques, busca presionar a los aliados de Estados Unidos y trasladar costos políticos y económicos hacia Occidente. Irán no aspira a controlar flujos globales desde el Golfo Pérsico, ni tampoco puede obtener rentas de tránsito canalero (como Panamá o Egipto). Aspira a obtener una renta de coerción que sirva de compensación a los daños en su territorio provocados por Israel y Estados Unidos. Lo que Irán intenta hacer tendría un fundamento jurídico muy ambiguo. Pero si lo logra (o no) no dependerá de lo que diga la ley, sino del resultado de la guerra.

Por su parte, Washington intenta bloquear las exportaciones iraníes y los flujos financieros asociados, con la expectativa de afectar indirectamente a China. No obstante, este bloqueo es imperfecto: disuade, pero no impide por completo los flujos. Esta situación puede dirigir a una escalada progresiva hacia formas más agresivas de interrupción del flujo. La hegemonía estadounidense ha descansado en su capacidad de garantizar la seguridad de estas rutas. Pero ahora parece transformarse de garante de la circulación energética a agente de su disrupción.

La dimensión más profunda del conflicto es la militar-industrial. La guerra ha evidenciado límites estructurales de las economías avanzadas para sostener campañas de alta intensidad. El rápido agotamiento de municiones e interceptores indica una base productiva menos robusta que lo que sugiere el poder financiero. En un escenario de guerra de desgaste, la ventaja es para quienes sea capaz de mantener el ritmo y hacer daño sin colapsar. La guerra deja de ser únicamente una confrontación tecnológica para convertirse en una prueba de resistencia industrial.

Los ataques a la infraestructura energética, industrial y civil en toda la región del Golfo han reducido de manera significativa la producción y exportación de petróleo y gas, generando un shock de oferta sin precedentes. Este shock no se limita a un aumento de precios, sino que amenaza con evolucionar hacia escasez física de energía, disrupciones logísticas, contracción económica y tensiones financieras globales. Lo que está en juego es la integridad del metabolismo energético de la economía mundial

CENACE y SENER impulsan una transformación decisiva del sistema eléctrico mexicano en medio de tensiones estructurales que ponen a prueba su estabilidad

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El Centro Nacional de Control de Energía junto con la Secretaría de Energía encabezan una reconfiguración profunda del sector eléctrico nacional frente a un escenario marcado por retos que afectan su desempeño y confiabilidad donde el crecimiento constante de la demanda la infraestructura limitada y en algunos casos rezagada así como las restricciones en las redes están generando presiones cada vez más visibles que dificultan el aprovechamiento pleno de la energía disponible al mismo tiempo que la incorporación de fuentes renovables avanza en un entorno complejo y la dependencia de combustibles fósiles mantiene al sistema expuesto a riesgos externos

En este contexto la falta de alineación entre la expansión de redes y el desarrollo de nuevas centrales eléctricas ha provocado ineficiencias operativas y tensiones que pueden comprometer la estabilidad del sistema eléctrico nacional por lo que el CENACE se posiciona como el eje técnico fundamental al encargarse del control en tiempo real del sistema la administración del mercado eléctrico mayorista el equilibrio entre oferta y demanda y la integración de nuevas tecnologías asegurando así condiciones de confiabilidad continuidad y eficiencia en el suministro eléctrico

De cara al futuro el organismo impulsa una estrategia integral hacia 2030 enfocada en modernizar tecnológicamente el sistema fortalecer la planeación energética optimizar el funcionamiento del mercado eléctrico robustecer la ciberseguridad y desarrollar talento especializado capaz de responder a los desafíos actuales y futuros mientras se acelera la transición energética mediante una mayor incorporación de energías limpias el uso de soluciones de almacenamiento y la reducción progresiva de la dependencia de combustibles fósiles

Así el rumbo energético de México estará determinado por la capacidad de coordinar eficazmente la inversión la operación y la regulación en un entorno global cada vez más exigente donde no solo se busca eficiencia técnica sino también consolidar un modelo energético más justo sostenible y resiliente

BP y Petróleos de Venezuela transforman el panorama energético del Caribe con un nuevo proyecto de gas

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El gobierno de Venezuela y la empresa británica BP firmaron un memorando de entendimiento para la exploración y desarrollo de gas natural en alta mar, en una zona estratégica ubicada en el área de Loran, cerca de la frontera marítima con Trinidad y Tobago. Este proyecto representa un paso importante en los esfuerzos del país por revitalizar su industria energética mediante alianzas internacionales.

La región donde se desarrollará la iniciativa es clave por su potencial gasífero, ya que comparte características geológicas con importantes campos ubicados en el Caribe. Esta condición le otorga un valor estratégico tanto para el abastecimiento energético como para futuras oportunidades comerciales en la región.

El acuerdo fue firmado en Caracas en una ceremonia oficial en la que participaron autoridades gubernamentales y representantes de la compañía energética. La presidenta interina Delcy Rodríguez destacó que el regreso de BP refleja el tipo de cooperación internacional que busca impulsar el país, basada en beneficios compartidos y desarrollo conjunto.

Desde la perspectiva energética, el proyecto forma parte de una estrategia más amplia orientada a incrementar la producción de gas natural, atraer inversión extranjera y fortalecer la infraestructura energética nacional. Asimismo, busca posicionar a Venezuela como un actor relevante en el suministro de gas en el Caribe.

Este movimiento se da en un contexto donde la seguridad energética ha cobrado mayor relevancia a nivel global, impulsando acuerdos entre países y empresas para garantizar el acceso a recursos estratégicos. En este sentido, el gas natural continúa consolidándose como un elemento clave en la transición energética y en la estabilidad del suministro.

Además, el memorando firmado con BP se suma a otros acuerdos recientes con compañías internacionales como ENI y Repsol, lo que refuerza la tendencia de apertura del sector energético venezolano y su intención de integrarse nuevamente en el mercado global.

En conjunto, esta alianza representa un paso significativo en la reconfiguración del mapa energético regional, donde la cooperación internacional y el aprovechamiento de recursos naturales juegan un papel fundamental para el desarrollo económico y energético.

Repsol gana 929M y dispara sus beneficios un 154% en plena tensión energética global

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Repsol registró un sólido desempeño financiero durante el primer trimestre de 2026 al alcanzar un beneficio neto de 929 millones de euros, lo que representa un crecimiento superior al 150% respecto al mismo periodo del año anterior. Este resultado estuvo impulsado principalmente por la revalorización de inventarios en un contexto marcado por el incremento de los precios del petróleo y los productos derivados, derivado de las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo.

El resultado neto ajustado, que refleja el comportamiento real de los negocios, también mostró un crecimiento relevante, superando ampliamente las cifras del año anterior. Este indicador confirma la fortaleza estructural del modelo de negocio de la compañía, más allá de efectos extraordinarios.

En términos operativos, el EBITDA ajustado alcanzó niveles significativamente superiores, duplicando prácticamente el registrado en el mismo trimestre de 2025. Este desempeño estuvo respaldado por márgenes de refino más altos y un entorno favorable en los mercados energéticos internacionales.

Ante este escenario, Repsol ha optado por fortalecer su posición estratégica destinando alrededor de 1.200 millones de euros a incrementar sus inventarios, con el objetivo de garantizar la seguridad del suministro energético, especialmente en España. Esta decisión cobra especial relevancia en un contexto donde la estabilidad del suministro se ha convertido en una prioridad para las economías europeas.

Asimismo, la compañía ha anunciado planes para incrementar la producción de queroseno entre un 15% y un 20%, anticipando la creciente demanda del sector turístico durante los próximos meses. Esta estrategia refleja la capacidad de adaptación de la empresa ante cambios en la demanda energética global.

En el ámbito financiero, la compañía mantiene una sólida generación de flujo de caja, lo que le ha permitido cubrir inversiones, dividendos y programas de recompra de acciones. La deuda neta se mantiene en niveles controlados, con un apalancamiento estable, lo que refuerza su posición financiera en un entorno incierto.

Además, Repsol continúa avanzando en su estrategia global con proyectos relevantes en distintas regiones, incluyendo Europa, América y Brasil, consolidando su presencia en exploración, producción y transición energética.

El consejero delegado, Josu Jon Imaz, destacó que el contexto actual está redefiniendo el panorama energético global, lo que obliga a las compañías a priorizar la seguridad de suministro, la eficiencia operativa y la resiliencia financiera. En este sentido, la compañía busca mantener un equilibrio entre rentabilidad y estabilidad en un mercado caracterizado por alta volatilidad.

En conjunto, los resultados de Repsol reflejan la capacidad de las grandes energéticas para adaptarse a escenarios complejos, capitalizando oportunidades derivadas de la volatilidad del mercado, mientras refuerzan su papel como actores clave en la seguridad energética global.

Layda Sansores impulsa acuerdo con Comisión Federal de Electricidad para reducir 50% tarifas eléctricas en Campeche

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El gobierno del estado de Campeche firmó un nuevo convenio con la Comisión Federal de Electricidad para aplicar una reducción del 50% en el costo del consumo eléctrico para usuarios domésticos durante el periodo comprendido del 1 de mayo al 31 de octubre de 2026. Esta medida busca mitigar el impacto económico derivado del incremento en el uso de energía eléctrica durante la temporada de altas temperaturas, cuando la demanda se eleva de manera significativa en los hogares.

Este programa, que se implementa por quinto año consecutivo, beneficiará a aproximadamente 300,000 usuarios, lo que representa cerca del 80% del total de consumidores domésticos en el estado. La continuidad de este esquema refleja una estrategia sostenida de apoyo a la economía familiar, particularmente en regiones con condiciones climáticas extremas.

Para hacer viable esta política pública, el gobierno estatal destinará un subsidio cercano a los 70 millones de pesos, permitiendo reducir el impacto directo en las tarifas eléctricas. A este beneficio se suma la aplicación de la tarifa 1F, considerada la más baja dentro del esquema tarifario nacional para zonas con altas temperaturas, lo que amplifica el efecto del apoyo económico.

Además del subsidio directo, el convenio contempla acciones complementarias orientadas a la eficiencia energética. Entre ellas, se han realizado diagnósticos en edificios públicos con altos niveles de consumo, logrando en algunos casos reducciones de hasta el 20% en el gasto eléctrico. Estas medidas no solo representan ahorros para las finanzas públicas, sino que también contribuyen a una gestión más eficiente de los recursos energéticos.

De manera paralela, las autoridades han impulsado campañas de concientización dirigidas a la población, promoviendo prácticas como el uso responsable de la electricidad, el aprovechamiento de la luz natural y la reducción del consumo innecesario. Estas acciones buscan generar una cultura energética más sostenible y reducir la huella ambiental asociada al consumo eléctrico.

El acuerdo también tiene un componente estratégico en materia ambiental, ya que el uso eficiente de la energía contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, alineándose con los objetivos de sostenibilidad a nivel nacional e internacional.

En conjunto, esta iniciativa posiciona a Campeche como un referente en la implementación de políticas energéticas locales orientadas tanto al bienestar social como a la sostenibilidad, combinando subsidios directos, eficiencia energética y educación ciudadana para enfrentar los retos del consumo eléctrico en contextos de alta demanda.

Petróleos Mexicanos amplía pérdidas en 2026 mientras Claudia Sheinbaum impulsa estrategia energética nacional

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Petróleos Mexicanos registró un desempeño financiero adverso durante el primer trimestre de 2026, al reportar pérdidas cercanas a los 46 mil millones de pesos, superando los números negativos del mismo periodo del año anterior. Este resultado se dio en un contexto internacional caracterizado por precios elevados del petróleo, lo que evidencia que los retos de la empresa van más allá del entorno de mercado.

La disminución de ingresos, derivada principalmente de una menor plataforma de exportaciones, se combinó con presiones adicionales como el deterioro de activos, el incremento en costos financieros y efectos cambiarios adversos. Todo ello impactó de forma directa en la rentabilidad de la empresa estatal.

Sin embargo, no todos los indicadores fueron negativos. Pemex logró reducir su deuda financiera a alrededor de 79 mil millones de dólares, marcando su nivel más bajo desde 2014. Este ajuste vino acompañado de una disminución en el costo financiero, lo que refleja una estrategia enfocada en mejorar su perfil de endeudamiento y estabilidad financiera.

En términos operativos, la compañía reportó un incremento en la producción de hidrocarburos líquidos, impulsado por campos estratégicos como Maloob, Ixachi y Quesqui. Asimismo, el procesamiento de crudo creció más de 20%, alineándose con la política de priorizar la refinación interna para fortalecer la autosuficiencia en combustibles.

Este desempeño se da en el marco de la política energética del gobierno de Claudia Sheinbaum, que plantea como objetivo elevar la producción nacional a 1.8 millones de barriles diarios hacia el cierre del sexenio en 2030. No obstante, la tendencia histórica de declive en la producción plantea interrogantes sobre la viabilidad de esta meta.

En conjunto, los resultados de Pemex reflejan un escenario complejo donde la empresa enfrenta el desafío de equilibrar sostenibilidad financiera, eficiencia operativa y los objetivos estratégicos del país en materia energética.

Banco de España alerta sobre menor margen fiscal en América Latina ante encarecimiento energético por conflicto en Irán

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El conflicto en Irán ha desencadenado un impacto significativo en las economías de América Latina, provocando un aumento en los precios de la energía y alimentos, así como una depreciación generalizada de las monedas en países clave como México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. Este entorno ha elevado las expectativas de inflación y ha generado un endurecimiento de las condiciones financieras globales.

De acuerdo con el Banco de España, las principales economías de la región enfrentan niveles de deuda elevados, con probabilidades inferiores al 30% en Brasil y al 20% en México para estabilizar sus pasivos. Esta situación reduce considerablemente el margen fiscal disponible para absorber el impacto del aumento en los costos energéticos.

El precio del petróleo, que ha subido cerca de un 60% desde finales de febrero, se ha convertido en un factor determinante. Mientras países exportadores como Brasil y Colombia experimentan mejoras en ingresos fiscales y términos de intercambio, economías importadoras como Chile y Perú enfrentan mayores presiones inflacionarias y deterioro en sus balanzas comerciales.

En el frente fiscal, se estima que México podría obtener ingresos adicionales equivalentes al 1.4% del PIB, seguido por Chile con 1.1%, Perú con 0.5%, Colombia con 0.4% y Brasil con 0.2%. Sin embargo, estos beneficios se ven parcialmente compensados por el aumento en los costos de financiamiento y la volatilidad externa.

El contexto también ha frenado el dinamismo financiero observado en 2025, cuando la región alcanzó emisiones récord superiores a 56,000 millones de dólares. La incertidumbre geopolítica ha cambiado las expectativas del mercado, incluso anticipando posibles subidas de tasas en países como Chile y Perú.

En este escenario, los gobiernos latinoamericanos enfrentan el reto de equilibrar subsidios, estabilidad fiscal y control inflacionario, en un entorno donde la volatilidad energética global redefine las perspectivas económicas de la región.

Jesús Sáenz asume la presidencia de la ANIQ en un momento decisivo para la industria química

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La Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) anunció la llegada de Jesús Sáenz a la presidencia del organismo, marcando el inicio de una nueva etapa tras la gestión de José Carlos Pons. El relevo ocurre en un contexto relevante para el sector, donde la evolución del comercio global, los cambios regulatorios y la presión competitiva están redefiniendo el rumbo de la industria.

Sáenz cuenta con una sólida formación financiera y actualmente encabeza Quimobásicos, empresa desde la cual ha impulsado estrategias enfocadas en la eficiencia operativa y la continuidad en el suministro de insumos clave. Su perfil combina experiencia técnica y visión estratégica, cualidades que serán determinantes en su nuevo rol.

A lo largo de más de tres décadas de trayectoria profesional, ha ocupado posiciones de alta dirección en empresas multinacionales con presencia en Europa, África y América Latina. Durante su paso por Cemex, desempeñó funciones relevantes tanto en la gestión de operaciones internacionales como en áreas vinculadas a la planeación corporativa y el desarrollo de negocios.

La designación de Sáenz se produce en una coyuntura en la que la industria química busca fortalecer su posicionamiento, adaptarse a nuevas dinámicas globales y consolidar su papel como sector estratégico para el desarrollo económico. Su liderazgo será clave para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que se presentan en el entorno actual.

Ignacio Sánchez Galán ajusta previsiones de Iberdrola tras resultados mixtos en el primer trimestre de 2026

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Iberdrola reportó un beneficio neto de 1,711.3 millones de euros en el primer trimestre de 2026, lo que representa una caída del 14.6% frente a los 2,004.3 millones registrados en el mismo periodo del año anterior. No obstante, al considerar ajustes extraordinarios, el beneficio neto ajustado creció un 11.4% hasta los 1,865 millones de euros, superando las expectativas operativas.

El resultado bruto de explotación (Ebitda) se situó en 4,067.1 millones de euros, con una disminución del 9.7%, aunque en términos ajustados aumentó un 2.4%. El negocio de redes fue el principal impulsor, con un crecimiento del 8.6% hasta los 2,047.5 millones de euros, apoyado por una expansión del 8% en la base de activos regulados, que ya alcanza cerca de 53,000 millones de euros.

Por su parte, el área de generación renovable y clientes registró una caída del 3.2% hasta los 2,022.3 millones de euros, afectada por mayores costos en Iberia, a pesar del fuerte crecimiento en producción en Reino Unido (+41%) y Europa continental (+26%).

Los ingresos totales del grupo ascendieron a 12,017.6 millones de euros, con una disminución del 4.5%. En paralelo, la compañía mantiene un sólido ritmo inversor, con 2,698.5 millones de euros en el trimestre y más de 14,500 millones en los últimos doce meses, destinando más del 50% a Reino Unido y Estados Unidos.

En términos de capacidad, Iberdrola incorporó 3,300 MW en el último año, principalmente en energía eólica terrestre y marina. Además, cuenta con el 100% de su producción asegurada para 2026, más del 80% para 2027 y el 75% para 2028, lo que limita su exposición a la volatilidad del mercado energético.

La deuda neta ajustada se sitúa en 50,300 millones de euros, mientras que la liquidez alcanza los 21,400 millones, manteniendo una sólida posición financiera con calificación BBB+.

De cara al futuro, la compañía prevé un crecimiento superior al 8% en su beneficio neto ajustado para 2026, impulsado por la electrificación, el desarrollo de redes y la integración de inteligencia artificial, con más de 300 proyectos en marcha.

Estos resultados reflejan una estrategia centrada en activos regulados y mercados estables, reforzando la resiliencia del grupo en un entorno energético global marcado por la incertidumbre geopolítica.