Por Marco Cosío, vicepresidente ejecutivo para Infraestructuras Inteligentes en Siemens México, Centroamérica y El Caribe
La optimización energética en edificios es una prioridad mundial. En México no es la excepción, sobre todo en un contexto donde la necesidad de energía continúa creciendo de forma sostenida a nivel nacional. Según el Índice Mexicano para la Competitividad (IMCO), se proyecta que la demanda eléctrica crecerá a una tasa media de 2.5% anual en los próximos 15 años. Este incremento impactará especialmente a los edificios, que concentran una parte significativa del consumo en zonas urbanas del país.
En este contexto, la diferencia entre medir y optimizar se vuelve crítica. En México, los sistemas de monitoreo, sensores y plataformas de gestión en edificios son cada vez más comunes, pero el reto para los años por venir no está sólo en ampliar la infraestructura, sino en mejorar la eficiencia energética de los edificios existentes, para aliviar la presión sobre el Sistema Eléctrico Nacional. Así lo visualizamos en Siemens: la optimización energética no depende de tener más tecnología, sino de usarla mejor.
La publicación del Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico 2025-2039 refuerza esta urgencia, al establecer que la demanda eléctrica crecerá al mismo ritmo que el PIB, y que México debe adoptar estrategias de eficiencia y gestión energética para sostener la operación del sistema en condiciones de confiabilidad y seguridad. Pasar de medir a actuar es una necesidad estratégica para el país. Para un buen comienzo, aquí los principales mitos y realidades alrededor del tema.
Mito 1: Centrarse en la factura es suficiente
Realidad: La factura muestra el resultado final, pero no explica la causa; en otras palabras, es un indicador, no una herramienta de gestión. Reaccionar sólo cuando sube el costo es llegar tarde. La optimización energética requiere entender cómo se comporta el consumo del edificio, cómo opera y qué capacidad tiene para actuar sobre dicha operación.
Mito 2: Optimizar energía es igual que eficientarla
Realidad: La eficiencia energética se enfoca en consumir menos para lograr el mismo resultado (normalmente mediante mejoras tecnológicas como iluminación LED, renovación de equipos HVAC o aislamiento). La optimización energética va más allá, al enfocarse en la operación del edificio: analiza horarios, ocupación real, secuencias de arranque, coordinación entre sistemas y más. Un edificio puede tener tecnología moderna y aun así operar de forma ineficiente, si no existe una estrategia que conecte consumo, operación y control.
Mito 3: Medir es lo único que necesitamos para optimizar
Realidad: Medir es necesario, pero insuficiente; si se mide sin contexto, se obtiene visibilidad, mas no decisiones. Un pico de consumo adquiere sentido únicamente si se cruza con horarios, temperaturas exteriores, ocupación o estados del sistema de gestión de edificios (BMS), entre otros datos. Muchas organizaciones tienen dashboards y contadores, pero no una capa que convierta esto en decisiones accionables, lo cual es fundamental para lograr la optimización.
Mito 4: Las grandes ineficiencias son fáciles de ver
Realidad: Gran parte de las pérdidas energéticas que generan un consumo innecesario sostenido provienen de pequeñas desviaciones acumuladas: climatizadores que arrancan muy pronto, ventilación desalineada con la ocupación o simultaneidad entre calefacción y refrigeración. No se trata de fallas evidentes, sino de hábitos que se mantienen y que suelen pasar desapercibidos al no generar alarmas.
Mito 5: El problema es no tener suficientes datos
Realidad: Más que la falta de datos, el verdadero problema es la falta de contexto. Muchas organizaciones no interpretan integralmente la información con que cuentan. La clave está en medir lo que permite actuar, como el comportamiento energético por zonas, las variables de confort y todo aquello que conecta consumo con operación. En este sentido, la analítica energética transforma datos dispersos en patrones que permiten priorizar acciones.
Mito 6: La optimización es un proyecto puntual
Realidad: La optimización no puede ser un tema de una sola vez. Los edificios son elementos “vivos”, que constantemente cambian en temas de demanda, clima, ocupación, etc. Por esto, la optimización es un proceso continuo, que debe detectar desviaciones, contextualizarlas, decidir acciones, aplicar ajustes y validar resultados todo el tiempo.
Mito 7: Optimizar energía compromete el confort
Realidad: El objetivo de la optimización es mantener la operación mientras se reduce el consumo, sin sacrificar confort. De hecho, suele mejorarlo, al eliminar inconsistencias operativas que generan, por ejemplo, temperaturas inestables o una ventilación excesiva.
En la era actual, marcada por una demanda eléctrica en crecimiento, la presión sobre la infraestructura urbana y la necesidad de operar con sostenibilidad, poner el foco en la optimización energética puede marcar la diferencia entre un México que reacciona ante los desafíos y otro que anticipa, gestiona y sostiene su crecimiento con inteligencia operativa. Las organizaciones deben comenzar por preguntarse qué decisiones energéticas se busca mejorar y qué información hace falta para lograr esto de manera confiable. La tecnología es importante para lograrlo, pero no olvidemos que es necesario integrarla como parte de una estrategia que conecte monitoreo, analítica y control.






