Por Marcial Díaz Ibarra
Hay ideas que, en papel, parecen inevitables.
Y hay realidades que, en campo, las desarman.
En la reciente Convención Bancaria 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa una propuesta que suena lógica, moderna y hasta necesaria: avanzar hacia la obligatoriedad del pago digital en gasolineras y casetas.
El objetivo es claro —y difícil de cuestionar—: mayor trazabilidad, mejor control fiscal, menos espacio para la informalidad y una integración más eficiente entre el sistema financiero y la cadena de combustibles.
Pero en el sector energético mexicano, el problema rara vez está en la intención.
Está en la ejecución.
El primer muro: un país desconectado… en partes clave
México no es un mercado digital homogéneo.
Es, más bien, un país de contrastes tecnológicos.
Mientras en zonas urbanas el pago con tarjeta es cotidiano, en carreteras, corredores logísticos y regiones rurales la conectividad sigue siendo irregular, intermitente o inexistente.
Porque en una estación de servicio, el tiempo no es flexible.
El combustible no espera señal.
Imponer pagos exclusivamente digitales puede detonar:
- Imposibilidad de cobro en tiempo real
- Interrupciones en el servicio
- Filas y congestión operativa
- Pérdida directa de ventas
El segundo muro: una economía que sigue siendo de efectivo
México sigue siendo, en gran medida, una economía en efectivo:
- Inclusión financiera incompleta
- Acceso desigual a servicios bancarios
- Preferencia por liquidez inmediata
- Desconfianza en medios digitales
Eliminar el efectivo no es una medida administrativa.
Es un cambio de comportamiento social.
Más control… pero también más fricción
Ventajas:
- Mejor fiscalización del IEPS
- Mayor trazabilidad
- Reducción del huachicol fiscal
Riesgos:
- Comisiones bancarias
- Dependencia tecnológica
- Ciberseguridad
- Inversión en infraestructura
Conclusión
La digitalización no es opcional.
Pero el futuro no se impone por decreto.
La pregunta no es si debemos avanzar,
sino si estamos listos para hacerlo sin romper la operación.
Porque en energía, una mala implementación
puede detener el movimiento del país.






