Por Karina Vázquez, Gerente de Licencias de Exploración y Líder de la Red de Balance de Género en Harbour Energy México
Durante décadas, la industria petrolera, particularmente el sector upstream, ha tenido el reto de impulsar la participación de las mujeres, sobre todo en puestos clave, ya que tradicionalmente se le empleaba en actividades administrativas, pero no en campo. Y este fenómeno no se ha dado solamente en nuestro país, sino a nivel mundial, incluso en naciones que históricamente han ido a la vanguardia en temas de inclusión femenina.
Afortunadamente, hoy esa historia está cambiando y no solo por la evolución lógica de los tiempos, sino por un motor de innovación que ha demostrado ser imparable: el liderazgo femenino y, sobre todo, la solidez de las redes de apoyo que lo impulsan.
La industria del petróleo y el gas ha entendido que la equidad no es una cuota de género, sino un imperativo de negocio. La participación de las mujeres en puestos de decisión no solo aporta una perspectiva distinta en la gestión de riesgos y la sostenibilidad, sino que incrementa directamente la rentabilidad y la capacidad de innovación de las organizaciones. Pero para que estas prácticas sigan creciendo, es necesario un andamiaje que sostenga esa trayectoria: las redes de colaboración.
A menudo se confunde el concepto de «red de apoyo» con un mero intercambio de tarjetas de presentación. Pero la realidad es que una red es todo un ecosistema de visibilidad y mentoría.
Tradicionalmente, el aislamiento profesional fue uno de los mayores obstáculos para las mujeres en el sector energético en general. Al ser «la única mujer en la mesa» o «la única mujer en el campo», la falta de referentes dificultaba el ascenso a posiciones de toma de decisiones. Y en este sentido, las redes de apoyo han permitido romper ese aislamiento, para cruzar conocimientos que además de fortalecer a la persona, dota a la industria de liderazgos más integrales, capaces de tomar decisiones críticas con una visión 360 grados del negocio.
Uno de los mayores logros de estas redes ha sido el impacto en las nuevas generaciones. Durante mucho tiempo, el sesgo comenzaba en la educación. Hoy, al dar visibilidad a mujeres que lideran proyectos e incluso a compañías en el sector upstream, estamos enviando un mensaje claro a las jóvenes estudiantes de STEM: el sector petrolero es un espacio para que se desarrollen.
Hoy en día, las mujeres están más allá de puestos administrativos, pasando incluso a la primera línea de la operación, manejando presupuestos de inversión masivos y liderando la transición hacia prácticas más responsables.
Pero para que estas redes de apoyo sean efectivas, deben estar respaldadas por políticas corporativas de equidad. En el sector energético, esto implica diseñar entornos que reconozcan la salud integral de la colaboradora: física, emocional y profesional. Una empresa que impulsa un entorno equitativo no es aquella que solo contrata mujeres, sino la que construye las estructuras para que esas mujeres lleguen, se desarrollen y puedan participar activamente en la toma de decisiones.
El liderazgo femenino no consiste en encajar en estereotipos preestablecidos, sino en liderar desde la autenticidad, integrando la sensibilidad y el rigor.
Impulsar a más mujeres no es solo un acto de justicia social; es la estrategia más inteligente para garantizar que el mundo siga moviéndose con una energía más humana, innovadora y equitativa.






