La OPEP: entelequia para un juego perverso

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Por Luis Vielma Lobo

 

 

Los estudiosos del tema de mercado y precios han comentado recientemente, que la OPEP dejó de ser el ancla reguladora de los precios con la manipulación de la oferta; es decir cerrar o abrir producción a su antojo. Explican los expertos que el verdadero regulador ahora es el propio mercado. Estiman que el efecto del coronavirus ha sido el equivalente a un cierre del orden de los 6 MMBPD, y que recuperar este mercado tomará al menos un año. Por lo tanto la combinación de ese “cierre de facto” por impacto del coronavirus, y la guerra de precios y volumen desatada por Arabia Saudita y Rusia, que ocasionó la apertura de producción y oferta de descuentos de los árabes al mercado, fue más que suficiente para llegar a donde estamos en el tema de precios.

Cuando Rómulo Betancourt fue electo como Presidente de Venezuela en 1958, fue muy claro en su mensaje a la comunidad internacional en relación con su interés de impulsar el liderazgo de Venezuela a nivel mundial, para lograr concertar a los países mayores productores de petróleo. Su objetivo visionario, fue crear una organización que velara por los intereses petroleros de dichos países, pero también que pudiera mantener una vigilancia del mercado que venía siendo controlado por las empresas internacionales, quienes explotaban las reservas de diferentes países desde África hasta Latinoamérica.

Apoyándose en el liderazgo del doctor Juan Pablo Pérez Alfonzo – su Ministro de Minas e Hidrocarburos – Venezuela concretó una propuesta de integración petrolera a los países árabes – que en esos años lideraban junto a Venezuela la producción mundial de hidrocarburos – y  así fue que el 10 de septiembre del año 1960, en reunión realizada en Egipto con la participación de Venezuela y 4 países árabes: Arabia Saudita, Irán, Irak y Kuwait, se llega al histórico pacto de Bagdad, que dio nacimiento a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Desde entonces, la OPEP comenzó a jugar un rol determinante durante las diferentes crisis históricas del mercado petrolero, basada en su extraordinaria capacidad de producción para satisfacer las demandas del mercado, y también su disciplina para controlar los excesos; crisis ocasionadas principalmente por hechos geopolíticos que siempre afectan la demanda e impactan el crecimiento económico mundial.

Estos días, con la aparición de esta peste moderna llamada coronavirus –  COVID 19 –  que ha afectado directamente la estabilidad del mercado petrolero, nuevamente la OPEP aparece tratando de jugar un rol crítico, convirtiéndose, primero en ofensor y principal causante de la caída de los precios a niveles catastróficos, y cuyas consecuencias ya se consideran la peor crisis que haya podido existir en la historia petrolera mundial, y luego en las últimas semanas, aparece como un salvador, cuyo liderazgo y decisiones buscan traer la normalidad en el mercado y así terminar con la explosiva volatilidad en que se encuentra.

Recordemos que iniciando el mes de marzo el mundo ya vivía los efectos del coronavirus. China acumulaba un número impresionante de casos de infectados y muertes, y en Europa, principalmente en Italia y España, se presentaba un acelerado crecimiento del número de infectados. Justo en esa segunda semana de marzo, se dio la ruptura en las conversaciones que mantenían Arabia Saudita y Rusia sobre posibles cierres adicionales de producción para ambos países, y que afectaban sus posiciones en el mercado.

Esa ruptura impulsada por Arabia Saudita, unilateralmente, sin consultar a los otros países miembros de la OPEP, producto de una bravuconada o malcriadez del príncipe heredero y hombre fuerte saudí: Mohammad bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud, detonó el caos de precios, pues entre ambos países tenían una producción cerrada del orden de los 2.5 MMBPD, que supuestamente fue abierta.

Por si esto fuera poco, los árabes comunicaron a sus clientes que tendrían un descuento de precios en las compras a futuro, mismo que podría ser extendido a otros clientes del mercado “spot”. El día 11 de marzo los precios del barril de Brent perdieron cerca del 30%, ubicándose en 31 USD/bl y el WTI en 30 dólares/bl, para seguir su carrera descendente y colocarse, en las dos semanas siguientes, por debajo de los 20 USD/bl. Hasta el momento ninguna agencia, o empresa ha informado sobre el volumen de barriles que abrieron, pero el mercado trabaja con base en información y expectativas, de allí la reacción a la baja que ha tenido.

Tuvo que llegarse a estos niveles de precios – impensable hace unos meses atrás – para que los árabes y los rusos sintieran el impacto de la barbaridad cometida unas semanas antes. Una vez entendieron esto, revisaron el tema de inventarios, vieron que están saturados totalmente, porque llenaron todos los espacios disponibles: patios de almacenamientos, barcos, y cualquier otro vacío que pudieron encontrar, a fin de asegurar rápida respuesta a cualquier cambio en el mercado, así que cualquier cierre no los afectará, pues seguirán drenando de esos inventarios.

Eso no permitirá que los precios se recuperen tan rápido – como es la expectativa general – pues seguirán llegando a un mercado deprimido, un flujo de barriles que se irán drenando de inventarios y no permitirán la subida abrupta de precios.

Hecho esto, árabes y rusos consideraron que ahora sí había llegado el momento de involucrar a los otros “socios” de la OPEP, quienes obviamente habían sufrido los embates del coronavirus, y sus irresponsables acciones de apertura desmedida de la producción. Hora de buscar solidaridad de ellos y el mundo, que los ve – una vez más – como “salvadores” del mercado e impulsores de la subida de los precios, cuando en realidad han sido los culpables de la agudeza e impacto inédito de esta nueva crisis de precios y mercado.

En estos días de reflexión pensamos que, una vez superada esta crisis, quizá llegó el momento para que la relación de la oferta y la demanda tengan una lectura diferente por actores diferentes. Una relación más hemisférica quizá, que tome en cuenta las realidades de las regiones de este lado del mundo; una organización americana de países exportadores de petróleo liderada por Estados Unidos, México y Venezuela, con suficientes reservas y tecnologías, que sea una nueva opción a una OPEP decrépita, con un liderazgo autoritario o hegemónico de Arabia Saudita, que la usa a su antojo, y en función de sus intereses, no necesariamente los intereses de sus socios en la organización, y menos de las necesidades del mundo. Sin duda, un futuro interesante después de las reflexiones y aprendizajes que a todos nos dejará el impacto del COVD19.

 

(*) Luis Vielma Lobo, es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera, Director del Centro Integral de Desarrollo del Talento (CIDT) y presidente de la Fundación Chapopote, miembro del Colegio de Ingenieros de México, Vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios, AMESPAC, colaborador de opinión en varios medios especializados en energía, conferencista invitado en eventos nacionales e internacionales del sector energético y autor de las novelas “Chapopote, Ficción histórica del petróleo en México” (2016) y “Argentum: vida y muerte tras las minas” (2019).