A una semana del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio, el estrecho ya registró un nuevo cierre decretado por Irán, negociaciones técnicas en Bürgenstock y una confirmación de apertura por parte del vicepresidente Vance, todo en menos de cinco días.
La firma del memorando de entendimiento entre Trump y Pezeshkián el 17 de junio no eliminó la volatilidad en el Estrecho de Ormuz. El 20 de junio, Irán decretó un nuevo cierre alegando violaciones israelíes al alto el fuego en el Líbano. Tres días después, JD Vance confirmó desde Suiza que el paso está abierto y que las negociaciones avanzan, en una secuencia que confirma la advertencia que Argus Media había planteado desde el primer anuncio de reapertura: la normalización no sería inmediata ni lineal.
Francis Osborne, Head of Oil Analytics de Argus, señaló desde el primer anuncio de reapertura que «un fin definitivo de las hostilidades y la reapertura incondicional del estrecho de Ormuz al tránsito de carga, libre de interferencias o tarifas, no sería por sí solo suficiente para lograr una reanudación inmediata de los flujos de commodities previos a la crisis.«
El 17 de junio, Trump y el presidente iraní Masud Pezeshkián firmaron un memorando de entendimiento en Versalles, y el 18 de junio Pakistán confirmó que el acuerdo implicaba la reapertura rápida del estrecho. El 20 de junio, Irán decretó un nuevo cierre argumentando que los ataques de Israel en el sur del Líbano violaban los términos pactados. Este 23 de junio, Vance confirmó desde Bürgenstock que el estrecho está «completamente abierto» y que las negociaciones del domingo registraron «muy buen progreso.»
Sobre los tiempos de recuperación productiva, Argus Consulting estima en su Oil Fundamentals Outlook que «la producción regional de crudo podría tardar entre cuatro y seis meses en regresar a niveles cercanos a los previos a la crisis«, sin garantía de que la capacidad regional se restablezca al 100% antes de que se completen inversiones significativas de reparación.
Osborne señala también que los envíos desviados hacia rutas alternativas como Yanbu, en Arabia Saudita, o Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, «podrían mantenerse en niveles más altos que antes de la crisis, limitando el volumen que regrese a transitar por Ormuz«, mientras que algunos compradores tradicionales de crudo de Medio Oriente «buscarán alternativas, lo que podría limitar el tráfico a través del estrecho«.
550 buques varados y un nuevo peaje iraní en el horizonte
Sheel Bhattacharjee, Head of Freight Pricing de Argus, había anticipado que los participantes del mercado de fletes preferirían «esperar señales más claras sobre la seguridad de las rutas antes de retomar operaciones«, particularmente tras «varios intentos fallidos previos de anuncios similares en meses recientes, que han debilitado la confianza del mercado.«
Los primeros tránsitos post-acuerdo confirmaron esa cautela: entre el 17 y el 18 de junio se registraron 18 cruces comerciales, cifra máxima desde el inicio del conflicto, con participación de embarcaciones vinculadas a China, Europa, Japón y Arabia Saudita, y cuatro superpetroleros con cerca de 8 millones de barriles de crudo navegando hacia aguas abiertas. Aun así, más de 550 barcos permanecen varados a ambos lados del estrecho, con interrogantes pendientes sobre desminado y protocolos de tránsito bajo supervisión iraní.
Irán ha declarado la zona central como área de riesgo por minas terrestres, lo que limita el tráfico a zonas costeras que no son adecuadas para absorber volúmenes normales. En materia de seguros, Argus advierte que «las primas no bajarán hasta que grandes operadores retomen operaciones de forma consistente en Ormuz» y que «riesgos persistentes, incluyendo actores no estatales y la posibilidad de minas, seguirán limitando la velocidad de normalización«.
A esto se suma que Irán anticipó la implementación de tarifas por servicios para las embarcaciones que utilicen el estrecho una vez concluya un periodo de gracia de 60 días, esquema sin precedente en esta vía marítima.
Implicaciones para México
Durante el pico del conflicto en marzo de 2026, la mezcla mexicana de exportación superó los 90 dólares por barril, tras subir desde niveles cercanos a 65 dólares, según evaluaciones de Argus utilizadas para el cálculo del precio Maya. Pemex capitalizó ese entorno elevando sus exportaciones a alrededor de 550,000 barriles diarios en la primera quincena de marzo, 22% por encima del promedio de enero y febrero, aunque el alza del crudo se tradujo simultáneamente en mayores costos de importación de gasolinas y diésel.
Con el Brent por debajo de 84 dólares al cierre del 15 de junio, la caída respecto al pico de abril supera los 60 dólares por barril, lo que implica una reducción potencial de decenas de miles de millones de pesos en ingresos para el gobierno federal, cuyo presupuesto de 2026 asumía un precio de 54.9 dólares por barril.
Sergio Meana, Business Development Manager de Argus para América Latina, anticipa que «el mercado seguirá mostrando volatilidad, y la normalización de precios será progresiva más que inmediata, en línea con los tiempos de recuperación del mercado global«.






