El panorama económico de Rusia para 2026 confirma un giro estructural en sus finanzas públicas. El Ministerio de Finanzas ha oficializado que la dependencia presupuestaria de los hidrocarburos caerá del histórico 50% a un 23% este año.
Este ajuste es el resultado de una combinación de factores que incluyen el agotamiento de reservas accesibles y las restricciones comerciales derivadas del entorno geopolítico actual, que obligan a vender crudo con descuentos de hasta el 50% en mercados asiáticos.
Para compensar la reducción de las «superganancias» energéticas, el Estado ha incrementado la presión fiscal interna. La recaudación mediante impuestos y sanciones a la iniciativa privada y ciudadanos ya alcanza los 3.26 billones de rublos.
Los analistas coinciden en que Rusia ha entrado en un nuevo ciclo económico de estancamiento de ingresos petroleros, lo que demanda una reestructuración de las prioridades de gasto y una mayor dependencia de la recaudación tributaria no vinculada a la energía.






