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Los precios de los energéticos vuelan. ¿Adónde nos llevan?

Por Miriam Grunstein

Todos los despegues pueden dar miedo. Al ascender, la nave se sacude, se acomoda en distintos planos, oscila hacia abajo, vuelve a subir. Hay quienes van dormidos; otros engarrotan las manos sobre el descansabrazos, como si sirviera de algo para evitar el impacto al caer la nave. Luego, suena una campanita, y escuchamos la voz de la Capitana que con tersura nos agradece haber “elegido” Inflation Air, y que nos mantengamos con el cinturón bien ajustado porque nos espera eso que las tripulaciones alegremente llaman choppy ride que no es otra cosa que un vuelo muy turbulento. Ante ese aviso, hay pocas cosas que hacer. Como ya es imposible bajar de la nave, o  confiamos en la Capitana o de plano nos embriagamos con el licor carísimo que ofrecen en los carritos temblorosos. En Inflation Air todo sale como lumbre y más aún con los precios de la turbosina.

De cara a las crisis, observamos conductas en los Capitanes desconcertantes, o sorprendentes, al menos. Cuando nuestro presidente, Andrés Manuel, personalizó su ataque contra los gasolineros por lucrar a las costillas del pueblo, los defensores del libre mercado (la que escribe, entre ellos), encañonamos ráfagas de réplicas: “no son ellos, es el mercado,” “el consumidor es libre de elegir la gasolinera que más le convenga,” “Son las ineficiencias del monopolio las que duelen, no las de los distribuidores.” Así, cuando López Obrador ataca a una empresa particular, el efecto reflejo de varios de nosotros es salir a defenderla como si fuera parentela.

Ahora bien, hace semanas Biden hizo exactamente lo mismo con las refinerías y gasolineros de allá, cosa de lo que no se tiene memoria. En el país con el sector energético más liberalizado del globo, es cosa muy rara que el presidente del País-Mercado critique o intervenga en las decisiones de las empresas, especialmente cuando se trata de la determinación de sus precios. Más aún, al igual que AMLO, Biden eliminó los impuestos federales de la gasolina y el diesel que, por allá, sirve tanto como quitarle un pelo al Tío Cosa. Son centavitos que podrían perderse en la gran canasta de la abuela, que carga con el aumento de precios de todo. Un apoyo en la gasolina y el diesel se pierde en el gran aumento de todo lo demás. Un aguacate Haas debería guardarse en caja fuerte, con el riesgo de que se olvide y se eche a perder.

Por el peso político de la inflación en todos lados, que López Obrador y Biden se confronten con los mercados y pretendan controlarlos, no es un patrón aislado. La noticia de la posible estatización de EDF da mucho que decir. Para que el recibo de la luz no les quema las manos a los franceses, este gobierno ha abierto la cartera para comprar el 16% de las acciones que no son de propiedad estatal, lo cual podría costarles hasta 10,000 euros. Curioso patrón, o el mundo cada vez se parece más a México o México se parece más a un mundo que le teme a ¿quién o a qué? ¿A los mercados?

El miedo a los mercados se justificaría si la crisis inflacionaria deviniera de una falla en los mismos pero no es así. Al contrario, ha sido una falla de cómo las economías abiertas de Europa confiaron en demasía en Vladimir Putin: Estatista, que no estadista, innato e irredento. ¿A qué economía “libre” se le ocurre subir a toda su población a un vuelo capitaneado por un autócrata sin tripulación, con control total de la cabina?

Alguna vez, en una nota de Nexos, Adrián Lajous clamó que México necesitaba más Estado y más Mercado. Creo que con ello se refería a que los mercados necesitan la vigilancia de los reguladores para que no las empresas no abusen.  A reserva de más debate, es un buen esquema. Lo que es inviable es que los males del control estatal total, como el de Putin, se alivien con más del mismo control en los países con mercados más libres. Mientras los Capitanes deciden, mejor ajustémonos los cinturones, porque aún se augura un ascenso inflacionario borrascoso y una caída en nuestro nivel de vida.

Miriam Grunstein lleva una vida en el sector energético, y más que sólo otra analista, prefiere ser su cronista.

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