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La transición energética como sustento de la soberanía y seguridad nacional

Por Luis Vielma Lobo

Las recientes catástrofes naturales ocurridas en el sur de los Estados Unidos y en las costas del Golfo de México relacionadas con el huracán IAN, vuelven a traer a las primeras planas el impacto del incremento de la concentración de los gases de efecto invernadero en el cambio climático y la urgente prioridad de una visión, planeación y ejecución de mediano plazo, con un liderazgo comprometido, para disminuir la emisión de gases contaminantes, así como el desarrollo e implementación del uso de energías alternas dentro de un contexto de políticas públicas para la transición energética.

Aunque el cambio climático ha sido un tema de discusión, acuerdos y compromisos desde hace ya varias décadas, estos últimos años (2010-2022) han sido registrados como el periodo más cálido, consecuencia del incremento de temperatura en más de 1° C.  De acuerdo con los expertos meteorólogos no hay ninguna duda del impacto de dicho aumento en la dilución de glaciares en la antártica y la variación de temperatura de las aguas de los océanos, generando cambios en el comportamiento de esos microsistemas naturales al romper su entropía.

Pareciera que aun dudamos del impacto que esto puede tener en el desarrollo global de las economías de los países. Los seres humanos tendemos a subestimar los fenómenos naturales que suceden a nuestro alrededor, hasta que los sufrimos directamente. Un ejemplo de ello son los sismos que ocurren en el país, y que han causado tantos daños materiales y humanos cada vez que ocurren. Pero el aumento en la frecuencia de ocurrencia de estos fenómenos naturales que se convierten en catástrofes es la más clara señal de los efectos devastadores que el cambio climático tendrá en el futuro.

También existe poco entendimiento o aceptación de que nosotros, los humanos, somos los principales causantes del cambio climático, pues la economía es sustentada en la demanda de productos cuya fabricación y manufactura necesitan el consumo de energía, de allí el crecimiento continuo de la oferta del carbón, el petróleo o aceite y el gas, los cuales son la fuente principal para la generación de los combustibles que usamos diariamente en nuestros hogares convertidos estos en kilovatios y metros cúbicos de gas, y en nuestros vehículos convertidos en gasolina, además de otra cantidad variada en usos industriales y domésticos.

De acuerdo con informaciones recientes de varias instituciones internacionales como la Agencia Internacional de la Energía (AIE)y la CarbonDisclosure Project (CDP),así como los pronósticos de las empresas petroleras internacionales, el uso del carbón e hidrocarburos fósiles continuarán siendo las principales fuentes de energía en los próximos años, a pesar de los esfuerzos que ya algunas de ellas han llevado a cabo para incluirlas  en sus agendas de trabajo, para reducir progresivamente las tasas de crecimiento y oferta de los mismos, y dedicar mayor presupuesto y empeño al desarrollo de energías alternas sustentables.

La estrategia de las principales empresas operadoras petroleras incluyen acciones para el mejoramiento de los procesos de extracción de los hidrocarburos; entre ellos: la captura de CO2 para procesos de recuperación terciaria, la reducción de emisiones de metano, la incorporación de tecnologías para la eliminación del venteo y el aprovechamiento del gas para generar energía (gastopower), así como el desarrollo de energías alternas (solar y eólica). No obstante, la demanda de hidrocarburos fósiles seguirá en aumento y hacia finales de este año se espera supere los 100 millones de bpd y hacia el 2025 se estima que volverá a los niveles de demanda existente antes de la pandemia, alrededor de 104 millones de bpd.

De modo que entender la transición energética sustentable como un eje fundamental para experimentar ese cambio tan necesario es un desafío prioritario de todos los países, que deben considerar el impacto que pueda tener en los temas críticos de sus agendas económicas sociales y políticas, tales como la seguridad y soberanía energética, los ingresos fiscales, la diversidad de la oferta, y el acceso a la energía para su población,o en el caso de muchos países, todas la anteriores.

Ahora bien, ¿Cómo alcanzar un punto de equilibrio entre el consumo de energía tan necesario y la oferta de energía no contaminante? No es una tarea fácil, ni rápida, pues si comparamos  el tiempo y los recursos necesarios para alcanzar ese logro con lo requerido para el desarrollo de las energías fósiles, estamos hablando de décadas;sin embargo, lo más importante es darle la urgencia necesaria para generar una mayor conciencia en la gente buscando optimizar el uso de la energía en hogares, comunidades y ciudades, y al mismo tiempo, acelerar el cambio de las fuentes fósiles de energía de los sistemas industriales de producción y procesos de manufactura.

Esto nos lleva a reflexionar sobre lo que está sucediendo en México con este delicado tema. La información pública nos muestra que el consumo de energía fósil no ha disminuido en el país. El incremento de la importación de gas del sur de Texas y el aumento del procesamiento de crudo en las refinerías del país -incluyendo Deer Park, en Texas- juntamente con el incremento en el consumo de gasolina que ya superó los 500 mbpd, son un buen ejemplo.

En las instituciones y empresas del país existe un claro conocimiento de la necesidad de migrar del uso de energías alternas;no obstante, las acciones tomadas son pocas y limitadas. La decisión de esta administración de centralizar la generación eléctrica en la empresa nacional CFE y suspender el aporte de empresas privadas que se encontraban generando un volumen importante de energía solar y eólica, no ha seguido las tendencias mundiales.

La opción de convertir el gas en energía (gas to power) puede ayudar a implementar los conceptos de energía distribuida, es decir,la que produce la energía eléctrica y se distribuye en los sitios cercanos, bien sean comunidades, empresas o cualquier tipo de proceso productivo que requiera energía. Tanto PEMEX como las empresas privadas productoras de hidrocarburos, pueden asociarse con empresas que dispongan de tecnologías para convertir el gas que se ventea en kilovatios y distribuir esa generación. Esto también representa una obra de interés social, la cual puede apoyar comunidades existentes que actualmente solo disponen de madera como fuente de energía.

El cambio climático es una realidad global, no es un tema político doméstico, y existen compromisos a nivel internacional que el país ha acordado para colocarse en esas tendencias globales. Los órganos institucionales y reguladores deben ser exigentes en este tema, y al mismo tiempo facilitar la implementación de nuevas opciones, siempre y cuando cumplan con los principios mencionados y que representen un impulso a esa transición energética tan necesaria para México.

Luis Vielma Lobo es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera, presidente de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros, AMESPAC; colaborador de opinión en varios medios especializados en energía y autor de varios libros.

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