El aprendizaje, un eslabón perdido en la excelencia operativa

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Luis Vielma Lobo (*)

Desde el comienzo de este siglo, el mundo inició una nueva etapa de transición que quizá nuestra cotidianidad no ha permitido entender en su verdadera dimensión. Hay países que llevan la delantera en ese torbellino, pues ha sido la tecnología de las comunicaciones en donde más se ha sentido y expandido a lo largo de los 21 años que llevamos de este periodo.

Nos ha costado entender que el mundo gira y cambia continuamente, día con día, y por más que queramos emprender algo es imposible cambiar la historia pasada, aunque sí podemos ser protagonistas de la creación o construcción del futuro y ser parte de esa historia que alguien contará algún día. Si existe duda de que nos encontramos inmersos en una nueva relación económica global solo debemos acceder a las redes sociales y darnos cuenta de la velocidad a la cual un hecho relevante alrededor del mundo se hace viral. Ya los eventos son trasmitidos, prácticamente, en tiempo real y las redes sociales se han convertido en la principal competencia de los noticieros de televisión, aun para aquellas cadenas que informan 24 horas al día.

Esta economía global está basada en el conocimiento y será muy difícil, por no decir imposible, reemplazarla. ¿Alguna duda?, miremos a nuestro alrededor y veamos los avances en telefonía celular, biotecnología, micromecánica, robótica y los nuevos materiales que han cambiado el mundo. De modo que es tiempo de entender que no es malo mirar hacia atrás para ver el sendero transitado, por el contrario, nos sirve de referencia para recordar nuestros orígenes y entender de dónde venimos, y así conocer lo que hicieron nuestros predecesores para construir un mundo mejor. Mirar hacia atrás, solo para tomar impulso, crear y construir el futuro que consideremos mejor para nosotros y nuestras familias, organizaciones, comunidades y el país.

No existe duda alguna que nos encontramos probablemente en el alba de una nueva era de la economía del saber y el conocimiento, y sin importar la magia que intentemos hacer, o bien nos montamos en ese tren del saber, o simplemente nos quedamos a vivir como nómadas errantes en un mundo tecnológico que nos regresará a una economía de cavernas, como al principio de la civilización.

La industria petrolera en particular ha sido, desde sus inicios, protagonista de esta era del conocimiento. La evolución vivida desde la perforación del primer pozo por el coronel Edwin Drake en Titusville, Pennsylvania en 1789, es extraordinaria. De la perforación por percusión o golpeteo, hasta las modernas plataformas, han pasado más de dos siglos, pero los avances, sobre todo en las últimas cuatro décadas, han dado saltos cuánticos. Una de las principales razones para estos logros, ha sido la competitividad y el conocimiento, y más recientemente el sentido de cooperación entre las empresas operadoras y las de servicio.

Esta aldea global, en la cual se ha convertido el mundo petrolero está conectada de manera relevante, pues tecnologías de punta que se prueban en algún lugar del mundo, están a disposición de todas las empresas del sector en muy corto tiempo.

Esto es de importancia estratégica, pues, aunque en todas las actividades comerciales el tiempo es un factor clave, en la industria petrolera es vital. Por ello la planeación de las actividades es primordial desde la explotación hasta la entrega de los productos en los terminales marítimos o en las refinerías. La construcción de un pozo, por ejemplo, debe planearse, considerando en su diseño todos los elementos, tecnologías y prácticas operativas, para que el objetivo de construirlo sea eficiente y se cumpla con los tiempos establecidos en dicha etapa de planeación. Posteriormente, en la ejecución, se sigue un programa estricto que permite convertir el diseño en una secuencia de actividades operativas para asegurar que lo diseñado se realice, de allí la importancia de mantener un control técnico de la operación, a fin de evitar tiempos improductivos, los cuales, en muchos casos, se convierten en enemigos invisibles de la eficiencia en la ejecución.

(*) Luis Vielma Lobo, es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera, presidente de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros, AMESPAC; colaborador de opinión en varios medios especializados en energía y autor de varios libros. 3

Para leer la columna completa, consulte la edición de septiembre de Global Energy.

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