El desarrollo del cohete Starship de SpaceX, alimentado por gas natural licuado y oxígeno líquido, ha llevado a la compañía aeroespacial a desplegar una infraestructura propia de transporte y procesamiento de gas en Estados Unidos. Aunque cada lanzamiento del Starship consume alrededor de 1,000 toneladas de GNL —equivalentes a 48 millones de pies cúbicos de gas (mmcf)—, la empresa solicitó autorización ante la Administración Federal de Aviación (FAA) para realizar hasta 456 lanzamientos anuales, lo que representaría una demanda cercana a los 60 millones de pies cúbicos diarios. De alcanzarse la meta proyectada por Elon Musk de 30 lanzamientos diarios hacia 2030, el consumo de la firma ascendería a 11 millones de toneladas anuales de GNL, equivalentes al 1.7% del consumo total de gas del país.
Para asegurar su abastecimiento operacional, SpaceX solicitó permisos para construir el gasoducto «Starpipe», una tubería de 8 millas (13 kilómetros) en el sur de Texas que conectará una nueva planta de licuefacción en Starbase con el sistema Bay Runner y la cuenca del Pérmico.
De forma paralela, la compañía tramitó la construcción de un segundo gasoducto de 32 millas (51 kilómetros) en Florida para conectar el sistema Florida Gas Transmission con sus instalaciones de Cabo Cañaveral, buscando además estructurar un equipo propio de trading energético para gestionar sus compras de gas y generación eléctrica.
Análisis de Wood Mackenzie sobre la seguridad del suministro energético
De acuerdo con la consultora Wood Mackenzie, las decisiones de SpaceX se alinean con un cambio estructural en el mercado energético norteamericano, el cual ha migrado de un modelo impulsado por la expansión de la oferta hacia un esquema enfocado en la seguridad del suministro. Las proyecciones de capacidad de transporte por gasoducto en Estados Unidos para el periodo 2025-2031 muestran que la mayoría de los proyectos son financiados por plantas de exportación de GNL y generadores eléctricos para respaldar el crecimiento de cargas intensivas.






