Por Itzel Alaniz
El cambio climático puede convertirse en una nueva barrera para que los pequeños productores del campo accedan a financiamiento. Ante fenómenos meteorológicos que aumentan la exposición de la agricultura, las instituciones financieras deben decidir entre restringir el crédito o crear productos que permitan a los productores enfrentar estos riesgos.
Durante un panel sobre inversión y sostenibilidad del evento Women’s Energy and Sustainability Summit 2026 con el tema Planeta Hambre Cero en donde estuvo presente Global Energy, Amadeo Ibarra, partner para Latinoamérica de Jewish Investments, explicó que las instituciones financieras ya toman en cuenta los riesgos del clima al decidir a quién otorgar crédito, sobre todo ante cambios en los patrones meteorológicos que afectan al sector agrícola.

“Todas las financieras están ahora incorporando adaptaciones en sus parámetros de crédito y tienen dos caminos a seguir: uno es restringir el crédito y pues dejas un poquito más vulnerable al agricultor pequeño”, expuso.
Uno de los fenómenos que ocurren en la actualidad en cuanto al cambio climático es El Niño, evento climático natural que ocurre cuando las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental se calientan más de lo normal.
Durante el panel este fenómeno fue puesto como ejemplo y sus efectos sobre la agricultura de América Latina.
De acuerdo con Ibarra, este tipo de eventos puede generar condiciones distintas entre regiones, como lluvias intensas o sequías, lo cual modifica el nivel de riesgo que enfrenta un productor y, por tanto, también el análisis que realiza una institución antes de otorgarle financiamiento.
El problema aparece cuando la respuesta consiste únicamente en reducir el crédito. Ibarra señaló que algunas instituciones comenzaron a buscar alternativas para proteger tanto al productor como la rentabilidad de los financiamientos.
Una de ellas consiste en desarrollar productos específicos para que los agricultores puedan adaptarse a las condiciones climáticas. Como ejemplo, mencionó un crédito de alrededor de mil 500 dólares destinado a que un pequeño productor implemente un sistema de irrigación mediante una bomba mecánica apoyada con un panel solar.
La lógica es que el financiamiento no solo permita realizar una inversión, sino también reducir la vulnerabilidad de la cosecha ante periodos de sequía. Así, el productor obtiene una herramienta para enfrentar el riesgo climático y la institución financiera mantiene un crédito con posibilidades de recuperación.

El riesgo climático y el análisis financiero
Mariuz Calvet, directora de Sustentabilidad de Santander México, explicó que la banca cuenta con sistemas de riesgo socioambiental y climático para evaluar los posibles impactos de los proyectos que financia.
Estos criterios consideran factores como la ubicación de un proyecto, su exposición a cambios de temperatura, patrones climáticos y fenómenos naturales extremos. Esta evaluación resulta especialmente relevante en sectores como el agropecuario, hotelero e inmobiliario, donde la ubicación puede determinar el nivel de exposición al cambio climático.
Para Calvet, el reto está en ampliar estas prácticas hacia las pequeñas empresas y productores, quienes no siempre cuentan con la información o la capacidad financiera necesaria para acceder directamente a la banca.
“En las pymes, tenemos que encontrar esquemas y ser creativos”, señaló, al plantear alianzas entre la banca comercial, la banca de desarrollo y las fintech.
En el sector agroalimentario, puso como ejemplo una alianza de Santander con FIRA Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) para impulsar emprendimientos relacionados con innovación en actividades agroalimentarias, pesqueras, forestales y ganaderas.
La estrategia busca que el capital llegue a pequeños productores mediante intermediarios financieros que puedan atender a este segmento.

En este sentido, la directora de sustentabilidad consideró que los bancos no pueden atender uno por uno a todos los pequeños productores, por lo que necesitan esquemas que permitan agrupar proyectos y canalizar recursos hacia ellos.
Adaptarse para no quedar fuera del financiamiento
Alba Aguilar, directora general del Consejo Mexicano de Finanzas Sostenibles, señaló que existe capital disponible para proyectos sostenibles, pero muchos proyectos pequeños no alcanzan la escala o no cuentan con la estructura necesaria para atraerlo.
Por ello, planteó la necesidad de agrupar proyectos, estandarizar criterios y desarrollar nuevos vehículos de inversión capaces de llevar recursos hacia proyectos que requieren menos financiamiento.
En el caso de los pequeños productores, también existe una presión adicional: formar parte de cadenas productivas implica cumplir cada vez más requisitos relacionados con sostenibilidad.
La transición, explicó Aguilar, requiere que los productores revisen procesos que durante décadas funcionaron de una determinada manera y que ahora pueden dejar de cumplir con las exigencias ambientales de sus mercados.
El financiamiento, por tanto, no depende únicamente de que exista dinero disponible. Los proyectos deben demostrar su capacidad para gestionar riesgos, generar flujos estables y medir sus impactos.
El cambio climático agrega una variable más a esa ecuación. Si las instituciones consideran que un productor está demasiado expuesto a sequías, lluvias extremas u otros fenómenos y no existen mecanismos para reducir ese riesgo, el crédito puede volverse más difícil de obtener.
La alternativa planteada durante el panel es que la respuesta financiera no sea simplemente cerrar el acceso al crédito, sino adaptar los productos y compartir los riesgos para que los pequeños productores puedan invertir en medidas que les permitan enfrentar los efectos del cambio climático.






