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Producir mejor marca el nuevo pulso del acero mexicano

A las presiones derivadas de los costos energéticos, la logística y la competencia internacional, en la industria siderúrgica se suma la necesidad de responder a una nueva etapa de integración productiva marcada por cadenas de suministro más cercanas, con mayor contenido regional y para clientes que ya no preguntan únicamente por precio o disponibilidad.

Para Luis Güereca, director general de Gerdau Corsa, México cuenta con una base industrial capaz de acompañar la expansión de la construcción, la infraestructura y la manufactura. Sin embargo, advierte que la oportunidad exige elevar el estándar de la producción nacional. “El reto no está solamente en producir más, sino en producir mejor y de manera eficiente: con calidad, trazabilidad, cumplimiento normativo y responsabilidad ambiental”, afirma en conversación con Global Energy.

Para mantener la competitividad, agrega, el sector necesita reglas claras, condiciones equitativas y una visión de largo plazo que reconozca al acero como un insumo esencial para el desarrollo del país.

Pero la defensa de una industria competitiva no debe interpretarse como un cierre del mercado, pues deben crearse condiciones para que el acero fabricado localmente pueda integrarse a proyectos nacionales y regionales bajo estándares comparables, ya que “cuando el acero se produce en México, se impulsa una red de empleos, proveedores, servicios logísticos e inversión que tiene un efecto multiplicador sobre la economía”.

Güereca identifica además una oportunidad creciente en la infraestructura energética. La construcción de nuevas capacidades y la modernización de instalaciones existentes pueden ampliar la demanda de soluciones de acero durante los próximos años. “La demanda se está moviendo donde México está creciendo: corredores industriales, proyectos logísticos y de infraestructura, desarrollo energético y zonas urbanas en expansión”, resume.

Energía firme para una operación intensiva

La electricidad ocupa un lugar central en la ecuación siderúrgica. Gerdau Corsa produce acero mediante hornos de arco eléctrico y utiliza material reciclado como principal insumo, un proceso cuyo desempeño depende de un suministro continuo, competitivo y con menor intensidad de carbono. “La energía eléctrica es uno de los factores más importantes para las plantas siderúrgicas modernas”, explica Güereca. Su impacto rebasa el costo directo de producción, determinando la capacidad de una empresa para mantener la continuidad operativa, planeando inversiones, aumentando capacidad, incorporando tecnología y avanzando en sus objetivos de reducción de emisiones.

En la planta que tiene la compañía en Tultitlán cuentan con suministro eléctrico proveniente de Laguna Verde, donde se encuentra la única central nuclear del país. Para el directivo, esta fuente representa una combinación relevante de firmeza, confiabilidad y menor huella de emisiones frente a otras alternativas de generación.

“El suministro asociado a energía nuclear representa una palanca relevante, porque aporta estabilidad a la operación y contribuye a avanzar hacia una producción de acero con menor impacto ambiental”, sostiene sobre una estrategia energética que también incluye celdas fotovoltaicas en sus instalaciones, modernización de equipos, mantenimiento preventivo y una gestión más precisa del consumo.

Para la compañía, “la eficiencia energética no depende de una sola acción, sino de una combinación de tecnología, disciplina operativa, mejora continua y decisiones estratégicas sobre cómo utilizamos y de dónde proviene la energía que hace posible nuestra producción”.

Entiendiendo estos avances, Luis Güereca enfatiza en que el sector necesita certidumbre para planear inversiones de largo plazo, así como acceso a tecnologías y fuentes energéticas que permitan reducir emisiones sin comprometer la operación. “Los principales desafíos están relacionados con garantizar un suministro confiable, mantener competitividad en costos y avanzar simultáneamente en objetivos de sostenibilidad”, puntualizó.

La descarbonización de la siderurgia parte también en el proceso productivo, ya que su intensidad de emisiones se encuentra por debajo del promedio global por tonelada de acero producida, debido al uso de chatarra, hornos eléctricos y medidas de optimización. A ello se añaden sistemas de captación de humos y la reutilización del 97% del agua involucrada en sus procesos.

Chatarra, trazabilidad y competencia regional

Más del 90% de la materia prima utilizada por Gerdau Corsa proviene de chatarra procedente de edificios, vehículos, maquinaria y electrodomésticos, la que puede reincorporarse continuamente al ciclo productivo sin perder sus propiedades mecánicas ni su desempeño.

“La chatarra es el punto de partida de toda nuestra operación”, subraya Güereca respecto a un modelo que se apoya en una red de recolección, clasificación, procesamiento y suministro que integra a proveedores, centros de acopio, patios especializados y equipos técnicos.

Antes de entrar al horno, el material debe ser clasificado, revisado en su composición y liberado de contaminantes para cumplir con los estándares requeridos por la construcción, la infraestructura y la industria. La disponibilidad constante, la trazabilidad y el control de calidad son los principales desafíos de esta cadena. “La chatarra se transforma en un recurso estratégico para la industria y para el desarrollo sostenible del país”, afirma el director general, posicionando a la economía circular como parte del núcleo operativo del negocio. El uso de material reciclado reduce la dependencia de materias primas vírgenes, disminuye la presión sobre los recursos naturales y conecta la producción siderúrgica con una cadena de valor distribuida en distintas regiones.

A esta ecuación se suma la revisión del T-MEC, donde Güereca considera que el tratado ha contribuido a integrar la capacidad productiva de Norteamérica y que su actualización debe preservar reglas claras y estándares comparables para la siderurgia regional. “No se trata de cerrar mercados, sino de fortalecer una integración regional que reconozca el valor de la producción local, el cumplimiento normativo, la trazabilidad y la calidad de los materiales que forman parte de las cadenas productivas”, sostiene.

Una competencia equilibrada, agrega, permitiría mantener la inversión, el empleo y el desarrollo de proveeduría en México. Para ello, la política industrial deberá articular infraestructura eficiente, energía confiable, talento técnico, acceso a materias primas y cumplimiento regulatorio.

En los próximos años, el ejecutivo vislumbra que los centros de distribución demandarán estructuras confiables y tiempos de ejecución competitivos, mientras que los sistemas modulares ofrecerán mayor control de calidad, menor desperdicio en obra y un uso más eficiente de materiales. “Vemos un potencial importante en segmentos como la infraestructura logística y la construcción modular, donde cada vez se demandan soluciones más eficientes, sostenibles y rápidas de implementar”, señala Güereca.

La evolución del mercado también está cambiando la relación con los clientes. El precio, la disponibilidad y las especificaciones técnicas siguen siendo decisivos, pero ahora se suman nuevas preguntas. “Las empresas buscan proveedores que les ayuden a cumplir sus propios objetivos de competitividad, sostenibilidad y cumplimiento normativo”, explica frente a ese escenario donde Gerdau Corsa concentra prioridades en seguridad, competitividad, sostenibilidad, innovación, y desarrollo de talento.

“Liderar significa construir confianza, dar claridad y formar equipos capaces de responder en contextos complejos” indica Güereca sobre dirigir una compañía siderúrgica que requiere combinar indicadores con cercanía operativa.

En una industria de inversiones de largo plazo, esa visión deberá convivir con un mercado que exige respuestas más rápidas y materiales con menor impacto. El acero seguirá siendo indispensable para la infraestructura y el desarrollo económico, pero su competitividad dependerá cada vez más de la energía que lo transforma, del origen de sus insumos y de la capacidad para demostrar, con trazabilidad, cómo fue producido.

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