Thiago Ribeiro advierte que el principal obstáculo para capturar el valor de la inteligencia artificial no es la tecnología, sino décadas de información fragmentada en una de las industrias con menor madurez digital.
Por Kathya Santoyo
La inteligencia artificial domina las conversaciones en prácticamente todos los sectores industriales, pero para Thiago Ribeiro, director global de Energía, Químicos e Infraestructura para Siemens Digital Industries Software, el principal desafío no está en desarrollar modelos más sofisticados ni en incrementar la capacidad de cómputo, sino en lograr que las empresas energéticas aprovechen los datos que ya poseen.
La reflexión resulta especialmente relevante para una industria que genera cantidades masivas de información todos los días, pero que históricamente ha operado con sistemas aislados, activos construidos hace décadas y procesos que no fueron diseñados para compartir datos entre sí.
En exclusiva para Global Energy en el marco de Realize LIVE 2026, Ribeiro recordó que diversos estudios han colocado históricamente a la industria energética entre los segmentos menos avanzados en digitalización frente a sectores como el automotriz, aeroespacial o médico; sin embargo, considera que esto representa una oportunidad para acelerar la adopción de prácticas y tecnologías que ya demostraron resultados en otras industrias.
“La experiencia de Siemens en múltiples sectores le permite observar cómo herramientas que hoy son comunes en manufactura avanzada o aeronáutica pueden adaptarse para resolver problemas históricos en petróleo, gas, minería y química”. No obstante, el ejecutivo advierte que la adopción tecnológica por sí sola no garantiza resultados. Citó análisis que muestran que apenas una pequeña proporción de los proyectos de inteligencia artificial logra cumplir sus objetivos iniciales, una realidad que atribuye a la ausencia de estrategias sólidas de gestión de datos.
“Cada sistema almacena información valiosa, pero pocas veces existe una visión integrada que permita utilizarla de manera efectiva para optimizar decisiones. La inteligencia artificial necesita acceso a todos esos datos al mismo tiempo. No puede funcionar correctamente cuando la información está fragmentada”, explicó.
Por esa razón, el director global de Energía, Químicos e Infraestructura rechaza los proyectos impulsados únicamente por el atractivo de la tecnología. Su planteamiento consiste en abordar primero los problemas de negocio y después seleccionar las herramientas digitales necesarias para resolverlos. La estrategia, aseguró, pasa por iniciar con casos específicos, demostrar valor y posteriormente escalar los resultados a toda la organización.
Como referencia mencionó ejemplos observados en otras industrias donde la construcción de modelos digitales permitió identificar la mayoría de los problemas operativos antes de intervenir físicamente una instalación. La posibilidad de probar escenarios en entornos virtuales redujo costos de inversión, mejoró productividad y disminuyó riesgos operativos. Ese mismo enfoque comienza a ganar terreno en proyectos energéticos, especialmente en instalaciones brownfield donde cualquier modificación debe realizarse sin comprometer la continuidad de las operaciones.
Reconfiguración del mercado energético
Más allá de la digitalización, Ribeiro considera que la propia definición de empresa energética está cambiando. A su juicio, la separación tradicional entre compañías petroleras y empresas de energías limpias perderá relevancia durante los próximos años conforme las grandes operadoras amplíen sus inversiones hacia nuevas tecnologías.
“Nadie espera que dejemos de utilizar petróleo y gas natural de un día para otro. Toda la economía moderna depende de esas cadenas productivas”, afirmó. Desde fertilizantes hasta productos farmacéuticos, una parte significativa de la actividad industrial continúa vinculada a los hidrocarburos. Al mismo tiempo, las mismas compañías que producen petróleo y gas participan cada vez más en proyectos relacionados con hidrógeno, captura de carbono, energías renovables y tecnologías nucleares avanzadas.
Los dos petróleos: el físico y los datos
La transformación también obliga a replantear la forma en que las organizaciones administran su información. Durante la conversación recordó el caso de un operador latinoamericano que eliminaba registros históricos por limitaciones de almacenamiento y conservaba únicamente algunos meses de datos operativos. La anécdota ilustra una práctica que todavía persiste en distintas regiones y que representa una pérdida significativa de valor. “Las petroleras tienen los dos petróleos: el petróleo físico y los datos”, aseguró.
La frase resume la visión que Siemens impulsa para el sector. Mientras el petróleo continúa siendo un activo fundamental para la economía mundial, la información acumulada durante años de operación comienza a adquirir un valor estratégico comparable. El problema es que gran parte de ese potencial permanece sin utilizar.
Ribeiro observa señales de cambio, particularmente en América Latina. Gracias a la relevancia de sus recursos naturales y a la creciente presión por mejorar productividad, las empresas de la región están acelerando inversiones orientadas a optimizar operaciones, reducir costos, y mejorar la toma de decisiones mediante herramientas digitales. Esa tendencia coincide con un contexto global en el que la demanda energética seguirá creciendo impulsada por la expansión de centros de datos, inteligencia artificial y nuevas tecnologías digitales.
La paradoja energética de la IA
De hecho, el ejecutivo identifica una segunda paradoja en el desarrollo de la IA: mientras promete hacer más eficientes a las industrias, también incrementará significativamente el consumo de electricidad. Hacia el final de la década, explicó, la demanda energética asociada a centros de datos, inteligencia artificial y otras aplicaciones digitales podría duplicarse, ejerciendo una presión sin precedentes sobre la infraestructura eléctrica.
Sin embargo, para Ribeiro, uno de los mayores desafíos se encuentra en las redes de transmisión. Incluso en países con abundantes recursos renovables existen limitaciones para transportar la electricidad hacia los centros de consumo. El resultado es que regiones capaces de producir grandes volúmenes de energía limpia no siempre pueden aprovechar plenamente esa capacidad.
Por ello considera que la generación distribuida, el almacenamiento energético y la producción eléctrica cercana a los grandes consumidores serán componentes cada vez más importantes del sistema energético mundial. Las baterías desempeñarán un papel relevante en ese proceso, aunque también visualiza oportunidades para tecnologías emergentes como los reactores nucleares modulares y, eventualmente, la fusión nuclear.
Industrias completas que hoy no existen
Mirando hacia los próximos cinco años, el ejecutivo anticipa una convergencia cada vez mayor entre digitalización, inteligencia artificial y transición energética. También prevé que las empresas tradicionales evolucionarán hacia modelos más integrados donde hidrocarburos, renovables, almacenamiento, hidrógeno y tecnologías nucleares coexistirán dentro de un mismo ecosistema energético.
La razón es que la descarbonización aún depende de innovaciones que ni siquiera han sido desarrolladas. Thiago Ribeiro recordó que diversos análisis estiman que cerca de la mitad de las tecnologías necesarias para alcanzar los objetivos climáticos globales todavía no existen comercialmente. En consecuencia, la próxima década no estará marcada únicamente por la adopción de nuevas herramientas digitales, sino también por la aparición de industrias completas que hoy apenas comienzan a tomar forma.
En ese escenario, la inteligencia artificial dejará de ser un diferenciador tecnológico para convertirse en una capacidad básica de operación. Y cuando eso ocurra, las compañías que hayan logrado organizar, integrar y aprovechar sus datos estarán en mejor posición para capturar las oportunidades de una industria energética cada vez más compleja, más digital y más interconectada.






