México busca escribir su historia energética con sus empresas nacionales

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Hasta el inicio de este 2020 veníamos viendo el progreso como algo normal, como algo inevitable. La tecnología instalada en nuestras vidas nos puso el traje de innovadores, retándonos constantemente para mantener el paso del tiempo y poder responder a las demandas de nuestro trabajo y comunicarnos con nuestros hijos.

 

Por Luis Vielma Lobo (*)

 

El COVID-19 ha logrado en 180 días saltos cuánticos para influenciar el comportamiento de la humanidad. Quienes tienen el peso de enfrentar la toma de decisiones institucionales, o empresariales hoy día, difícilmente habían vivido algo similar, pues pandemias de esta dimensión se habían dado hace más de un siglo, tiempo suficiente para que esas generaciones completaran su ciclo de existencia.

Esta reflexión me da un buen marco para compartir mis observaciones y lectura acerca de lo que sucede en el mundo en general y en nuestro país en particular, donde el ensayo y error se ha instalado como proceso diario para medir el avance de la crisis y también para la toma de decisiones.

A pesar de las tecnologías existentes para pronósticos, diagnósticos, proyecciones y tendencias, la información recibida por los medios de comunicación, siempre ha sido cuestionada. Nada puede hacer la tecnología, si la fuente de su razón de ser no es confiable, y es lo que sucede con el dato, que soporta todo el proceso de información y toma de decisiones.

Esta carencia de certeza, en la generación y administración del dato, es la semilla que puede corroer y dañar cualquier sistema y, adicionalmente, su manipulación se presta para que sea utilizado como fuente de verdades diversas, que en lugar de ayudar crean confusión, y su verdadera razón de ser, que es convertirlo en información veraz, se transforma en información que responde a intereses particulares, o políticos, que permiten usarlo como fuente de poder.

No escapa ningún sector de la sociedad a este continuo bombardeo de ataque – defensa y de intereses particulares, políticos, institucionales o empresariales. Nos preguntamos si aquellos creadores y pioneros de las redes sociales soñaron alguna vez en lograr este tipo de interacción desbocada, en donde cada quien expresa lo que siente, atado más a lo emocional que a lo racional, sin medir el beneficio o daño y el verdadero valor que aporta a la sociedad en general.

Así cada día que pasa nos despiertan las malas noticias. En salud, una pandemia cuyos niveles de infección se recrudecen, la curva de tendencias no se aplana, y se mueve hacia arriba una y otra vez, como el sacudir de un látigo implacable. Los índices crecen de nuevo en Estados Unidos, Brasil, México y el resto de América Latina, que se ha convertido en el nuevo centro mundial de la pandemia.

Una seguridad afectada por continuas amenazas entre países antagónicos, que han llegado al uso del terrorismo como un arma poderosa para hacer daño a sus enemigos y una economía brutalmente golpeada por la crisis del COVID-19, que obliga a los gobernantes a dudar sobre lo más conveniente para sus pueblos. Morir infectados o morir de hambre en muchos países pobres, principalmente de África y América Latina.

En México, el sector energético en general y las dos empresas nacionales, CFE y Pemex, no escapan a esta realidad y tanto el sector de generación eléctrica, como el sector de hidrocarburos, no muestran sus mejores galas en este ciclo pandémico. Pareciera ser que el virus se metió en el corazón de la CFE para declarar un ataque abierto a las energías alternas, buscando eliminar las bases legales existentes para incentivar su desarrollo y cancelando las iniciativas y proyectos en progreso, que se iniciaron atendiendo resultados transparentes de procesos de subastas realizados en la pasada administración.

Asimismo, decidió cancelar los contratos de suministro de energía existentes con los parques eólicos de empresas privadas, mismos que ya tienen más de 10 años y están en la mitad del tiempo contractual acordado. La CFE considera ahora que son contratos muy costosos para el país, y que el mega- watt – hora les cuesta 4 veces más que el producido directamente por la CFE. Estas grandes diferencias tendrán que ser discutidas para buscar una solución negociada que estamos seguros pueden darse si existe la voluntad de ambas partes. Estas diferencias de datos, justo representan el tema que mencionamos anteriormente.

En el caso de Pemex, a pesar del impacto del COVID-19, la empresa sigue adelante con sus dos grandes compromisos para el sexenio, la construcción de una refinería nueva y recuperación de la capacidad de procesamiento en las otras refinerías existentes. En Exploración y Producción, el compromiso ha sido seguir incrementando la producción de hidrocarburos día a día.

En el tema aguas abajo, se ha logrado incrementar más de la mitad su capacidad de procesamiento en las refinerías existentes de unos 240 mbpd a más de 600 mbpd, según cifras de la SENER; y en la nueva refinería el progreso de los trabajos continúa a buena marcha, manteniendo el cronograma de actividades realizado para el proyecto.

El punto discordante y que llama a reflexión lo trae un informe recientemente publicado por la CNH, – organismo regulador de los hidrocarburos en el país – en el que se indica que, en Exploración y Producción, a pesar de detenerse la tendencia de la caída de producción, logrando mantenerla en el orden de 1,706 mbpd, los resultados obtenidos en la perforación de pozos y la producción de los mismos, no han sido acordes con las expectativas. De los 20 campos seleccionados inicialmente hace más de un año para incrementar producción, solo 4 han tenido buenos resultados

Adicionalmente, el informe de la CNH, considera que la participación de Pemex en la producción de crudo disminuirá gradualmente. Los pronósticos hechos muestran que Pemex Exploración y Producción producirá este año 1,702 mbpd y podrá crecer hasta 1,957 mbpd para el año 2027, incluyendo el aporte de sus socios en campos CEE y Farmouts.

La CNH concluye que la industria petrolera mexicana, en su conjunto, tiene reservas y recursos identificados y disponibles, que incluyen las asignaciones, migraciones y contratos de Pemex y los bloques y campos adjudicados a privados, para producir 2.3 mmbpd en el mejor de los escenarios para el año 2027.

La historia nos ha enseñado que las empresas y las organizaciones, como entes vivientes también son sometidas a diferentes grados de estrés, y los retos son la sustancia que mantiene e impulsa su capacidad creativa e innovadora. En el caso de Pemex Exploración y Producción cuenta con la competencia y compromiso de su gente, los procesos óptimos y las tecnologías para facilitar su evolución, y en casos de crisis como la que vivimos, reinventarse para mantener el paso de la historia, y así evitar ser arrollados por el avance de la humanidad.

 

(*) Luis Vielma Lobo es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera, Director del Centro Integral de Desarrollo del Talento (CIDT) y presidente de la Fundación Chapopote, miembro del Colegio de Ingenieros de México, Vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios, AMESPAC, colaborador de opinión en varios medios especializados en energía, conferencista invitado en eventos nacionales e internacionales del sector energético y autor de las novelas “Chapopote, Ficción histórica del petróleo en México” (2016) y “Argentum: vida y muerte tras las minas” (2019).