Chevron ha comenzado a normalizar sus operaciones en Venezuela al solicitar el regreso de empleados que permanecían fuera del país y al reanudar los envíos de crudo pesado hacia Estados Unidos. La decisión se produce tras varios días de interrupción en las exportaciones y en medio de un escenario marcado por sanciones y tensiones políticas.
De acuerdo con fuentes del sector, unos 20 trabajadores de la división venezolana fueron llamados a reincorporarse a sus puestos tras la reapertura de vuelos internacionales. La medida busca garantizar la continuidad de los proyectos de la compañía en un momento en que la producción enfrenta presiones por parte de la estatal PDVSA, que ha pedido a sus socios reducir volúmenes ante el incremento de inventarios.
El lunes, un petrolero fletado por Chevron partió con cerca de 300,000 barriles de crudo rumbo al Golfo de México, marcando la primera exportación desde el inicio del año. La pausa de cuatro días en los envíos reflejó la incertidumbre generada por los ataques estadounidenses en territorio venezolano y la detención de Nicolás Maduro, hechos que llevaron a suspender temporalmente la salida de buques.
Aunque el presidente Donald Trump reiteró que el embargo petrolero “sigue en plena vigencia”, Chevron permanece como la única empresa con autorización de Washington para exportar crudo venezolano. Esta condición le otorga un papel estratégico en el comercio energético bilateral, pese a las restricciones que limitan a otros actores.
Los proyectos Petropiar y Petroboscan, los más grandes de Chevron en Venezuela, aún cuentan con capacidad de almacenamiento suficiente, lo que permite a la compañía evitar recortes inmediatos en la producción. La situación evidencia la complejidad de operar en un entorno donde confluyen sanciones internacionales, crisis política y la necesidad de mantener el flujo de hidrocarburos venezolanos hacia el mercado estadounidense.






