Visión energética 2040 y las oportunidades para México

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Luis Vielma Lobo (*)

Recientemente tuvimos la oportunidad de asistir a una presentación de ExxonMobil, en la cual compartió su visión y pronósticos sobre la oferta y el consumo de energía hacia el año 2040, y nos llamó la atención observar como las fuentes de energía fósil seguirán jugando el rol preponderante en la oferta, por lo menos en los próximos 20 años. Aunque el estudio vislumbra un crecimiento de energías alternas, este crecimiento no tiene la tendencia que debería tener, considerando el tema del impacto ambiental asociado a las energías fósiles.

Este estudio coincide con los análisis de la EIA – Agencia Internacional de Energía y también con la petrolera británica, BP, en cuanto a las tendencias para esos dos grandes bloques que representan el sustento energético del planeta: energías fósiles y alternas. En el estudio – ver gráfico – se observa cómo el consumo del carbón también se mantiene; y es que el crecimiento poblacional seguirá demandando más energía, de cualquier tipo, dependiendo del estado de desarrollo de los países, sus regiones y el acceso que la población pueda tener a algún tipo de energía, desde la quema de madera hasta la energía nuclear.

Sin duda el avance de las tecnologías impulsa cambios que pueden ser predecibles, pero también se dan cambios disruptivos producto de hallazgos sorpresivos, que inmediatamente se hacen asequibles al ser humano. Una muestra de esto, lo representan los teléfonos celulares, que cada vez cambian sus versiones más rápidamente, buscando interpretar las necesidades de los usuarios, o simplemente como una discreción de las empresas tecnológicas promotoras de esos servicios, quienes direccionan la manera de comunicarse de las generaciones jóvenes, quienes vienen siendo los grandes clientes de estas empresas.

No obstante, las proyecciones de crecimiento poblacional, base de los pronósticos de consumo de energía, y las realidades de la implementación y desarrollo de las energías alternas, permiten que las grandes empresas que mueven el mundo en el tema energético, puedan realizar estos estudios. Y en el caso de la energía fósil – particularmente del petróleo y el gas – los descubrimientos de nuevos yacimientos en varias partes del mundo, Guyana y Brasil entre otros, y el extraordinario desarrollo y explotación de los yacimientos no convencionales – principalmente en Estados Unidos – logran que la demanda se mantenga, haciendo más competitivos los precios, con base en la abundancia de oferta.

Lejos quedaron los pronósticos del respetado geólogo norteamericano M. King Hubbert, quien en el año 1956 pronosticaba que el máximo “pico” de producción de hidrocarburos se alcanzaría en el año 1970. Esos pronósticos – por cierto, similares a los que hacen las empresas y la AIE actualmente – estuvieron dentro de sus expectativas, justo hasta esa década de los años 70, cuando la producción interna de los Estados Unidos empezaba a decaer. La historia nos enseña que después de esa realidad, el desarrollo de los yacimientos gigantes de Arabia Saudita y Rusia, conjuntamente con la producción de México y Venezuela, fueron suficientes para abastecer las necesidades energéticas del mundo, y así lograron mantener los precios en bandas que hoy en día causan estupor, o sonrisas de incredulidad.

Los Estados Unidos desde entonces asumió el liderazgo del consumo, con base en su desarrollo industrial, y se convirtió en el principal importador de energía. Por otra parte, las “escasas oportunidades” de descubrir nuevos yacimientos, obligaron a las empresas estadounidenses a salir de su país, en la búsqueda de nuevas reservas alrededor del mundo, con base en la información geológica que ya tenían de diversos lugares del planeta, misma que les permitió evaluar las regiones de mayor prospección en recursos de hidrocarburos. También en esos años, lejos estaban las empresas de imaginarse que debajo del subsuelo de ese país, se encontraban los más grandes depósitos de hidrocarburos, en aquellas rocas o formaciones madre, fuente de almacenamiento natural de petróleo y gas, pero que su naturaleza de rocas con “porosidad” o capacidad de almacenar, pero sin ‘permeabilidad”, o capacidad para desplazarse, las hacían técnicamente inaccesibles para la época. Fue entonces que otro geólogo, – George Mitchell – en la década de los 80 y los 90, con su conocimiento y sobre todo su persistencia y tenacidad, logró combinar dos tecnologías existentes – pozos horizontales y estimulación hidráulica – que hicieron posible el “milagro” de penetrar en el corazón de esas rocas, y así lograr generar los espacios necesarios para que los hidrocarburos presentes en la roca, pudieran fluir hasta la cara de los pozos, y de esta manera Mitchell hizo posible la explotación comercial y económica de las mismas.

Los pronósticos o proyecciones mencionadas toman en consideración estas realidades, y también consideran que la vocación por la exploración de más yacimientos alrededor del mundo, sigue siendo la razón de ser de las empresas internacionales, y también de algunas empresas nacionales que han entendido que las realidades geológicas y oportunidades son globales, y no se han empeñado en mantenerse con criterios de exploración y producción domésticos. De allí el interés que despiertan provincias tradicionalmente productoras de hidrocarburos, como el Golfo de México, Brasil, Venezuela y Colombia de este lado del hemisferio, y el Golfo Pérsico, África occidental y los países ex Unión Soviética, del otro lado del mundo.

México también ha sido beneficiado por la naturaleza, y en sus cuencas geológicas aún se encuentran abundantes recurso prospectivos, más de 100 mil millones de barriles, de los cuales un 57% está asociado a formaciones no convencionales, es decir, esas formaciones de rocas madre o fuentes, que vienen siendo explotadas en Estados Unidos desde la década de los 90, mismas que, desde el año 2010, con el impulso dado por las empresas a su explotación, han causado una verdadera revolución, atrayendo capitales privados nacionales e internacionales, incluyendo las grandes empresas operadoras internacionales, que también reconocieron la importancia y viabilidad tecnológica para producir estas formaciones de una manera competitiva, en comparación con yacimientos convencionales en aguas profundas, o yacimientos ubicados en regiones de alto riesgo geopolítico.

De allí la importancia de que el gobierno nacional y el Congreso de la Unión apoyen a Pemex Exploración y Producción PEP, para que desarrolle una estrategia de explotación de esos recursos no convencionales que se encuentran ubicados principalmente en la región norte, en los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Veracruz. Una estrategia que le permita a PEP avanzar con un modelo mexicano, que se adapte a lo que es la geografía y demografía de sus regiones, tomando en cuenta las realidades de las poblaciones vecinas y sus necesidades, para hacerlos partícipes de esos desarrollos y así permitir al país capturar las oportunidades de crecimiento regional.

De esta manera el desarrollo de estas formaciones no convencionales, se convierte en una palanca de desarrollo económico, social – regional, contribuyendo con la visión de este gobierno, de incorporar poblaciones tradicionalmente marginadas del desarrollo del país, sin dejar de ser estrictos en el cumplimento de las regulaciones relacionadas con la protección al ambiente y los protocolos de seguridad, en la operación y el desarrollo de las zonas en consideración.

 

(*) Luis Vielma Lobo, es Director General de CBMX Servicios de Ingeniería Petrolera y presidente de la Fundación Chapopote, miembro del Colegio de Ingenieros de México, Vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios, AMESPAC, colaborador de opinión en varios medios especializados en energía, conferencista invitado en eventos nacionales e internacionales del sector energético y autor de las novelas “Chapopote, Ficción histórica del petróleo en México” (2016) y “Argentum: vida y muerte tras las minas” (2019).