Por Miriam Grunstein
Cuánto quisiera que la elocuencia me socorriera en este mes de la mujer. Pero tengo la boca seca, como si por el desierto anduviera en busca de algo que decir, palabras que ofrecer, por tantos logros que mi género merece se celebren mientras que otros no se alcanzan.
Pero tengo la imagen de una mochila ensangrentada en la que fuera la escuela primaria Shajarah Tayyebeh, en la localidad iraní de Minab, al lado del estrecho de Ormuz. Ahí murieron alrededor de 175 personas, entre las cuales hay un número hirientemente mayoritario de niñas entre los 7 a 12 años, amén de personal del centro educativo. Sobre sus cuerpos cayeron media docena de impactos que calcinó un complejo inmobiliario en el que se ubicaba el colegio.
El Pentágono aún investiga si acaso sus misiles causaron la muerte de estas niñas, que pudieran llamarse, por ejemplo:
Parvaneh: Mariposa.
Sepideh: Amanecer.
Shahnaz: La favorita del rey.
Shohreh: Famosa.
Shokoufeh: Flor.
Zhaleh: Rocío.
Bahar: Primavera.
Firuzeh: Turquesa.
Mahnaz: Orgullo de la luna.
Nasrín: Narciso Silvestre.
No sé sus nombres. En cambio, en todos los medios se publicó hoy que el precio del barril subió así: el crudo Brent y el West Texas Intermediate (WTI) experimentaron fuertes subidas, superando barreras psicológicas de $90 y $100 dólares.
Barriles en los cielos; niñas bajo tierra.
En lugar de escribir, guardaré un minuto de silencio.






