Por Alfredo Bejos Inclán, presidente de la Asociación Mexicana de Gas Natural (AMGN)
La infraestructura energética ha sido entendida como una respuesta al crecimiento económico; llega la inversión, se instala la industria, y se construyen las redes necesarias para atender la demanda; sin embargo, hoy, esa lógica ha evolucionado, la infraestructura de gas natural no solo acompaña el desarrollo, sino que lo detona.
En distintas regiones del país persiste la percepción de que existe baja demanda energética porque no hay suficiente actividad productiva, pero en numerosos casos ocurre lo contrario, el potencial industrial, logístico y comercial existe, pero no despega porque faltan condiciones habilitadoras para invertir, entre ellas, energía confiable, costos competitivos, conectividad logística, certidumbre regulatoria y visión de largo plazo.
En ese contexto, la expansión de gasoductos, redes de distribución y capacidad de almacenamiento pueden convertirse en herramientas concretas de política industrial y cohesión territorial, ya que, a donde llega infraestructura energética moderna y competitiva, aumentan las posibilidades de instalar parques industriales, atraer nuevas plantas manufactureras, fortalecer cadenas productivas locales y generar empleos mejor remunerados.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP), para 2026 y con base en el Plan México, se proyecta un crecimiento de la inversión en parques industriales de 36.6%, donde el suministro eléctrico es una prioridad.
El gas natural se ha consolidado como un insumo estratégico para la economía mexicana y un promotor del bienestar, pues es esencial para la generación eléctrica, la manufactura, la industria alimentaria, la petroquímica, el acero, el vidrio, el cemento y múltiples sectores que explican buena parte de la competitividad nacional. La industria es el principal motor del PIB estatal y está demostrado que con la presencia de infraestructura de gas natural este efecto se potencializa en 71%.
Además, beneficia a los hogares que tienen acceso a redes de distribución, ya que representa ahorros relevantes frente a otros combustibles, fortaleciendo la economía familiar. Actualmente, gracias a la competitividad del gas natural, los 3 millones de hogares que consumen gas natural representan un ahorro anual de poco más de 3,200 millones de pesos.
Por ello, resulta especialmente relevante que se haya colocado a la producción de gas natural y seguridad energética como una prioridad estratégica. Reconocer al gas natural como tema de Estado es reconocer también que la competitividad regional depende, en buena medida, de contar con energía suficiente, eficiente y accesible.
La agenda pública actual ofrece una oportunidad histórica tanto para los Polos de Desarrollo, como los de Desarrollo Económico para el Bienestar, el nearshoring y la industrialización del sur-sureste, espacios que requieren infraestructura habilitadora para convertirse en motores reales de prosperidad compartida.
Todo polo industrial se consolida plenamente con energía confiable, la relocalización productiva se materializa de forma sostenida con costos energéticos competitivos, y los procesos de desarrollo regional serán duraderos con redes modernas integrando territorios hoy rezagados. Por ello, es imprescindible que la planeación de la industria de gas natural debe coordinarse con la política industrial y de desarrollo económico.
México cuenta con ventajas extraordinarias: ubicación geográfica estratégica, talento humano y capacidad industrial probada. El siguiente paso consiste en consolidar el marco regulatorio que genere los incentivos para acelerar la infraestructura que permita convertir esas ventajas en inversión tangible y desarrollo.






