El gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo inició una transición hacia un modelo de colaboración mixta donde Pemex podrá firmar contratos con empresas particulares para dinamizar la extracción de hidrocarburos.
La urgencia de esta medida responde a un escenario donde México consume cerca de 9,000 millones de pies cúbicos de gas natural al día y requiere comprar fuera del país tres cuartas partes de ese volumen. Para solucionar este déficit la administración se ha propuesto la meta de alcanzar una producción interna de 5,800 millones de pies cúbicos diarios al finalizar el sexenio partiendo de los 2,300 millones actuales. Este esfuerzo incluye el regreso al uso de fracturación hidráulica en zonas con un potencial superior a los 141.5 billones de pies cúbicos en recursos no convencionales situados en las cuencas de Burgos y Tampico Misantla.
La estrategia se apoya en dos frentes empresariales con perfiles claramente diferenciados. Por una parte el gigante financiero BlackRock ha mostrado un interés renovado en la infraestructura nacional tras haber gestionado activos como el gasoducto Los Ramones por 900 millones de dólares y la venta de su participación en Sierra Oil and Gas por 500 millones.
Actualmente este fondo mantiene una posición relevante en la deuda de Pemex con un valor de mercado que ronda los 53.9 millones de dólares en diversos bonos con vencimientos hasta el año 2047 y otra posición de 25.6 millones de dólares en bonos con vencimiento en 2026. Aunque su papel ha sido principalmente financiero su respaldo es clave para la viabilidad de nuevos proyectos de logística energética en el territorio nacional.
En una vertiente operativa mucho más directa Grupo Carso se ha consolidado como el principal socio industrial de la petrolera pública. El conglomerado propiedad de la familia Slim ya firmó compromisos para invertir hasta 1,991 millones de dólares en la perforación de pozos en Ixachi y lidera el desarrollo del campo Macavil donde Pemex conserva una participación del 40%. La expansión de Carso en el sector es evidente tras la compra de Fieldwood México por 270 millones de dólares y la asunción de una deuda de 330 millones para controlar los campos Ichalkil y Pokoch.
Además el grupo destinó 124.75 millones de dólares para adquirir casi la mitad de Talos México vinculada al yacimiento Zama. Con activos reportados por 1,682.1 millones de pesos en petróleo y gas el grupo empresarial se posiciona para ejecutar proyectos de alta complejidad como Lakach donde todavía se evalúan costos y viabilidad frente a los precios internacionales del mercado.






