Con más de 8,000 MW instalados y la consolidación de su carácter industrial, el estado redobla su apuesta por la afinación de su capital humano, el aporte a la certidumbre normativa y la gobernanza colaborativa como pilares de competitividad energética
Por Rocio Novoa
Nuevo León enfrenta un momento marcado por la entrada en vigor del nuevo marco legal federal y por la presión industrial derivada del nearshoring. En este entorno, la doctora Dra. Pilar Rodriguez Ibáñez, coordinadora del Comité de Capital Humano del Clúster Energético de Nuevo León, advierte que “el crecimiento energético de Nuevo León no puede pensarse únicamente en términos de capacidad instalada o infraestructura”, sino que requiere una visión integral que incorpore estabilidad regulatoria, sostenibilidad y talento especializado.
La publicación de nuevas leyes en materia de planeación y transición energética, hidrocarburos y electricidad abrió un periodo de observación profunda para inversionistas y operadores. Según explica, “la principal inquietud regulatoria que había para la inversión era que no se sabían cuáles iban a ser las nuevas reglas”, particularmente ante la sustitución de los órganos reguladores previos y la emisión gradual de reglamentos y disposiciones administrativas.
“En la medida en que nos vaya quedando más clara esta regulación, qué se permite y qué no se permite, se puede ir detonando la confianza para la inversión”, señala, subrayando que la claridad en requisitos y procedimientos es determinante para la planeación de proyectos de largo plazo.
Brecha de talento en un mercado más sofisticado
El ajuste normativo con mayor complejidad técnica del mercado eléctrico, con enfoque regulatorio social-ambiental y un control más riguroso, es un contexto que se observa desde el comité de capital humano del Clúster Energético de Nuevo León. La doctora Rodríguez sostiene que “no basta con formar ingenieros o técnicos”, ya que el entorno actual demanda perfiles capaces de integrar operación industrial, regulación energética y estándares ambientales internacionales.
Un estudio desarrollado con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, y liderado por la doctora Rodríguez, reveló un diagnóstico contundente. “Siete de cada diez empresas del sector energético de Nuevo León enfrentan dificultades para contratar talento adecuado”, lo que refleja una brecha estructural entre formación académica y necesidades reales de la industria.
El análisis permitió identificar que el problema no radica en la cantidad de egresados, sino en la especialización. “La raíz del problema es la formación deficiente y la falta de especialización”, puntualiza, especialmente en perfiles técnicos operativos y en regulación y normatividad ante la complejidad del mercado eléctrico.
Como respuesta, el clúster impulsa acciones orientadas a cerrar esa brecha. Entre ellas se encuentra “realizar un mapeo de brechas de talento por especialidad técnica”, fortalecer la educación dual y promover certificaciones alineadas con estándares internacionales, así como programas de actualización vinculados con digitalización, eficiencia energética y almacenamiento.
Planeación energética y nearshoring
El auge del nearshoring ha colocado a Nuevo León como uno de los principales destinos de relocalización industrial del país, generando expansión de parques industriales y una creciente presión sobre infraestructura eléctrica y suministro de gas natural. En este escenario, la articulación institucional adquiere un papel estratégico.
La doctora Rodríguez destaca que “cuando la industria, la academia y el gobierno dialogan de forma estructurada, se pueden reducir riesgos regulatorios y se fortalece la coordinación y la planeación energética”. Este modelo de gobernanza colaborativa permite anticipar necesidades y ordenar el crecimiento industrial bajo criterios de competitividad.
La entidad cuenta con más de 8,000 MW instalados, una alta participación de ciclo combinado y una base relevante de generación distribuida. Sin embargo, más allá de la capacidad instalada, el reto está en la planeación de largo plazo. “El futuro del sector energético no depende solamente de la infraestructura”, declara, agregando la capacidad institucional para sostener certidumbre, coordinación y visión estratégica.
Diversidad como elemento estructural de competitividad
En un sector históricamente dominado por perfiles masculinos, la participación femenina comienza a consolidarse en espacios técnicos y estratégicos. Para la doctora Pilar Rodríguez, la discusión no es simbólica. “La diversidad no se vuelve un tema de moda o simbólico, sino que es una ventaja competitiva”, sostiene.
Desde su experiencia en el clúster, observa que la inclusión de mujeres en comités y mesas de trabajo fortalece el análisis de riesgos en un sector donde convergen variables regulatorias, ambientales y técnicas. “Los liderazgos diversos generan decisiones más integrales y gestionan mejor los riesgos”, explica, vinculando directamente diversidad con eficiencia en la toma de decisiones.
Además, “la inclusión envía una señal de institucionalidad y de madurez a los inversionistas nacionales e internacionales”, puntualiza, en un contexto donde la gobernanza corporativa y los criterios ESG inciden cada vez más en las decisiones de capital.
En esa línea, y con una cultura empresarial orientada a la planeación, el Clúster Energético de Nuevo León proyecta una estrategia estructural hacia 2030, enfocada en consolidar un sistema permanente de planeación de capital humano energético y fortalecer la integración con cadenas industriales vinculadas al nearshoring.
La meta es posicionar a la entidad como referente nacional en articulación energética e industrial, bajo criterios de eficiencia y descarbonización. “El futuro del sector energético en la entidad va a depender de esta capacidad colaborativa”, concluye, subrayando que esa colaboración incluye a las mujeres que hoy participan en la toma de decisiones y a las nuevas generaciones que se incorporan al sector.






