La historia de las mujeres en México es la historia de una larga lucha de muchas mujeres por abrir espacios para la participación femenina en áreas que tradicionalmente habían estado veladas para nosotras. Este proceso ha implicado desafiar estructuras, romper barreras y cambiar normas sociales que limitaban esta participación igualitaria
Por Luz Elena González Escobar, titular de la Secretaría de Energía (Sener)
A lo largo del siglo XX, la presencia de mujeres en la vida pública del país se incrementó de manera gradual. En 1953 logramos ejercer nuestro derecho al voto. Dos décadas después, hasta 1979, México tuvo a la primera mujer gobernadora; en 2018 llegó la paridad al Poder Legislativo, y cada vez más niñas y mujeres participan en sectores, carreras y ocupaciones que comúnmente se pensaban como exclusivas para los hombres, demostrando que no hay profesiones ni espacios reservados solo para ellos.
En 2019, la reforma constitucional impulsada por el expresidente López Obrador amplió el principio de paridad a todos los ámbitos del poder público: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, los órganos autónomos, así como los gabinetes estatales y municipales. De esta forma, la igualdad entre mujeres y hombres se convirtió en un mandato constitucional, pues no es una concesión, sino un derecho.
Gracias a estas conquistas, fruto de la lucha de distintas generaciones de mujeres, en 2024 el país alcanzó el mayor número de gobernadoras en toda su historia con 13, hecho que acompañó a otro igual o más importante: la elección de la primera mujer presidenta de la República, y, con ella, llegamos todas.
De ese modo, la doctora Claudia Sheinbaum, científica, política, activista y madre de familia, asumió el cargo de elección popular más importante del país, demostrando que las mujeres podemos ser lo que queramos ser, incluso Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas.
Y para sostener y fortalecer esta mayor participación de las mujeres en todos los ámbitos públicos del país, el actual gobierno impulsa una política integral para favorecer su incorporación y desarrollo en cualquier área de interés: ciencias sociales, ingenierías, deportes y cultura.
En este esfuerzo destacan los Centros LIBRE, que brindan capacitación laboral, asesoría jurídica y acompañamiento para fortalecer la autonomía económica de las mujeres; la Pensión para Mujeres de 60 a 64 años, que reconoce el trabajo de generaciones de mujeres que dedicaron gran parte de su vida al cuidado de sus familias; la Cartilla de Derechos de las Mujeres, y el fortalecimiento de instituciones encargadas de prevenir y sancionar la violencia de género, como las fiscalías especializadas.
En el sector energético también se asumió esta responsabilidad con el desarrollo de dos programas: el Programa de Estufas Eficientes para el Bienestar, que reduce el uso de leña en hogares vulnerables, en beneficio de la salud y el tiempo libre de mujeres y niñas; y el Programa de Techos Solares, que instala sistemas fotovoltaicos en hogares de bajos ingresos, dando prioridad a aquellos encabezados por jefas de familia, permitiéndoles generar ahorros en su factura eléctrica.
Aún faltan retos por superar, pero este 8 de marzo, además de conmemorar las luchas de aquellas que nos precedieron, también es momento de reconocer el camino recorrido y las oportunidades que cada día se abren desde el sector público.
A las niñas y jóvenes de México quiero decirles que el sector energético también es suyo. Que la energía necesita de su talento, su preparación y su liderazgo para seguir construyendo un futuro más justo y sustentable. Como señaló la presidenta: es nuestro tiempo, es tiempo de mujeres.






