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La energía de la equidad: El rol de la mujer en la transición sostenible

Apasionada, persistente y estratega son cualidades que definen y guían mi camino. Mantengo la convicción de que nunca es tarde para tomar decisiones y emprender acciones que permitan concretar los sueños personales. Esta actitud frente a los retos y oportunidades refuerza mi compromiso con la búsqueda constante de metas y la superación de obstáculos. 


Por Daniela Ponce, directora general de Mi Gasolinera

Fortaleza, disciplina y esfuerzo son los valores que intento consolidar en mis hijas a través del ejemplo. La perseverancia y la capacidad de mantener el foco en los objetivos son principios fundamentales que considero esenciales para su desarrollo. A través de mi manera de afrontar los desafíos, busco inspirarlas a perseguir sus propios sueños y a confiar en sus capacidades.

Siempre he considerado que ser mujer es un privilegio que agradezco profundamente. Disfruto de la libertad de expresar mi feminidad, ya sea a través de la elección de accesorios, el maquillaje o simplemente sintiéndome auténticamente yo misma. Esta vivencia femenina constituye una verdadera bendición. A lo largo de mi vida, he atravesado momentos positivos como experiencias difíciles; sin embargo, cada una de ellas ha sido esencial para llegar hasta el presente y poder compartir estas líneas. Reconozco que todas estas vivencias han forjado el camino que hoy recorro y me permiten valorar intensamente cada aprendizaje.

En 19 años de experiencia profesional, he recorrido diversos sectores, desempeñando funciones en distintos tipos de liderazgo y adaptándome a variados contextos organizativos. Esta trayectoria me ha permitido observar una evolución significativa en la manera en que las organizaciones perciben a las personas que las integran.

Si bien inicialmente se consideraba a los empleados como simples recursos destinados a cumplir funciones específicas, en la actualidad se reconoce la centralidad de las personas en el desarrollo y éxito de la organización. Este cambio de perspectiva ha supuesto un avance en la valoración del talento humano y en la importancia de promover entornos donde las personas sean vistas como el eje fundamental para alcanzar los objetivos colectivos.

A pesar del avance, este proceso continúa encontrando obstáculos estructurales y culturales que perpetúan visiones tradicionales y dificultan el reconocimiento pleno de las personas como eje fundamental de las empresas. Existen desafíos en los estilos de liderazgo, que en ocasiones no acompañan el cambio necesario para una transformación auténtica.

En muchas organizaciones, el desarrollo organizacional no figura entre las prioridades principales. Suele verse relegado frente a otros aspectos considerados más urgentes, como estrategias de ventas, reclamaciones de clientes o gestión de la rotación de personal. Esta dinámica provoca presión constante y desgaste interno.

No obstante, el desarrollo organizacional resulta esencial para dotar al equipo de competencias y herramientas. Cuando las personas comprenden el impacto de su trabajo, se produce una mejora en la satisfacción del cliente y una disminución de las quejas. Además, contribuye a reducir la rotación de personal y fortalecer la estabilidad interna.

El 8 de marzo es una fecha para conmemorar y agradecer a aquellas mujeres que, con valentía y determinación, abrieron camino incluso en entornos históricamente excluyentes. Su legado de resistencia y dignidad ha trascendido generaciones, permitiendo que hoy la participación femenina en el sector energético sea una realidad en crecimiento.

El sector energético se caracterizó por ser uno de los espacios más cerrados para la participación de las mujeres. A pesar de ello, actualmente se observa una transformación paulatina, con avances y desafíos aún presentes.

¿Un sector estratégico como el energético puede avanzar hacia la transición sostenible sin la participación plena de las mujeres? La respuesta obliga a reconocer que la sostenibilidad es también una cuestión social.

Como sociedad y como sector, es necesario impulsar acciones que aborden los obstáculos vigentes: brechas educativas, estereotipos de género, desigualdad salarial y de liderazgo, así como la conciliación trabajo–familia. Esta última no implica “trabajar menos”, sino trabajar de manera compatible con la vida personal.

La falta de conciliación afecta desproporcionadamente a las mujeres, quienes históricamente han asumido la mayor carga de cuidados. Por ello, la conciliación es un elemento central para cerrar brechas de género, favorecer la permanencia laboral y promover liderazgos diversos.

Las organizaciones que apuestan por modelos laborales compatibles con la vida personal logran fortalecer su cultura interna, fomentan liderazgos conscientes y construyen entornos sostenibles a largo plazo. Ningún cambio organizacional puede considerarse auténtico si las estructuras de trabajo ignoran la dimensión humana de quienes las integran.

Sigamos creando, creyendo y construyendo nuestro presente y el futuro de nuestras generaciones. ¡Mujer, disfruta el camino y brilla!

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