La tensión en Medio Oriente provocó el cierre de instalaciones energéticas clave en varios países, tras ataques con drones y represalias militares que afectaron directamente la producción de petróleo y gas natural licuado.
En Qatar, el gobierno confirmó que una planta de Qatar Energy fue atacada por dos drones iraníes, lo que obligó a detener la producción de gas natural licuado mientras se evalúan los daños. En paralelo, Arabia Saudita cerró la refinería de Ras Tanura, con capacidad de 550 mil barriles por día, como medida preventiva tras un ataque aéreo.
La crisis también alcanzó al Kurdistán iraquí, donde empresas como DNO, Gulf Keystone Petroleum, Dana Gas y HKN Energy suspendieron operaciones en sus yacimientos, que en febrero exportaban cerca de 200 mil barriles diarios hacia Turquía. Aunque no se reportaron daños, la producción quedó paralizada.
En Israel, el gobierno ordenó a Chevron detener temporalmente el yacimiento Leviathan, considerado uno de los más grandes de la región, con capacidad de 21 mil millones de metros cúbicos al año. El acuerdo de exportación hacia Egipto, valuado en 35 mil millones de dólares, quedó en pausa. “Nuestras instalaciones son seguras”, aseguró un portavoz de la compañía, que también opera el campo Tamar.
La situación se agravó en Irán, donde explosiones en la isla de Kharg —responsable del 90% de las exportaciones de crudo del país— generaron incertidumbre sobre el impacto en las operaciones. Irán, tercer mayor productor de la OPEP, bombea alrededor de 3.3 millones de barriles diarios de crudo y 1.3 millones de barriles de condensado y líquidos.
El conflicto, que entró en su tercer día, provocó un alza de hasta 13% en los precios del crudo, superando los 82 dólares por barril, su nivel más alto desde enero de 2025. El cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del suministro mundial de petróleo, paralizó casi por completo el transporte marítimo en la zona.






