El mercado petrolero internacional enfrenta un nuevo escenario de riesgo por las interrupciones en los flujos de exportación a través del Estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde transita cerca del 20% del suministro global de crudo. La situación ha llevado a Goldman Sachs a revisar sus previsiones de precios, en un contexto marcado por daños en infraestructura energética en Medio Oriente y una creciente presión geopolítica.
El repunte del crudo Brent hasta niveles cercanos a 82 dólares por barril reflejó la sensibilidad del mercado frente a las disrupciones. En una nota a clientes, los analistas del banco señalaron que “el Brent se negociará en los 80 dólares en marzo, a medida que el mercado procesa señales mixtas con cierto alivio por una posible recuperación gradual de los flujos del Estrecho de Ormuz, pero también con nuevas preocupaciones a medida que crece la evidencia de recortes de producción”.
Las nuevas proyecciones incluyen un ajuste al alza: el Brent alcanzaría 76 dólares en el segundo trimestre de 2026, frente a los 66 estimados previamente, mientras que el WTI subiría a 71 dólares desde una previsión anterior de 62. El banco vincula este cambio con el impacto de las interrupciones sobre inventarios y producción, además de la persistencia de la incertidumbre geopolítica en torno a Irán y al conflicto Rusia-Ucrania.
Aunque Goldman Sachs prevé que los precios podrían descender hacia 66 dólares en el cuarto trimestre de este año si los flujos se normalizan, advierte que una disrupción prolongada elevaría los riesgos. “Si los volúmenes del Estrecho de Ormuz se mantuvieran planos durante cinco semanas adicionales, los precios del Brent probablemente alcanzarían 100 dólares”, señalaron los analistas, un nivel que implicaría una destrucción de demanda más significativa para evitar que los inventarios caigan a mínimos críticos.
El informe estima pérdidas de alrededor de 200 millones de barriles de producción en Medio Oriente y una reducción de 76 millones de barriles en los inventarios comerciales de la OCDE durante marzo, frente a una expectativa previa de aumentos. La capacidad de almacenamiento en la región es limitada, lo que refuerza la idea de que la duración de la interrupción será determinante para la evolución del mercado.
En este escenario, el Estrecho de Ormuz se mantiene como un punto crítico para la estabilidad del mercado energético mundial. Una recuperación gradual de las exportaciones podría contener el impacto sobre precios, mientras que una disrupción prolongada aumentaría la presión sobre inventarios globales y obligaría al mercado a equilibrarse con precios más altos.






