Por Manuel Rodríguez González, expresidente de la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados – H. Congreso de la Unión
Ante lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) denomina como la mayor interrupción del suministro petrolero en la historia del mercado mundial, la respuesta internacional no se ha hecho esperar. Los países miembros del organismo han liberado 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia para estabilizar un mercado donde el crudo supera los 100 dólares por barril, una sacudida derivada directamente del conflicto bélico en Medio Oriente.
En su reciente informe Protección contra las crisis petroleras, publicado este 20 de marzo de 2026, la AIE destaca que al menos 40 naciones ya han implementado medidas urgentes: topes de precios, subsidios focalizados y ajustes tributarios. Estas estrategias, basadas en las lecciones de la crisis de 2021-2022, reconocen una realidad dolorosa: los impactos energéticos golpean con mayor severidad a la población vulnerable, a las comunidades remotas y a las pequeñas empresas.
Un plan de acción frente a la emergencia
La recomendación central para mitigar la demanda de hidrocarburos es el trabajo remoto. Países como Filipinas y Pakistán ya han impuesto jornadas laborales de cuatro días para funcionarios públicos, mientras que Francia ha consolidado incentivos para que el sector privado siga este ejemplo. Esta medida permitiría reducir el consumo de combustible automotriz entre un 2% y un 6%, cifra que podría optimizarse si se amplía estratégicamente al sector educativo urbano.
El decálogo de la AIE se complementa con acciones directas sobre la movilidad y el consumo: · Reducir los límites de velocidad en autopistas en al menos 10 km/h. · Fomentar el uso del transporte público. · Limitar la circulación de vehículos particulares en zonas metropolitanas. · Promover el auto compartido y técnicas de conducción eficiente. · Optimizar la logística de vehículos comerciales y de reparto. · Reducir el consumo de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en transporte y cocina. · Evitar desplazamientos aéreos cuando existan alternativas terrestres. · Sustituir la demanda industrial de petróleo mediante materias primas alternativas.
El contexto mexicano: Pemex y el mercado interno
Para México, este escenario representa un desafío de doble filo. Aunque el aumento en los precios del crudo beneficia temporalmente los ingresos petroleros por exportación, la vulnerabilidad del mercado gasolinero es evidente. Con una dependencia persistente de la importación de combustibles y una capacidad de refinación que aún lucha por alcanzar la autosuficiencia, el país no puede ser indiferente a este decálogo.
Petróleos Mexicanos (Pemex) enfrenta la presión de mantener el suministro nacional mientras los costos logísticos globales se disparan. Es imperativo que el Gobierno Federal comience a diseñar campañas de sensibilización y ajustes regulatorios que no solo dependan de los subsidios fiscales al IEPS, sino que promuevan una verdadera eficiencia energética para proteger el bolsillo de las familias mexicanas.
Lo más inquietante del diagnóstico de la AIE es la advertencia final: incluso si estas diez medidas se implementan globalmente, no serán suficientes para cubrir el vacío dejado por el conflicto. La estabilidad real del mundo hoy no depende solo de la voluntad política, sino de la urgente reanudación del tránsito por el Estrecho de Ormuz.






