La compañía energética italiana ENI anunció el inicio formal de sus operaciones en el supergigante yacimiento Junín 5, situado en la Faja Petrolífera del Orinoco, en el centro de Venezuela. La empresa obtuvo los derechos exclusivos de explotación en septiembre mediante un contrato suscrito con la administración de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. El arranque productivo se produce casi dos meses después de que el gobierno interino implementara una reforma petrolera bajo la anuencia de Estados Unidos, permitiendo la apertura del sector al capital extranjero y la firma de 61 convenios con privados por parte de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) tras la caída de Nicolás Maduro.
El plan estratégico detallado por la multinacional contempla la restauración de pozos abandonados y el desarrollo de una campaña intensiva de perforación para alcanzar una producción de 200,000 barriles diarios hacia 2028 en este campo, cuyas reservas estimadas ascienden a 35,000 millones de barriles. Paralelamente, el gobierno estadounidense recibió un primer cargamento de 1 millón de barriles derivado del pacto bilateral operado a través de la empresa North American Blue Energy Partners (Nabep), en el cual Washington detenta una participación accionaria del 30% enmarcada en el control del 20% de las reservas petroleras del país sudamericano.
Contexto geopolítico y recepción de crudo venezolano
El inicio de las operaciones de ENI coincide con el reordenamiento de la industria hidrocarburífera venezolana y el flujo de exportaciones hacia Estados Unidos. El presidente estadounidense Donald Trump destacó la llegada del primer cargamento de crudo sin costo para el contribuyente norteamericano, subrayando el alcance de los nuevos acuerdos energéticos bilaterales en la región.






