China suspendió las exportaciones de petrolíferos durante octubre para reforzar sus inventarios internos, después de que Beijing no emitiera nuevas autorizaciones de envío fuera de Hong Kong y Macao. La medida llevó a empresas como PetroChina a cancelar cargamentos programados de gasolina y turbosina, reduciendo la disponibilidad de combustibles chinos en los mercados internacionales.
La decisión responde a un déficit en las existencias domésticas: estimaciones de Kpler sitúan los inventarios comerciales de diésel unos 20 millones de barriles por debajo del objetivo, mientras que las reservas de gasolina presentan un déficit aproximado de 9 millones de barriles. Las autoridades condicionan la reanudación de las exportaciones a la recuperación de los inventarios a niveles previos al conflicto en Medio Oriente.
La pausa china añade presión a un mercado internacional de refinados que ya enfrenta restricciones de oferta, especialmente en diésel, y ha contribuido al aumento de los diferenciales de precios en los mercados asiáticos. La medida ocurre además en un contexto de coordinación internacional para estabilizar el suministro y contener el incremento de los precios de los combustibles.






