El sistema energético mundial está experimentando una transformación acelerada impulsada por la electrificación, según el más reciente informe de la International Energy Agency. De acuerdo con Fatih Birol, esta tendencia es “inequívoca” y marca el rumbo de las economías globales.
En 2025, la demanda total de energía creció 1.3%, una desaceleración frente al 2.0% registrado en 2024, influida por factores como menor crecimiento económico, condiciones climáticas más suaves y mejoras en eficiencia energética. Sin embargo, el consumo de electricidad aumentó cerca de 3%, impulsado por la expansión de vehículos eléctricos, centros de datos e industria.
Dentro de este crecimiento, la energía solar fotovoltaica lideró la expansión del suministro energético, aportando más del 25% del incremento global, consolidándose como la principal fuente de crecimiento.
Por su parte, el World Resources Institute destaca que los países que han invertido en energías limpias cuentan con mayor capacidad para enfrentar crisis energéticas derivadas de conflictos geopolíticos. Ejemplos como China y Pakistan muestran ventajas en seguridad energética y estabilidad de costos.
Además, el informe subraya que el gasto gubernamental en políticas energéticas se ha duplicado desde 2019, reflejando un cambio estratégico hacia sistemas más resilientes.
En el panorama global, también destacan tendencias como el fortalecimiento de reservas energéticas, el impulso a energías renovables, la caída del 4% en ventas de vehículos eléctricos en Estados Unidos en 2025 y la incorporación récord de 165 GW de energía eólica en el mismo año, liderada por China.
Este contexto confirma que la electrificación, junto con la diversificación energética y la innovación tecnológica, será clave para enfrentar la creciente demanda, la volatilidad geopolítica y los desafíos de sostenibilidad en el sector energético global.






