El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un decreto ejecutivo que autoriza la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, declarando una emergencia nacional con respecto a la isla. La medida faculta a las secretarías de Estado y de Comercio para evaluar tarifas adicionales, en un contexto de creciente tensión diplomática y energética.
La decisión ocurre mientras Cuba enfrenta una escasez crítica de combustibles, con reservas estimadas para apenas 15 a 20 días, según datos citados por el Financial Times. El país ha recibido un único envío mexicano de 84,900 barriles en enero, cifra que equivale a poco más de 3,000 barriles diarios, muy por debajo del promedio de 37,000 bpd registrado en 2025.
Trump justificó la medida al señalar que el gobierno cubano “representa una amenaza inusual y extraordinaria” para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. El endurecimiento de la política estadounidense se suma a la interrupción de los envíos de crudo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en enero, lo que dejó a Cuba dependiente de México como último proveedor.
Expertos advierten que la situación podría derivar en un racionamiento severo. “Tienen una gran crisis en sus manos si no llegan más entregas en las próximas semanas”, afirmó Jorge Piñón, especialista en petróleo de la Universidad de Texas.
El impacto ya se refleja en la generación eléctrica: el diario oficial Granma reportó un déficit de 1,765 MW frente a la demanda máxima de 3,150 MW, lo que provocó afectaciones en el servicio durante todo un día.
La crisis energética, marcada por apagones casi diarios y limitaciones en el transporte e industria, se perfila como uno de los mayores desafíos para el gobierno cubano. El Plan Estratégico 2025-2035 establece una meta de 100,000 barriles diarios, pero los datos oficiales confirman que el país sólo puede cubrir menos de la mitad de esa demanda, incrementando el riesgo de una crisis humanitaria sin precedentes.






