Meade no es dinosaurio, pero a veces cómo se parece

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Existe un Meade que está inmerso en la burocracia priista desde hace cuatro décadas y quizás un poco más, ciertamente no se le conocen escándalos o malos manejos en alguna de sus responsabilidades, pero ha corrido la milla.

La ha corrido tanto, que le alcanzó para estar presenta en los dos gobiernos emanados de distintos partidos que han gobernado a México en el presente siglo: El PRI y el PAN. Meade ha sido funcionario hacendario por muchos años y llegó a contar con una diputación por el PRI, antes de alcanzar la subsecretaría de Gobernación en la administración panista de Vicente Fox; sus contactos en las altas esferas políticas y económicas de México son bien conocidas y pese a no ser tan visible, es sabido que por años ha desempeñado papeles importantes en diversos momentos políticos y económicos de los años recientes, especialmente para cabildear y empujar reformas.

Su ascendencia priista no la niega, es un funcionario que se ha sabido colocar y dada su edad, es un clásico dinosaurio priista, sin que necesariamente esto último sea un mal antecedente, hay de dinosaurios a dinosaurios.

Este Meade al que nos referimos no es el actual precandidato a la presidencia de México por el PRI, se trata de su padre: Dionisio Alfredo Meade y García de León.

Sin embargo, con estos antecedentes, a veces pareciera que el Meade que aspira a gobernar al país a partir del 1 de diciembre de 2018 se transforma y no obstante su edad, el hecho de ser un funcionario honesto y capaz, además de no ser militante priista, parece más un auténtico dinosaurio que el funcionario honesto y capaz, que por el hecho de ser simpatizante ha llegado a la nominación presidencial del partido que antes del año 2000 había gobernado México por más de 70 años ininterrumpidos.

Su unción como candidato ya dejó mucho que desear, aunque de eso él no tiene la culpa; pero lo que ha seguido lo acerca más a las clases priistas, al menos eso parece en una primera lectura. El riesgo es que lo puede alejar de los votos indecisos, de esos miles o millones de votantes que seguramente van a inclinar la balanza en la contienda presidencial.

Ya ungido como precandidato fue a tomar un baño de pueblo con las organizaciones populares priistas como la CTM, CNOP y anexas, pese a que fueron y son grupos de poder con el que cooptaron hasta las voluntades presidenciales, auténticas mafias fácticas que reviven cada seis años para vender cara su lealtad.

Luego vino la “operación cicatriz” al más puro estilo del parque jurásico; los asesores del Meade que quiere ser presidente le mal aconsejaron que se fuera a tomar el café con quienes no resultaron agraciados con el dedazo, perdón, con la voluntad presidencial, perdón, con el proceso de elección en el partido, para sanar las heridas.

Así, al viejo estilo priista, se le vio departir con Osorio Chong, Nuño, Narro y hasta Enrique de la Madrid. De poco sirvió, especialmente con el titular de gobernación no hay ni habrá una buena relación.

Dicen quienes saben que si bien Osorio Chong no hará nada para dinamitar la campaña de Meade, tampoco moverá un dedo en su apoyo, con eso será suficiente para manifestar su enojo, y, en una de esas hasta influir en el resultado final.

Pero el colmo llegó hace unas horas con el arranque formal de las precampañas, el Meade que quiere ser presidente inició su camino por Chiapas, uno de los estados más pobres y azotados por la violencia de todo tipo, por si fuera poco, cuna del EZLN, que desafío la arrogancia priista hace 23 años.

Eso no tendría nada de malo ni de relevante, salvo para los simpatizantes priistas, si no fuera por el hecho de que el inicio de Meade parece un regreso al pasado, cuando los candidatos priistas se paraban en un pueblo o un estado y no volvían a hacerlo jamás.

Envuelto en un traje típico regional, más que parecerse a uno de ellos parece un hombre sin identidad, con una sonrisa a medias que pone en evidencia su incomodidad, seguramente no porque le incomode que lo traten de acercar a la gente usando sus trajes típicos, sino porque en ese afán de acercarlo a las masas puede perderse en algo que él no quiere.

Meade es un funcionario público honesto y exitoso, pero hacer campañas es otra cosa, en sus primeros días este Meade parece más un dinosaurio priista que lo que es realmente: un hombre honesto, capaz y capacitado, está en riesgo su identidad.

Sus acercamientos a lo más rancio del priismo corporativo, la operación cicatriz que data de las últimas décadas del siglo pasado, la manipulación del priismo en la campaña, así como el inicio con gestos, atuendo y discursos que le quedan mal, lo hacen ver como un priista del pasado, mucho cuidado con eso, la marca PRI tiene negativos que siempre le hacen daño.

No, Meade Kuribreña no es un dinosaurio, a pesar de la carga genética que corre por sus venas, pero a veces, a veces cómo se parece.