“El Pacto por México y el Nuevo Orden Energético”

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Hegemonía Energética

Por: Salvador Barragán Heredia

El Presidente Enrique Peña Nieto apostó al acuerdo y rehusó a la confrontación política con sus adversarios. Esa estrategia no solamente le ha significado al país la posibilidad de generar expectativas fehacientes para situarse en el futuro próximo entre las principales potencias económicas del orbe, sino también la esperanza de sacar adelante a millones de mexicanos que se encuentran padeciendo de la pobreza, veamos:

 

El tiempo perdido por el desgaste político

Recordemos que en 2006, el país presentó una división radical debido a la incertidumbre generada durante la jornada electoral, cuando apenas medio punto porcentual distanció a Andrés Manuel López Obrador de la silla presidencial. La ciudadanía padeció de las incontables movilizaciones y bloqueos implantados por aquellos que buscaban un fallo emitido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que ordenara el conteo de votos. 

Con ese clima de discordia inició el gobierno calderonista, cuyos desafíos inmediatos principales se orientaron a concretar una reconciliación nacional. De facto, en sus primeros instantes como presidente advirtió a la nación: “no ignoro la complejidad del momento político que vivimos, ni nuestras diferencias, pero estoy convencido de que hoy debemos poner punto final a nuestros desencuentros y a partir de ahí, iniciar una nueva etapa que tenga como único objetivo anteponer el interés nacional por encima de nuestras diferencias.” 

Los esfuerzos por remediar el clima de confrontación mediante la acción política fueron notables y hasta loables. Sin embargo, ciertamente se dilapidaron largos meses en la búsqueda de acuerdos e, incluso, en el transcurso del tiempo AMLO se autoproclamó como presidente. En síntesis, todo ello no solamente causó disturbios, dispendio de recursos y confrontaciones sociales; sino también México fue observado en el mundo como una Nación inestable y con serias deficiencias sustantivas en su sistema democrático.

México se detuvo y, mientras tanto, el mundo evolucionó a enorme velocidad. Los descubrimientos en ciencia y tecnología fueron determinantes para incrementar el comercio de las naciones a ritmos casi inimaginables. La riqueza mundial creció en el periodo del 2000 a 2012 más de 128% en términos del producto interno bruto nominal. En este tiempo el mundo de los negocios se ha modernizado hacia una nueva cultura empresarial.  Hoy toda corporación internacional busca la obtención de rentabilidad a través de diversos factores como la maximización de inversiones dirigidas a la Investigación y Desarrollo para afrontar el futuro; la innovación que es capaz de incrementar la competitividad; la motivación que producen sus ejecutivos mediante su liderazgo positivo y; mediante la actitud emprendedora de los empleados que genera valor económico a sus unidades de negocio. Aunado a ello, un gran número de gobiernos ha potencializado el desarrollo de negocios mediante la aprobación de reformas estructurales en sus países, lo cual les ha permitido captar mayor inversión extranjera y, con todo, lograr prosperidad en sus naciones, aunque entre los avances más significativos de la economía mundial puede señalarse la disminución de la pobreza extrema, que según datos del Banco Mundial, de 1990 a la actualidad se contabilizan más de 863 millones de personas que han abandonado las filas de la pobreza en el mundo.

En contraste, México creció a un ritmo menor al promedio mundial en términos del PIB, distanciándose de las principales potencias económicas y de manera correlativa la pobreza se multiplicó, expandiéndose por casi todo el territorio nacional. De hecho, más de 12 millones de mexicanos se sumaron a las filas de la pobreza del año 2000 a 2012 y alarma de sobremanera que más de 5 millones de familias mexicanas sean vulneradas en su seguridad alimentaria. Adicionalmente al reporte de daños se agregan más de 20 millones de mexicanos que se encuentran del otro lado de la frontera, debido a la falta de oportunidad laboral.

Existe una multiplicidad de factores los causantes de las tragedias económicas descritas en este espacio. Aunque, ciertamente, desde 2000, diversas proyecciones advertían la imperiosa necesidad de incrementar la competitividad y productividad nacional, ya que se visualizaba la posibilidad de que Brasil superara a México en la materia y, con ello, se posicionaría como punto estratégico de negocios internacionales. Ante ello, en la década pasada, México omitió realizar las reformas estructurales necesarias y Brasil sí las concretó; de tal suerte que, a partir de 2008 el pueblo brasileño incrementó sus niveles de competitividad y superó a México (OCDE), atrayendo miles de oportunidades comerciales y captando decenas de miles de millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED). En los dos últimos gobiernos se ha registrado una disminución de IED, con el Presidente Calderón (2007-2012) la inversión disminuyó 15% y con el Presidente Fox un 32% (2007-2006). La gravedad de la situación puede observarse si recordamos que durante la administración del Presidente Salinas la inversión se acrecentó 326% y con el Presidente Zedillo se registró un aumentó de 118%. 

Pueden añadirse algunas otras causas significativas que han motivado la desidia internacional para invertir en México, como la corrupción que ha alcanzado niveles intolerables para los inversionistas. De facto, Transparencia Internacional ubicó a México en el tercer cuartil de las naciones de mayor corrupción y de menor transparencia en el mundo; otro aspecto que ha ahuyentado a las inversiones es la falta de respeto al Estado de derecho, particularmente a la inseguridad pública que demanda el pueblo de México y que se incrementó notablemente en el gobierno calderonista. De hecho, basta observar que la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, que incluye ejecuciones, se duplicó en tan sólo doce años (INEGI), situación que más allá de las cifras, alarma a todo ciudadano y aleja la posibilidad de captar capital para la industria, servicios o comercio, lo que ha significado una reducción significativa de las oportunidades de empleo y correlativamente, el incremento exponencial de la pobreza y consecuentemente, el aumento de la delincuencia en todo el territorio nacional. 

Un Pacto para mover a México

De manera inédita, por primera vez en la historia de nuestro país, las principales fuerzas políticas se reunieron para trabajar en un proyecto conjunto de nación, convocados por el presidente de la República. A partir de entonces, la producción legislativa ha sido la más fructífera de la historia moderna. Tan sólo en 2013 se promulgaron más de 40 reformas a artículos constitucionales y 80 a distintos ordenamientos, lo cual no solamente constituye la producción legislativa más importante de la historia moderna, sino también significa un caso digno de admirarse por el mundo, por la capacidad de entendimiento de los actores políticos que privilegiaron el interés nacional por encima de sus intereses partidistas. Al respecto, citó al Dr. José Angel Gurría, quien explicó recientemente el impacto del logro: “las reformas aprobadas por el Congreso Mexicano en 2013 pueden elevar la productividad, la competitividad y la capacidad de crecimiento de México, convirtiéndolo en una de las plataformas de inversión más atractivas del mundo. Las reformas tienen también la posibilidad de mejorar, en el mediano y largo plazo, el capital humano del país, promoviendo su expansión en la economía del conocimiento y en las redes mundiales de innovación. Pero quizá el potencial más trascendente de estas reformas es que pueden dotar al gobierno de México de los recursos necesarios para fortalecer la inclusión social y terminar con las enormes desigualdades que tanto afectan al país.”

Nuevo orden energético

La reforma energética constituye el avance de mayor importancia para el país. Se trata de un eje de crecimiento que será capaz de generar la prosperidad deseada. Más de 500,000 nuevos empleos podrán instaurarse, las inversiones que podrán captarse superarán el 2% anual de PIB y generará beneficios en zonas de influencia petrolera para proveedores y contratistas mexicanos. Con todo ello, será factible disminuir sustancialmente la pobreza y generar una mejor calidad de vida para los mexicanos, reduciendo significativamente la brecha de la desigualdad social. Con la reforma México garantizará su seguridad energética y podrá expandir sus operaciones en otras naciones, disminuyendo sus costos operativos y aumento correlativamente sus ingresos derivados de la actividad. Para el país constituye una nueva esperanza para captar inversión y realizar los megaproyectos que sean definidos por el Fondo Mexicano del Petróleo con el objetivo de garantizar la maximización de la renta petrolera en beneficio del pueblo de México, así como la sustentabilidad de las operaciones.