Pepe, no eres tú, soy yo

Así le debería decir el PRI a José Antonio Meade Kuribreña ante la debacle que hoy señalan las encuestas y que podría consolidarse si no se hace algo pronto. El problema es que “hacer algo” significa sacrificar parte de ese PRI que se niega a morir, o mínimo a perder algunos privilegios.

José Antonio Meade camina con un lastre a sus espaldas, no es su culpa; de hecho, cualquiera que haya sido el candidato sufriría lo mismo: Osorio Chong, Nuño, Narro, el que fuera, la marca PRI vive el que quizás es el mayor momento de desprestigio en su longeva vida.

El diario Reforma puso un clavo más en el ataúd priista, con una encuesta cuya noticia no es que AMLO vaya como puntero, tampoco lo es el hecho de que Ricardo Anaya se haya consolidado, aparentemente, en el segundo sitio, aunque lejos de Ya Sabes Quién.

La verdadera nota es el desplome de José Antonio Meade en las encuestas, con un nivel de apenas 17 por ciento, eso encendió las alarmas priistas al máximo, pero quizás el daño está hecho.

Pepe, no eres tú, soy yo. No eres tú al que rechazan, no eres tú al que no quieren ver en Los Pinos el próximo sexenio, no eres tú el que es repudiado como pocas veces en la historia de este país, no eres tú la persona de la que se ha fastidiado la sociedad mexicana, no eres tú, soy yo, dirían los priistas si tuvieran cinco gramos de autocrítica, pero no lo harán.

José Antonio Meade empezó “secuestrado” por las cúpulas priistas y los grupos de poder del partido; desde un principio se supo que no era el candidato natural, a pesar de que su aparente “no priismo” en realidad no es tal, efectivamente no es militante, pero por sus venas corre sangre priista a borbotones, Pepe Meade es hijo de Dionisio Meade, priista de cepa y operador político en muchos periodos, un viejo lobo de mar que enseñó a su hijo los valores priistas, aunque por alguna razón este no los reflejó en una afiliación al partido.

Pepe Meade pidió al partido que lo hiciera suyo, y los priistas lo hicieron suyo, pero de dientes para afuera; ¿dónde han estado los grandes operadores políticos?, brillan por su ausencia.

Si se cristaliza lo que hoy dicen las encuestas, José Antonio Meade solo habrá sido una víctima de ese rancio PRI, que defiende a capa y espada su modus vivendi, la auténtica mafia del poder que no quiso respaldar al candidato.

Pero todo se paga, si se concreta lo que dicen las encuestas, el PRI podría sufrir una derrota espantosa, que llevará al partido sí o sí a refundarse, o morir.

“Pepe, no eres tú, soy yo, y no voy a cambiar; por eso, es mejor que rompamos nuestra relación y cada quién siga su camino. Adiós, amor de mi vida”. Firma: El PRI